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Las Puertas del Infierno contra la Iglesia

El año 2012 ha sumado signos de los tiempos que nos confirman que estamos en las puertas de sorprendentes e inconcebibles eventos que tendrán lugar tanto en el mundo como en la Iglesia. El silencio de parte del Cielo respecto a locuciones, mensajes y revelaciones a instrumentos fieles se hace cada vez más frecuente.

Este momento histórico nos hace recordar aquél grito del ángel descrito en el Apocalipsis * y dirigido a los habitantes de la Tierra con los tres "ay, ay, ay" de lo que está por venir al mundo. Pues no obstante los innumerables llamados que de las más distintas formas, modos y tiempos ha venido revelando el mundo sobrenatural ante todo lo que está por suceder, lamentablemente la respuesta de la mayoría de los hombres es de una profunda indiferencia. La conversión pedida y esperada tanto por el Señor como por nuestra Madre, la Virgen, ha sido muy pobre o casi nula; de tal forma, que lo anunciado desde milenios por los profetas en el Antiguo Testamento, y puesto de relieve por Jesucristo nuestro Señor hace 2,000 años en su Revelación máxima conocida como el Apocalipsis, y recordado particularmente por las manifestaciones celestiales ocurridas a partir de principios del siglo XIX, está a punto de tener total y absoluto cumplimiento, hasta la última letra de lo anunciado. Porque es la Verdad misma la que ha hablado.

Así pues, que nadie se lamente ante lo que está por suceder, pues el Cielo ha "gritado," pero la humanidad se ha vuelto sorda e insensible.

Y al margen de los eventos políticos, económicos, sociales, naturales y diversos sufrimientos y enfermedades que están por azotar a la humanidad, ahora nos abocamos específicamente a lo que es el futuro inmediato de la Iglesia, que desde luego es la principal preocupación del Cielo a través de las advertencias que la Santísima Virgen María hizo en diversos lugares de apariciones, dejándonos conocer lo que le podría venir a la Iglesia si nosotros no nos convertíamos.

Y puntualmente la Virgen hacía referencia, hace muchos años, de cómo "a la Eucaristía se le daba cada vez menos importancia"; cómo "la vida de las almas consagradas estaba más relajada y ocupada por las cosas del mundo, de los honores y de los placeres que de cumplir el llamado del Cielo, encaminándose así por el ancho sendero que lleva a la condenación"; de cómo "Satanás atacaría despiadadamente, en primer lugar, a todas las almas sacerdotales y religiosas para causar el mayor daño posible a la Iglesia"; y finalmente, cómo "el humo del infierno" sería tan terrible que llegaría incluso a "las altas cimas de la Iglesia", trayendo enfrentamientos y divisiones de "cardenales contra cardenales; obispos contra obispos, y sacerdotes contra sacerdotes", con todas las consecuencias que ello implicaba.

Y precisamente porque estamos a punto de entrar en un momento de gran desolación y deterioro para toda la Iglesia Católica, es necesario conocer lo que está profetizado y que está por ocurrir – por haber hecho mal uso de la libertad - para poder enfrentarlo con más fortaleza espiritual, y lo más importante, no perder la fe ante la división y "derrumbamiento" que está por venir a la Iglesia. Y esto puede lograrse, en primer lugar, recordando las incondicionales promesas de Su Fundador, cuando dijo sobre la piedra angular que: "las puertas del infierno no prevalecerían en contra de ella"; y en segundo lugar, haciendo realidad en nuestra vida personal la enseñanza de Salvación dejada por Nuestro Señor, a través de un sólido crecimiento espiritual para poder vencer todas las pruebas que habremos de enfrentar y, particularmente, la que asechará a la Iglesia en este final de los tiempos.

Y esto debe entenderse en toda su dimensión, pues hay quienes piensan erróneamente, en una equivocada interpretación de la promesa de Jesucristo, que la Iglesia no sufrirá derrota alguna pues el Señor siempre la protegerá. Y esto es un grave error. La promesa dice que al final la Iglesia saldrá victoriosa, por lo que "las puertas del infierno no prevalecerán", es decir, no reinarán para siempre sobre ella.

Pero esto no quiere decir que la Iglesia no fuera a tener grandes enfrentamientos, menoscabos, pérdidas o incluso derrotas en diversas batallas, y más aún, momentos en que parezca que la Iglesia ha sido total y definitivamente "vencida", tal y como le sucedió al mismo Jesucristo, que en un preciso tiempo pareció vencido al estar crucificado en un madero, solo, desnudo, sin aparentemente poder remediar nada... hasta la muerte misma del Mesías y su sepulcral entierro. Y es en esta misma "transparencia" de eventos en que se debe entender la promesa de Jesucristo con respecto a la Iglesia. Y de esto trata este libro.

A través de la lectura de este pequeño ensayo el lector encontrará capítulos, más bien breves, que le van a dar una visión general y completa, que irá in crescendo de por qué la Iglesia está transitando en estos momentos por esta prueba y lo que se le viene en el futuro inmediato, siempre a la luz de la fe, de la Revelación pública, tanto en la Sagrada Escritura como el Magisterio de la Iglesia, y también en base a algunas revelaciones privadas que complementan el cuadro desgarrador para la Iglesia, como lo profetiza particularmente el mensaje de Fátima, entre otros.

Los primeros capítulos nos dejan ver que la Iglesia no es una institución humana o política que se rige bajo las condiciones de este mundo, sino que es por encima de todo una Institución Divina, fundada por Jesucristo que es Dios, pues en él se cumplieron todos los vaticinios relativos a la venida del Mesías según lo anunciaron los profetas.

Luego hacemos referencia a textos de la Escritura que dejan en claro que ya Satanás había pedido "autorización" para que la "piedra" fuera cribada como el trigo y que estamos en la parte final del crepúsculo, pero que la noche está a punto de llegar, y con ella la dificultad de "caminar en tinieblas".

Luego nos adentramos al gran misterio del mal, con el ataque calculado medido y tenebroso que Satanás se propuso desde el principio para destruir a la Iglesia "desde dentro", mediante erradas filosofías que arrancan desde el siglo XIV. Un plan que encuentra su ejecución específicamente en la llamada masonería, y satánica por cierto. Y todo ello como colofón de un proceso gradual y creciente de persecuciones, herejías y cismas por las que ha atravesado la Esposa de Cristo.

Luego el lector podrá ir palpando capítulo a capítulo la realización y cumplimiento de la profecía anunciada en contra de la Iglesia, y lo que nos espera para el futuro inmediato, a través de lo que ha sido particularmente este proceso bajo el pontificado de B-XVI, elección que para no pocos cardenales estimaban sería más bien de transición, breve y sin grandes sobresaltos: "sólo dos o tres años", decían. Pero está claro que les "salió el tiro por la culata", según reza el dicho popular, pues es el Espíritu Santo quien guía a la barca de Pedro, aún en medio de grandes tormentas y vicisitudes, pues así es Dios, quien saca de los grandes males, grandes bienes.

Cada ser humano en esta vida tiene una misión que cumplir. Las circunstancias y las distintas señales que va uno encontrando en su quehacer diario le descubren lo que Dios quiere de cada ser nacido de mujer, y particularmente en este momento específico de la Historia.

Este servidor cumple, en parte, con esta responsabilidad y compromiso discerniendo los signos que envuelven a la Iglesia y anunciando este rasgamiento del velo que está por ocurrirle al Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, y lo que se debe conocer y actuar para que las tinieblas no nos vayan a hacer perder la fe y nos impidan alcanzar no sólo el fin trascendente para el cual hemos sido creados, que es la salvación eterna, sino también no nos impidan edificar la luz interior - "Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado"* - y poder alumbrar y ser definición para las almas que Dios ha puesto en nuestro camino, y que tendremos que dar cuenta de ellas el día del juicio inexorable.

Prólogo del libro Las Puertas del Infierno contra la Iglesia, por su autor, Luis Eduardo López Padilla. Presentacion: Sábado 1° de Septiembre a las 5.00 pm en el CUM Nicolás San Juan esq Concepción Béistegui # 1106 Col. Narvarte. México, D.F. Inf 5559-0547.

* Mt. 6, 22-23.

* 8, 13.