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La Parusía y el Milenio que vienen

Se ha dicho que el tema esencial del Apocalipsis lo constituye la Parusía o manifestación de Cristo y que pondrá fin al Misterio de la Iniquidad.

La victoria de Cristo sobre el Anticristo se encuentra descrita de manera muy clara en el libro del Apocalipsis:

Y vi el cielo abierto;
y he aquí un caballo blanco,
y el que lo montaba era llamado Fiel, el Verdadero,
el que con justicia juzga y hace la guerra...
iba envuelto en un manto salpicado de sangre
y es llamado por nombre: el Verbo de Dios.
Y las huestes del cielo
le seguían montadas en caballo blanco...
y sobre su muslo lleva escrito un nombre:
Rey de Reyes y Señor de Señores... (19, 11;13-14 y 16)

Más adelante dice el texto lo siguiente:

Y vi a la bestia (el Anticristo)
y a los reyes de la tierra
reunidos para dar la batalla
al que iba montado en el caballo blanco y a sus huestes.
Y fue agarrada la bestia
y con él el falso profeta...
y ambos fueron arrojados vivos
al estanque de fuego y azufre. (19, 19 – 20)

Vinculado a este triunfo de Cristo en su Parusía se encuentra descrito el Reino de los Mil Años o también llamado Milenio. Toda la interpretación de la Sagrada Escritura, y por tanto, toda la visión de la economía divina de la salvación cambia radicalmente según se interprete alegórica o literalmente el capítulo 20 del Apocalipsis, que habla precisamente del Reino de los Mil Años.

Es decir, la doctrina del  llamado Milenarismo consiste en interpretar literal, pero realistamente, el capítulo 20 del Apocalipsis.

Vayamos al texto para comprender a fondo la cuestión:

Vi un ángel que bajaba del cielo,
con la llave del abismo
y una gran cadena en la mano.
Apresó al dragón,
la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás,
y lo encadenó por mil años.
Lo arrojó al abismo,
lo cerró y puso un sello en él,
para que no seduzca más a las naciones
hasta que pasen los mil años.
Después debe ser soltado por poco tiempo.
Vi también unos tronos;
a los que se sentaron en ellos
se les dio potestad de juzgar.
Y vi las almas de los degollados
por dar testimonio de Jesús
y de la palabra de Dios,
y a los que no adoraron a la bestia ni su imagen
ni recibieron la marca en su frente ni en su mano.
Revivieron y reinaron con Cristo mil años.
Los demás muertos no revivieron
hasta que se cumplieron los mil años.
Esta es la primera resurrección.
Bienaventurado y santo
el que tiene parte en la primera resurrección.
Sobre éstos la segunda muerte no tiene poder
sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo,
y reinarán con Él mil años. (20, 1 – 6)

Entonces, la era mesiánica que se inaugura con la encarnación del Verbo y el nacimiento del Niño Dios en Belén, culmina precisamente con la victoria del Cordero-Cristo sobre la Bestia, con el resultado consecuente de mil años de paz evangelizadora, durante los cuales tendrán lugar las promesas que el Padre Eterno le hizo a Su Divino Hijo y a todos los hombres y, tal y como dice el texto, Satanás estará atado sin poder dañar a las naciones. Juan dice con suma claridad que estos mil años arrancan inmediatamente después de la derrota del Anticristo.

Así lo confirma el  Padre José Rovira, cuando sobre el reino de los santos dice:

"Destruídas las potestades antiteocráticas y encadenado y encarcelado el Demonio, seguiráse luego el reino de Cristo y de los santos." (Enciclopedia Espasa-Calpe Artículo Parusía. p. 439). Y más adelante en la página 440 dice: "En este texto se predice claramente que a la destrucción del Anticristo y de las otras potestades anti-teocráticas, le seguirá no solo un triunfo sino un reino de Cristo y de los santos, un reino que será sobre la tierra o debajo del cielo. Como dice Daniel, un reino en que el poder será del pueblo de los santos altísimos, al cual (pueblo) todos los reyes le servirán y obedecerán. Es, por consiguiente muy probable que inmediatamente después de la muerte del Anticristo, no se acabará el mundo, sino que se seguirá todavía la Santa Iglesia, el reino de los santos ejercerá la soberanía sobre toda la tierra. (...) Véase, por ejemplo lo que dice Cornelio a Lápide: 'Entonces, destruido el reino del Anticristo, la Iglesia reinará en toda la tierra y de los Judíos y de los Gentiles se hará un solo redil, con un solo pastor' ".

El Padre Benjamín Martín Sánchez, manifestando su criterio particular, sobre el Milenarismo, comentando el Capítulo 20 del Apocalipsis, nos dice:

"Yo creo firmemente (después de un detenido estudio de la Biblia) en un milenarismo en la tierra (y si a alguno no le agrada la palabra 'milenarismo', dígase 'época maravillosa de paz' de mil o miles de años) que tendrá lugar después de la muerte del Anticristo y a raíz del juicio universal de naciones, y a ello contribuirá el estar encadenado o reprimida la acción de Satanás. Entonces los Judíos convertidos usufructuarán su conversión, se multiplicará la fe, tendrá un triunfo definitivo la Iglesia de Cristo y se cumplirá la profecía de 'un solo rebaño bajo un solo pastor'..." (Nuevo Testamento Explicado, ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1988 p.427).

Así también el Padre Antonio Van Rixtel: "Con la destrucción del Anticristo como con la encadenación de Satanás, la reedificación del tabernáculo de David, la restauración de todos los santos de la tribulación de todos las cosas, se consuma la sexta edad y se inicia la séptima: La edad Sabática o Día de la revelación de los hijos de Dios; la edad del Reino Mesiánico, de grandísima 'paz' y justicia, en la cual Cristo triunfará sobre todos sus enemigos y los reinos del mundo habrán venido a ser los reinos de Nuestro Señor y de su Cristo". (Tercer Milenio, El Misterio del Apocalipsis, Caviglia Cámpora - Antonio Van Rixtel, ed. Fundación Gladius, Buenos Aires 1995, p. 609).

El Padre Pablo Caballero Sánchez c.m. bajo el seudónimo de Anthon Bileham, con el cual escribe, dice: "Es la 'Esperanza' en la Promesa del reino victorioso de Dios con la Parusía de Jesús, esperanza de la que se burlan los doctores satíricos afiliados al Anomos" (p. 463); Son las: "Bodas del Cordero con la Iglesia Milenaria" (p. 365); es: "El Señorío de Jesucristo y de su batallón de 'vivos' se impondrá al mundo por todo un milenio de paz y justicia (p. 579-580); "Luego, los mil años de descanso sabático del Pueblo de Dios lejos del Dragón encadenado bajo la influencia de los testigos de Dios resucitados" (p. 605); "Terminado el Milenio, 'es preciso que el Dragón sea desatado por breve tiempo'. Así lo tiene pre ordenado la sabiduría divina" (p.611); "Los justos resucitados vivieron por consiguiente vida gloriosa, no circunscrita a mil años sino indeficiente y eterna, y compartieron el dominio activo de Cristo sobre la tierra durante mil años de la era sabática, hasta que el Hijo entregue al Padre el reino consumado en la perfección y Dios sea todo en todos". (Visiones del Apocalipsis, Quito 1955, p. 616).

Por eso Melania, la vidente de La Sallete decía: "Es un gran error si se quiere hacer coincidir el fin del mundo con el fin del Anticristo. Después de la caída temporal o corporal del Anticristo, la Iglesia florecerá más resplandeciente que nunca. Todos los Judíos que permanezcan vivos abrazaran la Fe, todos los Cristianos que quedaren vivos serán renovados en una fe viva; y no habrá fuera de la Iglesia Católica ninguna otra religión, ni secta y la paz, la más bella, la más universal reinará durante siglos; después de lo cual la Fe de nuevo se entibiará..." (Document Pour Servir l'Histoire Réelle de La Salette, Lettres de Mélanie, Bergère de la Salette, au Chanoine de Brand Carta n°450).

El Padre Arminjon y cuyo libro era leído por Santa Teresita (teniéndolo como libro de cabecera), reconoce sin embargo que: "El sentimiento mas acreditado y que parece el más conforme a las Santas Escrituras, es que después de la caída del Anticristo, la Iglesia Católica entrará todavía una vez, en una era de prosperidad y de triunfo". (Fin du Monde Prèsent et Mystères de la Vie Future, ed. Office Central de Lisieux, 1970, p. 70).

Ahora bien, este reinado milenario ha tenido varias interpretaciones, según se conciba la forma en que tendrá lugar el Reinado de Cristo en la tierra. En virtud de que al principio del cristianismo se dieron interpretaciones erróneas en cuanto a la modalidad del Reino Milenario, que dieron lugar a una condenación por parte de la Iglesia, ha quedado en el ambiente católico, en muchos seminarios y en casas de altos estudios eclesiásticos, la idea de que el Milenarismo simple y llanamente es considerado una doctrina herética y que está condenado por la Iglesia, incluso citan como fundamento el no. 676 del Catecismo de la Iglesia.

Milenarismo Carnal o Kiliasmo

Pero vayamos por partes. Existe un Milenarismo que interpreta el Reino de Cristo en la tierra de una forma carnal y crasa. A este tipo de Milenarismo se le conoció también con el nombre de kiliasmo, y tuvo como expositor a un personaje de nombre Cerinto quien fue rechazado y condenado por los escritos de los Santos Padres. Esta herejía del kiliasmo pretendió imaginar a los hombres justos, después de su resurrección, viviendo en la tierra con una vida de gran júbilo, banquetes, grandes fiestas, comidas en medio de una gran prosperidad material. Es decir, estamos ante un reino carnal y grosero. Y como decimos, fue debidamente condenado por el Magisterio de la Iglesia.

Milenarismo Mitigado

Ahora bien, existe otra interpretación del Milenio que se denomina mitigado y del cual la Iglesia mediante un decreto del año de 1944 estableció mucha reserva y desconfianza. En efecto, la Sagrada Congregación del Santo Oficio emitió un decreto de carácter disciplinar firmado por el Papa Pío XII de fecha 21 de julio de 1944, en el que dictaminó lo siguiente: "No puede enseñarse con seguridad (tuto doceri non posse) que Cristo vendrá a reinar visiblemente en la tierra". Este decreto lo que está diciendo es que es peligroso enseñar que Cristo reinará visiblemente en la tierra. Aquí estamos ante una medida disciplinaria en materia de doctrina, que según la teología esta es la menor calificación (en una escala de 1 a 9, siendo los grados más altos el error en la fe y la herejía) que se expresa precisamente con las palabras "proposición peligrosa" o "es  peligroso enseñar".

Dicho en otras palabras, este Milenarismo Mitigado no es una herejía ni tampoco un error en la fe sino que es la menor calificación teológica negativa, o la mínima censura teológica. Este decreto se encuentra visible en el DS no. 38 – 39 1

Milenarismo Espiritual

Ahora bien, existe una tercera interpretación y es aquella que se denomina Milenarismo espiritual, que no ha sido condenado, ni jamás lo será, y que consiste en interpretar el capítulo 20 del Apocalipsis de forma literal, pero realista y no alegórica ni fantasiosa; es decir, estamos hablando de un Reino de Cristo mediante una Presencia espiritual de Poder y Gracia. En el libro "La Iglesia Patrística y la Parusía"[2], la magnífica tesis con que se doctoró en Sagrada Escritura el P. Florentino Alcañiz S. J., comprueba que la mayoría de los Santos Padres y escritores eclesiásticos profesaron el Milenarismo Espiritual. Más aún, el mismo San Agustín, en su primera época, también lo apoyó; y lo mismo San Jerónimo que afirmaba que "muchos  varones eclesiásticos y mártires lo apoyaron", y además reconocía que una "ingente multitud" de cristianos seguían esas ideas[3].

Así pues, la Iglesia Patrística de los primeros cinco siglos apoyó siempre un Milenarismo espiritual y las condenaciones que se han hecho al Milenarismo se limitan al llamado Milenarismo carnal o craso de Cerinto.

El Milenarismo espiritual que admitimos y proponemos es aquél que canta la Iglesia en el Prefacio de Cristo Rey, "un reino de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz". Este Milenarismo es el mismo que recibimos de la palabra de Jesucristo: "Venga a nosotros tu Reino". Esta es pues la fe de la Iglesia que está formalmente contenida en la Revelación y confirmada por el dicho de varios Papas, como lo afirmó Pío IX el 14 de julio de 1877 al hablar sobre el apostolado de la oración: "Con el fin de favorecer la causa de la Iglesia, propone a sus oraciones y esfuerzos este objetivo: que el Reino de Cristo venga cuanto antes a la tierra, como sucede en el cielo". Y en el mismo sentido lo mencionaba Pío XI el 7 de marzo de 1926 cuando dijo: "¡Venga el Reino de Cristo, para que llegue la paz de Cristo!" Y no menos claras las palabras de Pío XII cuando el 17 de septiembre de 1958 proclamó la certeza de que "la restauración del Reino de Cristo por María no podrá dejar de realizarse, de manera que, por su poderosa intercesión y su auxilio constante, se realice por fin el Reino de Cristo, reino de verdad y de vida, reino de santidad y gracia, reino de justicia, de amor y de paz".

Por tanto, el llamado Milenarismo espiritual no podrá ser condenado nunca, ya que la Iglesia no puede condenar toda una Tradición Patrística y teológica muy respetable, ni va a serruchar la rama donde está asentada, es decir, la Tradición.

El tema del Reino de los Mil Años es pues el más difícil, cuestionado e impugnado, pero es hacia el cual todo confluye. En toda la profecía apocalíptica la Parusía se realiza y se consuma a la luz de este capítulo. Aquí está el centro neurálgico de la Revelación sellada del Apocalipsis. Aquí se encuentra descifrado el gran misterio de Dios y que ahora está a punto de ser descubierto.

Respecto a la parte final del Milenio, el texto del Apocalipsis dice que los Mil Años terminarán con la última embestida del demonio, que por alguna razón inexplicable será de nueva cuenta soltado hacia el final para su derrota definitiva. Lo que queda claro es que al final el demonio es arrojado al estanque de fuego y azufre, donde ya están (mil años atrás) la bestia y el falso profeta. Sin embargo, hay quienes dicen que estos mil años no tendrán lugar después de la Parusía, sino que es el tiempo actual que estamos viviendo. Que arrancaron desde la Ascensión de Cristo y culminarán hasta el fin del mundo.

Interpretación Alegórica

¿En qué consiste interpretar alegóricamente el capítulo 20 del Apocalipsis? La respuesta está en aplicar el Reino de los Mil Años al tiempo de la Iglesia actual, que va desde la Ascensión de Cristo a los cielos hasta el Anticristo, es decir, hasta el fin del mundo. Por tanto, los famosos mil años en realidad son los actuales dos mil años de historia de la Iglesia. El Reino de Cristo que es un reino de paz, belleza y santidad y donde el demonio supuestamente está atado, es el que corresponde a todo el tiempo nuestro, pero con la amarga realidad de que hemos vivido desde el principio bajo persecuciones, herejías, guerras, hambres, bombas, etc. y las almas que están reinando con Cristo son aquellas que se encuentran en estado de gracia. Esta interpretación, como se puede observar, trae un efecto desastroso y del todo distorsionado.

Entonces, los mil años no pueden ser, como algunos piensan, los que abarcan la duración de la Iglesia, ni tampoco pueden ser referidos a la eternidad, ya que esta no tiene límite, además de que el texto dice que al final de los mil años el demonio será desatado. Por tanto, los mil años comienzan a partir de la Parusía y terminarán con la suelta de Satanás.

Milenaristas al Revés

No obstante, hay quienes hoy en día piensan que la Iglesia, antes de que llegue el fin del mundo, tendrá una época maravillosa de paz, bonanza y triunfo espiritual. Pero esto vendrá, dicen, como un triunfo progresivo de la Iglesia que poco a poco va conquistando el mundo hasta llegar a una supremacía espiritual y moral sobre todas las naciones. Es decir, afirman que el Reino de Cristo ya se está realizando en medio de nosotros y que alcanzará su esplendor y el cumplimiento de todas las profecías gracias al  apostolado de los católicos y, claro, con la gracia de Dios. Esta interpretación no acepta que haya una intervención providente y extraordinaria de Dios, que es precisamente la Parusía.

Pues esta forma de pensar es un error rechazado expresamente por el Catecismo de la Iglesia del año 1992, en el no. 677. En efecto, la Iglesia rechaza cualquier "falsificación del reino futuro, sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado".

En conclusión de todo lo anteriormente dicho sobre el Milenio de paz, podemos resumir la Doctrina de la Iglesia de la siguiente manera:

No hay definición o enseñanza obligatoria de la Iglesia y es de libre opinión el problema de la interpretación del capítulo 20 del Apocalipsis y, por tanto, de la Parusía y del Reino de Cristo en la tierra.

De acuerdo con lo anterior reviste gran importancia el último documento de la Iglesia sobre escatología que es la Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 17 de mayo de 1979 "Carta sobre Algunas Cuestiones Referentes a la Escatología" (L'Osservatore Romano no. 29 (551) del 22 de julio del 79, página 12) aprobada por Juan Pablo II. Y en lo referente a la Parusía enseña lo siguiente:

"La Iglesia, en conformidad con la Sagrada Escritura, espera 'la gloriosa manifestación de Jesucristo Nuestro Señor'(Dei Verbum I, 4), considerada, por lo demás, como distinta y aplazada con respecto a la condición de los hombres inmediatamente después de la muerte".

Quiere decir que en cuanto al contenido de la fe, la Parusía figura sin vinculación alguna con el Fin del Mundo. Solo exige que la Parusía sea considerada como distinta de la muerte personal y diferida en el tiempo. Por tanto, la Instrucción de la Sagrada Congregación se desentiende de la posición teológica – basada en la interpretación alegórica de San Agustín – que sostiene que la Parusía está vinculada al Juicio Final.

La Iglesia condena el Milenarismo Craso, carnal o kiliasmo  y la Iglesia no rechaza ni condena el Milenarismo Espiritual que surge de los textos sagrados y que surge de los Santos Padres.

3. En cuanto al Milenarismo Mitigado lo rechaza con la mínima calificación teológica negativa o mínima censura teológica, es decir, que "es peligroso enseñar" que Cristo reinará visiblemente en la tierra.

[1] Las siglas D S se refieren a la obra Enchiridion Symbolorum, Definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum, editada por H. Denzinger y A. Shonmetzer. Traducción española: Enchiridion Symbolorum. El Magisterio de la Iglesia. Herder. Barcelona, 1976.

[2] Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1962.

[3] Entre los milenaristas espirituales encontramos la Didaje o Doctrina de los Apóstoles; Epístola de San Bernabé; San Papías, Obispo de Hierópolis; San Justino; San Irineo; Tertuliano; San Victorino, obispo y mártir; San Metodio, Obispo de Olimpia y mártir; Comodiano, Lactancio, Quinto Julio Hilariano, San Zenón, Obispo de Verona, San Ambrosio, San Agustín (su primera época) tal y como se desprende en su sermón 259 titulado "De la Dominica a la Octava de Pascua". M.L XXVIII, 1197. Entre los contemporáneos tenemos a San Beda el Venerable, el Beato de Liébana, San Alberto Magno, el Venerable Holzhauser, Nicolás de Lira, San Luis María Grignion de Monfort, Santa Catalina de Siena, Santa Brígida, entre otros. También se pueden citar renombrados intérpretes modernos como Maldonado, Menaquio Firini, Gaspar Sánchez, Cornelio a Lapide y Knabenbauer; y ya entrado en nuestro siglo, los jesuitas Juan Rovira y Ramón Orlandis; Doctor Mons. Juan Straubinger V. B., el Padre Leonardo Castellani, el Doctor Bíblico Canónico Benjamín Martín Sánchez, el Doctor Bíblico Padre Florentino Alcañiz, S. J.; el Padre Antonio Van Rixtel S.C.J., B. Caviglia Cámpora y muchísimos más en la actualidad que sería largo citar. Finalmente, San Jerónimo a principios del siglo V decía que "una gran multitud de doctores católicos seguían la tesis del Milenarismo y que muchos varones eclesiásticos y mártires también la defendieron" (pred in libr. 18 s/Isaías).

LUIS EDUARDO LÓPEZ PADILLA

25/OCT/2012