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El Milenio del Apocalipsis

El tema esencial del Apocalipsis lo constituye la Parusía o manifestación de Cristo en su Segunda Venida y que pone fin al Misterio de la Iniquidad. La victoria de Cristo sobre el Anticristo se encuentra descrita de manera muy clara en el libro del Apocalipsis (19, 11;13-14 y 16).

Vinculado a este triunfo de Cristo en su Parusía se encuentra descrito el Reino de los Mil Años o también llamado Milenio. Toda la interpretación de la Sagrada Escritura, y por tanto, toda la visión de la economía divina de la salvación cambia radicalmente según se interprete alegórica o literalmente el capítulo 20 del Apocalipsis, que habla precisamente del Reino de los Mil Años, o Milenarismo.

Ahora bien, este reinado milenario ha tenido varias interpretaciones, según se conciba la forma en que tendrá lugar el Reinado de Cristo en la tierra. En virtud de que al principio del cristianismo se dieron interpretaciones erróneas en cuanto a la modalidad del Reino Milenario, que dieron lugar a una condenación por parte de la Iglesia, ha quedado en el ambiente católico, en muchos seminarios y en casas de altos estudios eclesiásticos, la idea de que el Milenarismo simple y llanamente es considerado una doctrina herética y que está condenado por la Iglesia, incluso citan como fundamento el no. 676 del Catecismo de la Iglesia.

Milenarismo Carnal o Kiliasmo

Pero vayamos por partes. Existe  un  Milenarismo  que  interpreta el  Reino  de  Cristo  en la tierra de una forma carnal y crasa. A este tipo de Milenarismo  se  le  conoció  también con  el  nombre  de kiliasmo, y  tuvo como expositor a un personaje de nombre Cerinto quien  fue rechazado y  condenado  por los escritos de los Santos Padres. Esta herejía del kiliasmo pretendió imaginar a los hombres justos, después de su resurrección, viviendo en  la  tierra  con  una  vida  de  gran  júbilo,  banquetes,  grandes  fiestas,  comidas  en  medio  de  una  gran prosperidad material. Es decir, estamos  ante  un  reino  carnal y grosero. Y  como decimos, fue debidamente condenado por el Magisterio de la Iglesia.

Milenarismo Mitigado

Ahora bien, existe otra interpretación del Milenio que se denomina mitigado y del cual la Iglesia mediante un decreto del año de 1944 estableció mucha reserva y desconfianza. En efecto, la Sagrada Congregación del Santo Oficio emitió un decreto de carácter disciplinar firmado por el Papa Pío XII de fecha 21 de julio de 1944, en el que dictaminó lo siguiente: "No puede enseñarse con seguridad (tuto doceri non potests) que Cristo vendrá a reinar visiblemente en la tierra". Este decreto lo que está diciendo es que es peligroso enseñar que Cristo reinará visiblemente en la tierra. Aquí estamos ante una medida disciplinaria en materia de doctrina, que según la teología esta es la menor calificación (en una escala de 1 a 9, siendo los grados más altos el error en la fe y la herejía) que se expresa precisamente con las palabras "proposición peligrosa" o "es  peligroso enseñar".

Dicho en otras palabras, este Milenarismo Mitigado no es una herejía ni tampoco un error en la fe sino que es la menor calificación teológica negativa, o la mínima censura teológica. Este decreto se encuentra visible en el DS no. 38 – 39 1

Milenarismo Espiritual

Ahora bien, existe una tercera interpretación y es aquella que se denomina Milenarismo espiritual, que no ha sido condenado, ni jamás lo será, y que consiste en interpretar el capítulo 20 del Apocalipsis de forma literal, pero realista y no alegórica ni fantasiosa; es decir, estamos hablando de un Reino de Cristo mediante una Presencia espiritual de Poder y Gracia. En el libro "La Iglesia Patrística y la Parusía"[2], la magnífica tesis con que se doctoró en Sagrada Escritura el P. Florentino Alcañiz S. J., comprueba que la mayoría de los Santos Padres y escritores eclesiásticos profesaron el Milenarismo Espiritual. Más aún, el mismo San Agustín, en su primera época, también lo apoyó; y lo mismo San Jerónimo que afirmaba que "muchos  varones eclesiásticos y mártires lo apoyaron", y además reconocía que una "ingente multitud" de cristianos seguían esas ideas[3].

Así pues, la Iglesia Patrística de los primeros cinco siglos apoyó siempre un Milenarismo espiritual y las condenaciones que se han hecho al Milenarismo se limitan al llamado Milenarismo carnal o craso de Cerinto.

El Milenarismo espiritual que admitimos y proponemos es aquél que canta la Iglesia en el Prefacio de Cristo Rey, "un reino de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz". Este Milenarismo es el mismo que recibimos de la palabra de Jesucristo: "Venga a nosotros tu Reino". Esta es pues la fe de la Iglesia que está formalmente contenida en la Revelación y confirmada por el dicho de varios Papas, como lo afirmó Pío IX el 14 de julio de 1877 al hablar sobre el apostolado de la oración: "Con el fin de favorecer la causa de la Iglesia, propone a sus oraciones y esfuerzos este objetivo: que el Reino de Cristo venga cuanto antes a la tierra, como sucede en el cielo". Y en el mismo sentido lo mencionaba Pío XI el 7 de marzo de 1926 cuando dijo: "¡Venga el Reino de Cristo, para que llegue la paz de Cristo!" Y no menos claras las palabras de Pío XII cuando el 17 de septiembre de 1958 proclamó la certeza de que "la restauración del Reino de Cristo por María no podrá dejar de realizarse, de manera que, por su poderosa intercesión y su auxilio constante, se realice por fin el Reino de Cristo, reino de verdad y de vida, reino de santidad y gracia, reino de justicia, de amor y de paz".

Por tanto, el llamado Milenarismo espiritual no podrá ser condenado nunca, ya que la Iglesia no puede condenar toda una Tradición Patrística y teológica muy respetable, ni va a serruchar la rama donde está asentada, es decir, la Tradición.

El tema del Reino de los Mil Años es pues el más difícil, cuestionado e impugnado, pero es hacia el cual todo confluye. En toda la profecía apocalíptica la Parusía se realiza y se consuma a la luz de este capítulo. Aquí está el centro neurálgico de la Revelación sellada del Apocalipsis. Aquí se encuentra descifrado el gran misterio de Dios y que ahora está a punto de ser descubierto.

En conclusión de todo lo anteriormente dicho sobre el Milenio de paz, podemos resumir la Doctrina de la Iglesia de la siguiente manera:

No hay definición o enseñanza obligatoria de la Iglesia y es de libre opinión el problema de la interpretación del capítulo 20 del Apocalipsis y, por tanto, de la Parusía y del Reino de Cristo en la tierra.

De acuerdo con lo anterior reviste gran importancia el último documento de la Iglesia sobre escatología que es la Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 17 de mayo de 1979 "Carta sobre Algunas Cuestiones Referentes a la Escatología" (L'Osservatore Romano no. 29 (551) del 22 de julio del 79, página 12) aprobada por Juan PabloII. Y en lo referente a la Parusía enseña lo siguiente:

"La Iglesia, en conformidad con la Sagrada Escritura, espera 'la gloriosa manifestación de Jesucristo Nuestro Señor'(Dei Verbum I, 4), considerada, por lo demás, como distinta y aplazada con respecto a la condición de los hombres inmediatamente después de la muerte".

Quiere decir que en cuanto al contenido de la fe, la Parusía figura sin vinculación alguna con el Fin del Mundo. Sólo exige que la Parusía sea considerada como distinta de la muerte personal y diferida en el tiempo. Por tanto, la Instrucción de la Sagrada Congregación se desentiende de la posición teológica – basada en la interpretación alegórica de San Agustín – que sostiene que la Parusía está vinculada al Juicio Final.

La Iglesia condena el Milenarismo Craso, carnal o kiliasmo.

En cuanto al Milenarismo Mitigadolo rechaza con la mínima calificación teológica negativa o mínima censura teológica, es decir, que "es peligroso enseñar" que Cristo reinará visiblemente en la tierra.

La Iglesia no rechaza ni condena el Milenarismo Espiritual que surge de los textos sagrados y que surge de los Santos Padres.

[1] Las siglas D S se refieren a la obra Enchiridion Symbolorum, Definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum, editada por H. Denzinger y A. Shonmetzer. Traducción española: Enchiridion Symbolorum. El Magisterio de la Iglesia. Herder. Barcelona, 1976.

[2] Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1962.

[3] Entre los milenaristas espirituales encontramos la Didaje o Doctrina de los Apóstoles; Epístola de San Bernabé; San Papías, Obispo de Hierópolis; San Justino; San Irineo; Tertuliano; San Victorino, obispo y mártir; San Metodio, Obispo de Olimpia y mártir; Comodiano, Lactancio, Quinto Julio Hilariano, San Zenón, Obispo de Verona, San Ambrosio, San Agustín (su primera época) tal y como se desprende en su sermón 259 titulado "De la Dominica a la Octava de Pascua". M.L XXVIII, 1197. Entre los contemporáneos tenemos a San Beda el Venerable, el Beato de Liébana, San Alberto Magno, el Venerable Holzhauser, Nicolás de Lira, San Luis María Grignion de Monfort, Santa Catalina de Siena, Santa Brígida, entre otros. También se pueden citar renombrados intérpretes modernos como Maldonado, Menaquio Firini, Gaspar Sánchez, Cornelio a Lapide y Knabenbauer; y ya entrado en nuestro siglo, los jesuitas Juan Rovira y Ramón Orlandis; Doctor Mons. Juan Straubinger V. B., el Padre Leonardo Castellani, el Doctor Bíblico Canónico Benjamín Martín Sánchez, el Doctor Bíblico Padre Florentino Alcañiz, S. J.; el Padre Antonio Van Rixtel S.C.J., B. Caviglia Cámpora y muchísimos más en la actualidad que sería largo citar. Finalmente, San Jerónimo a principios del siglo V decía que "una gran multitud de doctores católicos seguían la tesis del Milenarismo y que muchos varones eclesiásticos y mártires también la defendieron" (pred in libr. 18 s/Isaías).

LUIS EDUARDO RIGOBERTO LÓPEZ PADILLA

5 DE JUNIO DEL 2013