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El Final de los Tiempos

Todo cuanto existe se centra en Cristo, pues todo fue creado para Su Gloria. Es por Él por quien todo fue hecho, por lo que es necesario centrar el futuro de la humanidad en función de Cristo y de Su Palabra. Y es en el Evangelio, que recoge la vida y palabra de Jesús, que se encuentra su llamado “discurso escatológico” (ver Mateo 24, Lucas 21 y Marcos 13) donde anuncia los acontecimientos que habrán de venir en el Final de los Tiempos. Pero es en el Apocalipsis donde Jesucristo, con la autoridad de haber muerto y resucitado entre los muertos, le dice al Apóstol Juan: “Yo soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Último, estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos (…) Escribe lo que has visto, lo que ya es y lo que va a suceder más tarde” (Apoc 1, 17 - 20).

Por tanto, es en el llamado libro de la Revelación, que es precisamente lo que significa Apocalipsis, donde encontramos descrito mediante signos y símbolos el futuro que nos espera, confirmando las profecías del Antiguo Testamento de Daniel, Zacarías, Ezequiel, Isaías, Salmos, Abdías, Sofonías, Miqueas, y Amós, entre otros. Así, el vaticinio bíblico nos habla de una época breve pero extraordinaria de la historia del hombre: el Final de los Tiempos.

Qué es

Este Final de los Tiempos indica el “fin del tiempo” que Dios le ha dado a las naciones para que se conviertan y lleguen al conocimiento del Evangelio; tiempo que dio inicio con la Muerte de Cristo –los últimos tiempos– y que concluye hacia el final con Su Parusía (Presencia de Poder y Gracia que pondrá fin al Misterio de la Iniquidad).

En este Final de los Tiempos, y como consecuencia del pecado de la humanidad, se acrecentarán “las guerras, el hambre, las pestes, las enfermedades”. Asimismo, con el “crecimiento de la maldad se enfriará la caridad” y crecerá alarmantemente la apostasía en todo el mundo, incluyendo a la Iglesia de Cristo que pasará por una gran prueba que pondrá al límite la fidelidad de la fe de los cristianos y que hará que muchos huyan escandalizados. Y todo esto en medio del anuncio de la “buena nueva” que habrá llegado a todo el mundo.

En otras palabras, se dará el desarrollo y consumación de los 4 jinetes del Apocalipsis, el caballo blanco, rojo, negro y amarillo, que significan precisamente:

la proclamación del Evangelio a todos los hombres;

la guerra;

la carestía económica, la injusticia, el hambre;

y la persecución a causa de la fe.

Como consecuencia de todo esto, la humanidad y la Iglesia pasarán grandes tribulaciones, guerras, cataclismos, sufrimientos y señales nunca antes vistos –sucesiva y vertiginosamente– y que serán previos al advenimiento del llamado Anticristo, quien usurpará el lugar de Cristo en Su Segunda Venida, y que mediante falsos milagros y prodigios engañosos establecerá en el mundo una falsa paz, un falso orden y una solución aparente a los problemas de la humanidad.

Las Profecías lo Anuncian

Desde el principio, el Diablo ha preparado su hora, la de su triunfo, que será por breve tiempo, “cuarenta y dos meses” (Apoc 13, 5). No ha dejado nada al azar. Todo el llamado esoterismo –distorsión del misterio de Dios– se unirá para recibir a la encarnación del mal, al mismo demonio hecho hombre, a aquél a quien “el Dragón le dará todo su poder, su trono y su autoridad” (Apoc 13, 2), para que Satanás, por medio de su lacayo, establezca su reinado en la tierra. Será el Anticristo el fruto maduro de la ya lejana estirpe manipulada de Satanás que inició en el Paraíso con el pecado original.

La humanidad ha sido engañada y creyendo esperar al Salvador recibirá al mismo Demonio y a él le rendirá honores y a él se sujetará. El reinado del Anticristo será desde luego un engaño por cuanto que le dará a la humanidad tres cosas que en ese tiempo serán escasas y por ende apreciadísimas por los habitantes de la tierra: paz, orden y abundancia (económica y alimenticia para todos). Pero más allá de ello, se establecerá un culto nefando, diabólico, ocultista, donde se “llevará” al hombre a la conquista de dos preciados dones:

la inmortalidad, (sin Dios)

y la divinidad (sin Dios).

Estos objetivos han estado en el plan de la estirpe de la serpiente y se ha ido acumulando por siglos a través del conocimiento arcano, esotérico, alquímico, genético que ha estado latente en el pasado y ha dejado listo el escenario para culminarlo ahora.

Son múltiples las culturas que se funden en un mismo conocimiento esotérico y que enarbolan la llamada filosofía perenne del ocultismo, y que de alguna forma difunden y utilizan las diversas enseñanzas esotéricas, expresadas de diversa manera en conocimientos y mitos de pueblos y  lugares tan distantes geográficamente como Mesopotamia, China, India, Oriente Medio, Egipto, Grecia, Roma y el llamado Nuevo Mundo. En este saber se mezcla la cábala, la alquimia, la astrología, la filosofía hermética, etc. lo que viene a demostrar que todo conocimiento oculto viene de una misma fuente. La filosofía perenne ha aparecido y desaparecido bajo diferentes aspectos y ha sido expresada de incontables formas a lo largo de los tiempos.

Y es este plan esotérico el que pretende presentar los Misterios de Dios expresados bajo el poder de las tinieblas. Son las profundidades de Satanás que arrancan desde el inicio de los tiempos: la creación del hombre y su caída; la manipulación genética en el mal uso de su libertad y su alejamiento del plan original del Creador; su vinculación con la más alta magia astral; su proyecto de establecer un reino en la tierra y su plan de remedar y apropiarse de la persona de Jesucristo, como parte de toda la profecía hermética que hábilmente supo extenderse por todos los pueblos de la tierra, para llegar a su culminación precisamente en el momento de la descomunal batalla final, en la que habrá de resultar un vencedor.

Adoración del Anticristo

Prácticamente toda la humanidad adorará al Anticristo. Dice el Apocalipsis, que “toda tribu, pueblo, lengua y nación adorará a la Bestia, a su Falso Profeta y al Dragón” –es decir, la serpiente antigua quien le dio su poder a la Bestia–, salvo aquellos “cuyos nombres están inscritos, desde la creación del mundo, en el libro de la Vida del Cordero degollado” (13, 8).

La Bestia, es decir, el Anticristo tendrá “poder sobre toda raza, lengua, pueblo y nación”, siendo principalmente los judíos quienes lo recibirán como su “mesías” esperado (Jn 5, 43).

Su “reinado” durará 42 meses, (tres años y medio) pero antes habrá establecido un pacto con muchas naciones que durará otros tres años y medio; pacto que romperá para proclamarse “dios” y “salvador del mundo” y ser adorado como tal, tiempo en el cual hará imperar los más grandes actos de tiranía, apostasía, magia negra y sacrilegio. Establecerá la abominación de la desolación en el “lugar santo” y suprimirá el Santo Sacrificio de la Misa; perseguirá a los santos y los vencerá. Blasfemará en contra de Dios, en contra de Su Nombre y Su Morada y de los que moran en el Cielo.

Gobernará a través de 10 reyes o naciones de la Tierra y con el poder de Satanás realizará extraños fenómenos cósmicos y toda clase de prodigios extraordinarios con los demonios en el aire, y todo el mundo ocultista y de seducción estará a su servicio, promoviendo una falsa y ficticia “hermandad entre los hombres” y una supuesta divinidad interior e inmortalidad corporal. Nada ni nadie le podrá hacer daño. Tendrá el poder de violar la misma ley natural de las cosas y de los seres. Convincentemente demostrará que su linaje y estirpe tuvo participación al principio en la creación de los hombres y dará pruebas de ello. Será la gran, última y terrible tentación para la Iglesia, que estará reducida a unos pocos fieles.

Como consecuencia de la iniquidad reinante en el mundo, al igual que en los días de Noé, la humanidad conocerá el Día de la Ira de Yahvé y un gran castigo azotará al mundo por sus muchos pecados. Los profetas mayores del Antiguo Testamento describen este terrible castigo, donde “estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra, vacila la tierra como un beodo, se balancea por la iniquidad de sus habitantes” (Is 24, 18 – 20).

Toda esta tribulación, dice Jesucristo, será tan grande “como no la habido desde el principio del universo ni la habrá, y si esos tiempos no fuesen acortados, hasta los mismos elegidos perecerían”. Pero al final, con el “soplo de la boca del Señor y con el resplandor de Su Parusía” – Presencia –, derrotará al Anticristo, al Falso Profeta y al Dragón que le había dado su poder a la Bestia, para ser “lanzados vivos al estanque de fuego” (II Tes, 2, 8 y Apoc 20, 3).

El Reino que viene

Todo esto será previo al advenimiento del Reino de Cristo en la Tierra, dando cumplimiento así a muchas profecías que anuncian la llegada del Rey, que viene a tomar posesión de Su Reino, “hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies, y una vez sometidas a Él todas las cosas, Él a su vez se someta a Su padre, para que Dios sea Todo en Todo” (I Cor 15, 25-27). Será la época de los Reyes del Rey; de los Señores del Señor que gobernarán con cetro de hierro y los hombres alcanzarán una santidad nunca antes vista en la Nueva Comunidad.

En efecto, Su Reino comenzará con un pequeño número de elegidos, que reinarán con Cristo y serán sacerdotes de Cristo. Que al inicio de Su Presencia espiritual, “los muertos en Cristo resucitarán primero”, (I Cor 15, 23 y Apoc, 20, 4 y 6) y otros que logren ser fieles hasta Su Venida, “no morirán, sino que se transformarán, al toque de la séptima trompeta” (I Cor 15, 51-52). Muchos misterios, los del Reino, están aún por venir y ser descubiertos.

Sí, el Tiempo se Cumple – Daniel y Juan

Lo anterior es una vista muy general y no completa de todos los acontecimientos que conforman el Final de los Tiempos, pero nos permite visualizar un amplio panorama. Asimismo, y contra la opinión generalizada dentro de la fe católica de que no hay manera de saber la llegada de los tiempos, la misma Sagrada Escritura “revela” las claves del “reloj divino” para su cumplimiento. Hay dos profetas que tienen, por decirlo así, las “llaves del tiempo”: Daniel y Juan. Daniel tiene tres profecías del tiempo: “los tres tiempos y medio” (7, 25); la profecía de las “dos mil trescientas tardes y mañanas” (7, 13 – 14) y las “setenta semanas” (9, 24 – 27).

Pero a Daniel, el Señor le dice claramente: “Guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin” (12, 4). Por su parte Jesucristo le dice a Juan: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el Tiempo está cerca” (22, 10).

Y en otro capítulo muy importante (c.10), y que pasa desapercibido para la gran mayoría, Juan tiene una visión de un Ángel poderoso envuelto en una nube y con Arco Iris sobre su cabeza y su rostro como el sol y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;  y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.  Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.  Y el ángel… juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,  sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas…y tú, “tienes que profetizar de nuevo, contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (10, 11).

¡Todo lo anterior para quien tenga sabiduría!

La Verdad y la Mentira

Jesucristo es la Verdad. Hoy en un mundo donde el relativismo imperante establece como norma absoluta que no hay verdades absolutas, es necesario recordarle al hombre que Jesucristo vino a dar testimonio de la Verdad. Fueron claras las palabras que Jesucristo pronunció ante el Procurador Romano:

Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 37). Asimismo, Jesucristo deja en claro quién es Él y dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).

Por tanto, todo cuanto ha dicho Jesucristo es la Verdad, y sólo lo escucharán aquellos que quieren conocer la Verdad. Ahora bien, Jesucristo es el Hijo de Dios vivo; el Unigénito del Padre; el Amén del Padre, por eso dice Jesús: “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). De tal forma, que toda la Verdad revelada por Dios, toda sentencia, todo conocimiento, toda sabiduría, todo misterio, todo juicio, toda ley, le ha sido concedida a Jesucristo por parte del Padre. Él es el instrumento, el camino, el mejor receptáculo de transmisión de la Voluntad y Querer del Padre Eterno.

Esto es importante dejarlo en claro con toda su firmeza y autoridad. Todos los misterios están contenidos, de una u otra forma, en la Persona y Palabra de Jesucristo. Asimismo, toda la Verdad Absoluta está contenida, de una u otra manera, a lo largo y a lo ancho de la Sagrada Escritura. Decimos de una forma o de otra para establecer que no todas las verdades están al alcance de la mayoría de los hombres, o en su caso, han sido reveladas por Dios pero no todas han sido explicitadas, incluso, aún no han sido comprendidas del todo.

Esta revelación máxima de sabiduría alcanzará su plenitud precisamente al desvelarse el Misterio de Dios, cuando se culmine plenamente en la tierra el Reino de Cristo, y que ya está a las puertas. Por eso, muchos misterios que hasta ahora eran de difícil comprensión e interpretación, empiezan ahora a aclararse en la medida en que nos acercamos a su cumplimiento. Por eso Daniel dice que al Final de los Tiempos “ningún impío comprenderá nada, pero los doctos comprenderán” (12, 10).

Por tanto, si alguien quiere conocer lo que va a suceder en el futuro inmediato, y por qué sucederá, debe de consultar la fuente primigenia y original a través de las profecías de la Sagrada Escritura y particularmente las contenidas en el libro del Apocalipsis. Y como complemento de esta verdad están las mariofanías auténticas de este final de los tiempos que arrojan luz para comprender en profundidad y extensión el Plan que Dios tiene establecido para el mundo y para el hombre desde el principio de los tiempos.

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente  publicado, www.apocalipsismariano.com