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¿Quién Guía a la Iglesia?

Es Dios Padre quien tiene la Verdad Absoluta y Él es quien establece los tiempos no sólo del mundo de la luz sino también de la hora del poder de las tinieblas. Ni un minuto más ni un minuto menos. Y el bastión incólume que ha hecho que la Iglesia permanezca durante dos mil años es el Espíritu Santo, quien la sostiene, la guía y la dirige hacia su propósito final. Así lo dijo el entonces Papa Benedicto XVI en sus primeras homilías y discursos sobre los tiempos escatológicos: “Dios es el amo absoluto de la Historia y ni los poderes ocultos ni Satanás son los que tienen la última palabra; Dios dirige el curso de los acontecimientos hacia los cielos nuevos y la tierra nueva” (Zenit, mayo 2005).

 

La Guía del Espíritu Santo

Conviene entonces no olvidar que la barca de Pedro no la dirigen ni los sacerdotes, ni los obispos, ni los cardenales, ni los laicos, ni los santos o pecadores. Ni la Iglesia ha sido dirigida por ningún Papa en toda su Historia. El dueño de la barca es Jesucristo y la madre de la Iglesia es María. Y el esposo de la Virgen, el Espíritu Santo, es pues quien la dirige hacia el puerto seguro en medio de grandes vicisitudes y pruebas, siempre dentro de la permisión del mal por parte de la Omnipotencia Divina en sus inescrutables designios.

Pero todo tiene una razón de ser sobrenatural. No pretendemos juzgar a nadie, pero así como Pedro creía que actuaba bien y en línea cuando le dijo a Jesucristo que de “ningún modo le sucedería” lo que Él ya había anunciado sobre su pasión y muerte –de tal modo que tuvo que reprenderlo duramente: “Apártate de mí Satanás” (Mt 16, 23)– así hay otros también que sintiéndose celosos de la fe, custodios de la verdad y guardianes de la doctrina se han empeñado en enderezar una persistente crítica en contra del Papa Francisco, muchas veces resultado del infierno de sus ideas mentales bajo miras meramente humanas y no pocas veces prejuiciadas.

Críticas, Descalificaciones y Calumnias

Resulta pues un despropósito la actitud y juicio que no pocos católicos han enderezado contra el Papa Francisco. Algunas de ellas causan enojo, otras, tristeza y otras verdaderamente dan risa, amén del escándalo que provocan. Estas críticas van desde el juicio y calumnia sobre frases dichas por el Papa sacadas de contexto, dándole oídos a los medios y no yendo a la fuente original, hasta afirmaciones de que su elección fue inválida por no ajustarse supuestamente a las normas establecidas para el cónclave según la Constitución Apostólica del Papa San Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis de 1996, de acuerdo a la teoría sostenida por el escritor Antonio Socci en su libro “Non é Francesco” (No es Francisco). Pasando también por denostaciones al Papa por su “lamentable pobreza intelectual y teológica”, o porque ha “roto con normas de disciplina eclesiástica”, o porque ha dado lugar a “confusiones y posturas heréticas en el Sínodo de la Familia”, o porque dizque forma parte de la masonería o de la gran ramera del Apocalipsis; o por sus continuas “herejías”, o más grave aun catalogándolo como el falso profeta del que habla el Capítulo XIII del Apocalipsis.

Errado Discernimiento

La realidad es que es un minúsculo grupo de personas quienes promueven esta sarta de sandeces contra el Papa Francisco, haciéndose cada vez más frecuente por redes sociales en el entorno de revelaciones privadas y videntes, creándose grandísima y grave confusión entre los fieles por un lamentable y errado discernimiento sobre el Papa Francisco a la luz de las profecías privadas y de la Sagrada Escritura. Así, hay algunos videntes que dicen que este Papa es de Dios y otros videntes dicen que este Papa es del diablo. Y también hay otros que no dicen nada del Papa para evitar entrar en conflicto. ¿Y entonces?

Confusión para quien no quiere ver

La realidad es que muchas de las acusaciones que se le hacen al Papa Francisco son parte de la confusión que desde hace tiempo impera no sólo en el mundo sino también en la Iglesia. Como lo hemos repetido muchas veces en artículos precedentes, hemos llegado a los tiempos en que ya no es fácil discernir la luz de las tinieblas, lo bueno de lo malo, la virtud del pecado, lo místico de lo esotérico, la verdad de la mentira, lo que es de Dios de lo que no es de Dios. Y más grave aún es que este discernimiento se volverá mucho más difícil en los próximos años.

Se requiere pues de una verdadera agudeza y luz sobrenatural para discernir lo que es de Dios de lo que es del diablo. Y hoy la verdad es que la confusión, quizá como el principal signo de los tiempos, permea por todo el pueblo de Dios, y esto se aplica a universidades, fundaciones, movimientos e institutos católicos; comunidades, conventos de clausura y órdenes religiosas; laicos, sacerdotes, así como obispos y cardenales, tanto en temas de doctrina como de fe, filosofía, teología, apologética, liturgia, disciplina eclesiástica; así como los grandes temas eclesiales como justicia social, dignidad humana, vida, matrimonio y familia. Algunos se confunden por exceso y otros por defecto.

Nube de Obscuridad en el Mundo

Una nube de oscuridad envuelve al mundo completo y en mayor o menor medida el “humo del infierno” ha entrado por todas partes y esto ha sido una realidad demoniaca que se centra en envidias, odios, rencores, disputas, juicios críticos, egoísmo y principalmente el “demonio” de la murmuración como algo malévolo que ha entrado en el corazón de muchos hombres, y aún dentro de la misma Iglesia de Cristo, pues de todo se juzga, de todo se duda; todos creen tener la verdad y todos tienen derecho a opinar, a juzgar y a condenar, defendiendo su verdad y olvidando la verdad del Evangelio de Jesucristo que dice que no juzguemos pues en esa medida seremos juzgados, amén de que todo juicio está reservado sólo al Hijo (cfr. Jn 5, 22). Y gravísimo cuando ese Juicio se hace ni más ni menos que al Vicario de Cristo. 

Pero no obstante algunos se sienten autorizados por el mismo Evangelio para “corregir al que yerra” y sienten un deber de justicia al señalar públicamente –en redes sociales– al mismo Vicario de Cristo, pues aducen que el mismo Pablo corregía a Pedro... Pues habría que decirles a estos “pablos” que cuando alguien quiera señalar al Papa Francisco asegúrese primero de estar a su nivel: de llevar una vida de profunda oración, de realizar un apostolado diligente y misional en medio de las almas, de llevar una vida de austeridad y desprendimiento, de dar testimonio palpable de humildad, de meterse al barril con los demás, de oler a oveja para quienes son pastores, etcétera, pues todo esto y más ha sido el testimonio de vida del Papa Francisco, para que entonces, y sólo después de una profunda y larga reflexión espiritual que asegure su rectitud de intención, puedan a solas y confidencialmente atreverse a corregir –que no juzgar–  fraternalmente al Vicario de Cristo.     

Sede de Pedro Intacta

Asimismo es una necedad insistir en las “herejías del Papa Francisco” o estar atentos a lo que dice o hace para que en el momento en que “caiga en herejía” sabremos entonces que es el falso profeta anunciado en el Apocalipsis. Pero esto no es así. La doctrina de los venerables y santos doctores ortodoxos es que la Sede de Pedro permanece siempre intacta de todo error según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha al Príncipe de los Apóstoles: “Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca y tú, una vez convertido, confirma en la fe a tus hermanos” (Lc 22, 32). Y así lo confirma el Concilio Vaticano I (Denzinger 1836).

El Papa puede no ser santo, más aún puede ser pecador y sujeto de todos los pecados que uno quiera; y muchos obispos han sido herejes y miles de sacerdotes y laicos y pueblos enteros han caído en el cisma, la herejía o la apostasía, pero si la Iglesia subsiste a pesar de todo es porque jamás le ha faltado su cabeza y fundamento: el Romano Pontífice que en boca de la misma tradición es la misma Iglesia; por eso se dice: Ubi Petrus ibi ecclesia, es decir, en donde está Pedro ahí está la Iglesia. Por eso podemos afirmar incluso que aquellos que insisten en la ilegitimidad de Francisco, o que Benedicto es el Papa verdadero, o que Francisco es hereje atentan contra la afirmación de que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo, por lo que estarían pecando contra el mismo Espíritu Santo, y ya sabemos que este pecado no se perdona ni en este mundo ni en otro (Mt 12, 32).

No desconocemos que la Iglesia pasa por una gran crisis y confusión y que en la Historia de la Iglesia han existido más de una treintena de antipapas, pero eso es parte de la lucha entre el bien y el mal. Pero afirmar o inferir que las palabras que dijo el entonces Papa Benedicto XVI el 11 de febrero del 2013 cuando expresó su voluntad inequívoca de renunciar no fueron una inspiración venida de lo Alto es pecar en contra del Espíritu Santo. Sus palabras fueron:

“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino... Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, …de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante”.

De igual manera, afirmar que Francisco es el Falso Profeta o falso Papa porque es o puede ser hereje es pecar contra el Espíritu Santo, pues el mismo Jesucristo prometió lo contrario: “Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca”.  

Francisco, Hijo de la Iglesia

Francisco no vino a la Silla de Pedro sino por la acción del Espíritu Santo, que como decimos, guía a la Iglesia aun contando con la misma debilidad y mal uso de la libertad humana. Pero en este caso Francisco es un hijo fiel de la Iglesia, en la que nació y se ha alimentado permanentemente de ella, que le ha forjado; Iglesia en la que aspira a morir como la gracia entre todas las gracias: ¡morir hijo de la Iglesia! Por eso machaconamente el Papa repite que es hijo de la Iglesia. Y no son meras palabras, pues todo lo que resulta en él atractivo, lleno de autenticidad y de fuerza sólo se explica porque él es un ejemplo vivo de la vivencia cristiana e hijo fiel de la Iglesia. Por eso el Padre Bergoglio que se revistió de blanco el 13 de marzo del 2013 es hijo de Ignacio de Loyola. Es hijo también de San Juan Pablo II que lo sacó del destierro en Córdoba para nombrarlo obispo auxiliar de Buenos Aires y después Arzobispo Metropolitano y Primado de la Argentina y más tarde cardenal de la Iglesia. También es hijo de San Agustín al que siempre invoca, e hijo del Poverello de Asís y del pueblo sencillo que se consagra en Aparecida ante su Señora. Es hijo también y luego hermano de Benedicto XVI, y quien hace unos cuantos días, para que no haya duda, dijo: “El auténtico creyente tiene claro que Francisco es el verdadero Papa”.

No nos sorprende que sea tan criticado y perseguido y aún odiado por ciertas minorías, tanto de izquierda como de derecha en sus extremos más recalcitrantes. De hecho quien fuera el Cardenal Bergoglio era enemigo de los extremos: en realidad fue un “centrista”: ortodoxo en la doctrina y radical en la vivencia del mensaje evangélico. Ni más ni menos que otros. Y su sello de siempre que lo ha caracterizado es la autenticidad, una virtud poco común y escasa. El Papa Francisco ha dado un impulso a la misión evangelizadora de la Iglesia y ha venido haciendo los cambios necesarios para aligerar la barca de Pedro. Ortodoxia en la esperanza define bien su propuesta, en continuidad con Benedicto XVI y el Concilio Vaticano II, como lo ha hecho notar constantemente.

Francisco con su discernimiento ignaciano, alegría franciscana y detalle de su fuerte personalidad, evangeliza sin pelos en la lengua. Por razones de misericordia defiende la vida desde la fecundación hasta la muerte natural; pide auxilio a la hermana pobreza para denunciar la injusticia; confronta la dictadura del relativismo; interpela a los poderosos del mundo que con su egoísmo utilitario han empobrecido a los más pobres; defiende la creación, denuncia las modernas esclavitudes, recuerda la batalla cotidiana contra el demonio como ser personal y real; considera la confusión entre matrimonio y uniones del mismo sexo como un atentado a los fundamentos antropológicos de la familia y la sociedad; promueve la libertad religiosa sin distingos, llama a los poderosos a construir la paz, continúa con el trabajo de sus predecesores para la reconciliación y unidad según la Iglesia primitiva; siempre bajo la mano de María a quien consagró su pontificado el 13 de mayo del 2013 bajo la advocación de Ntra. Señora de Fátima, entre otras cosas.

El Papa nos quiere discípulos y misioneros de Jesucristo. Nos urge a la misericordia para mover nuestra fe, en la esperanza, provocando nuestra razón, como antes Benedicto XVI retó nuestra razón para provocar nuestra fe y Juan Pablo II acicateó nuestra esperanza adormecida.

Este es el puente que el Espíritu Santo unió en estos tres Papas para el final de los tiempos: Juan Pablo II en la esperanza; Benedicto XVI en la fe; y finalmente Francisco en la caridad.

Rezad por Mí

Bien hace el Papa Francisco en decir con frecuencia “rezad por mí”. Ha dicho: “este Papa precisa de la oración de todos ustedes”. Pero lo haríamos igual sin su ruego. La oración por el Papa está situada en el centro de la Eucaristía y del corazón del pueblo cristiano. Como fieles católicos debemos dejarnos guiar por un vivo espíritu de fe. Y ver siempre en el Papa al Vicario de Cristo en la tierra. Sus palabras, en el ejercicio de su ministerio, deben ser recibidas como palabras de Nuestro Señor. Se debe al Papa respeto, veneración y dócil obediencia, evitando todo espíritu de crítica destructiva. Es necesario que nuestro proceder refleje la convicción de nuestra fe, que muestra al Papa como Vicario del mismo Jesucristo.

Por eso, son muy puntuales las palabras de Don Primo Mazzolari (1890-1959), sacerdote de la iglesia italiana, que hace unas cuantas décadas dijo, citado por el Cardenal Ángelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro: “Vendrá un tiempo cuando el liderazgo en la Iglesia parecerá casi una crucifixión”.

¿Y el Falso Papa en Roma?

Habrá más Papas en el futuro, pero está profetizado que antes del triunfo de la Iglesia veremos y seremos testigos de dos romanos pontífices enfrentados, pero no dos surgidos de la Iglesia, sino que ANTES se separará la verdadera Iglesia de la falsa, y cada una de estas Iglesias asentadas en Roma, en un cónclave, nombrará a su propio Papa. Y entonces, ¿cuál será el verdadero Papa y la verdadera Iglesia? ¿Comprenderemos entonces ahora lo delicadísimo de la cuestión de adelantar profecías y errar el discernimiento con el Papa Francisco?

Pero dejaremos este tema para el próximo artículo.

Mientras tanto, recemos por el Papa Francisco:

Oh Dios, pastor y guía de todos los fieles

mira con bondad a tu siervo Francisco

a quien has elegido pastor de tu Iglesia;

concédele que su palabra y su ejemplo

sean provechosos al pueblo que hoy preside,

para que llegue a la vida eterna

junto con el rebaño que le ha sido confiado.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

 

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