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Ne Nos Inducas in Tentationem

Desde el inicio del Pontificado de Francisco, una de las principales preocupaciones fue el tema de la familia, razón por la que convocó a un sínodo a verificarse en octubre del 2014 y del 2015. De estos encuentros deberán salir propuestas para afrontar el desafío que presentan los innumerables retos en torno a las familias y para los fieles de todo el mundo.

Caja de Pandora

Como se sabe, para preparar convenientemente los debates en torno a la familia el Papa Francisco decidió lanzar un cuestionario de 38 preguntas respecto a diversas situaciones familiares, incluyendo dos aspectos muy concretos: la perspectiva de los divorciados y vueltos a casar y las uniones entre personas del mismo sexo. Aunque la temática es muy amplia, la realidad es que la iniciativa ha abierto una caja de Pandora que está lejos de cerrarse y que ha provocado temor, duda, desconfianza, y más aún, confusión. Incluso, no pocos piensan que el Papa Francisco ha puesto a debate democrático la doctrina misma de la Iglesia. Pero en realidad, el Papa está convencido de que es necesario una pastoral más audaz que revise prácticas y procedimientos. Particularmente una nueva consideración respecto al trato que la Iglesia otorga a los divorciados, que por un sinnúmero de razones, se han vuelto a casar civilmente.

En algún momento el Papa ha dicho que la Iglesia es como un “hospital de campaña que debe sanar y curar heridas”, y en este caso la de los que viven situaciones irregulares con respecto a la doctrina. El propósito es hacer más sensible a los fieles de estas realidades y que requieren comprensión y misericordia. Por tanto, no se trata de negar la doctrina o cambiarla o adulterarla. Es más bien un cambio en la forma y en la actitud que abre espacios de acogida y solución, dentro de la fe, a estos miles de casos irregulares.

Desde luego, están los legalistas que miran con lupa todo lo que el Papa dice y cómo lo dice y pierden con ello lo que el Papa quiere transmitir; y ven en esta llamada a la participación en el Sínodo de la Familia como una traición, o peor aún, una más de sus muchas traiciones. Así, los detractores ya han emitido su veredicto desde sus atalayas digitales: para ellos el Papa tiene como estrategia legalizar la herejía. O sea, es un Papa hereje.

Debates y Tensiones

La primera asamblea del Sínodo fue precedida, como se sabe, por un intenso debate. Una controversia pública que se centró precisamente en dos puntos medulares: la aceptación en la comunión eucarística de los divorciados vueltos a casar y la acogida a los homosexuales. Por invitación del Papa, el teólogo alemán Walter Kasper fue quien introdujo las labores con una conferencia extensa y pormenorizada, señalando posibles vías de solución para personas en circunstancias irregulares que después de un proceso penitencial podrían ser admitidas a la comunión eucarística. En realidad, la propuesta de Kasper no planteó una aceptación masiva de los divorciados a la eucaristía, sino una alternativa para un mínimo grupo de fieles en situación difícil, pero sin cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio sacramental indisoluble.

Fue a partir de este punto que se tensaron las posiciones. Frente al Cardenal Kasper varios cardenales se expresaron públicamente en su contra, como el Prefecto para la Doctrina de la Fe, Ludwig Müller; el entonces Prefecto del Tribunal de la Signatura Apostólica, Raymond Burke (ahora Patrono de la Orden de Malta); el Arzobispo de Bologna, Carlo Cafarra, y Mauro Piacenza de la Penitenciaría Apostólica. Todos ellos coincidieron en que no hay discusión posible pues nadie puede cambiar las enseñanzas de Jesucristo.

Por su parte el Papa Francisco guardó silencio y fue acusado de debilidad, aunque públicamente advirtió que no le preocupaban ni le causaban temor los debates encendidos.

Con estas consideraciones de fondo se llegó a las discusiones del sínodo en octubre del año pasado y como era de esperarse generaron más enfrentamientos. El punto era hablar todo sin miedo ni tapujos, libremente lo que cada uno pensara y sintiera. Y hubo entonces más polémica. El detonante de todo esto fue el texto de la Relatio Post Disceptacionem, la relación después de las disertaciones, el documento de mitad del sínodo que resumía los cerca de 300 discursos pronunciados en los primeros días de trabajo. Incluso, aquí se incluyeron pasajes ambiguos e inaceptables bajo la óptica de la Doctrina de la Iglesia. Y por si fuera poco, las imprecisiones y malas traducciones complicaron aún más el problema.

Se caldeó tanto el ambiente que se llegó incluso a hablar de “sínodo manipulado” o “sínodo de la vergüenza”, “sínodo traidor” y cisma inminente. La asamblea entonces se dividió en dos polos extremos y un tercer grupo más moderado. La mayoría de los cardenales coincidieron en impulsar una vía más misericordiosa pero dentro de la tradición y la doctrina. Al final se votó un documento consensuado y que aún no es definitivo hasta ahora en que se continúen y concluyan en este próximo octubre las distintas posiciones sobre el tema. Todo esto como preámbulo del inicio del Jubileo del Año de la Misericordia que comenzará con la fiesta de la Inmaculada Concepción el próximo 8 de diciembre y terminará en la fiesta de Cristo Rey del año 2016, es decir, el 20 de noviembre.

Conviene recordar que una vez que terminaron las discusiones sinodales el Papa como sucesor de Pedro y garante de la doctrina y de la fe hizo uso de la palabra con un discurso poderoso, profético, pastoral, preciso y contundente, priorizando y salvando la doctrina de la Iglesia en tema de la familia y del matrimonio indisoluble, discurso que por lo demás recibió una ovación de pie de todos los asistentes por más de 5 minutos.

Las Tentaciones

En sus palabras recordó las distintas tentaciones a las que fueron sometidos los padres sinodales:

La tentación del endurecimiento hostil, es decir, el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos aún aprender y alcanzar. Desde los tiempos de Jesús, es la tentación de los celantes, los escrupulosos, los diligentes y de los así llamados —hoy— «tradicionalistas», y también de los intelectualistas.

La tentación del buenismo destructivo, que en nombre de una misericordia engañadora venda las heridas sin antes curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causas y las raíces. Es la tentación de los «buenistas», de los temerosos y también de los así llamados «progresistas y liberales».

La tentación de transformar la piedra en pan para romper un ayuno largo, pesado y doloroso (cf. Lc 4, 1-4), y también de transformar el pan en piedra y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (cf. Jn 8, 7), es decir, transformarlo en «cargas insoportables» (Lc 11, 46).

La tentación de bajar de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer allí, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en lugar de purificarlo y conducirlo al Espíritu de Dios.

La tentación de descuidar el «depositum fidei», considerándose no custodios sino propietarios y dueños, o, por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando una lengua minuciosa y un lenguaje pulido para decir muchas cosas y no decir nada. Los llamaban «bizantinismos», creo, a estas cosas...

Queridos hermanos y hermanas, las tentaciones no nos deben ni asustar ni desconcertar, y ni siquiera desalentar, porque ningún discípulo es más grande que su maestro. Por lo tanto, si Jesús fue tentado — y además llamado Belzebú (cf. Mt 12, 24) —, sus discípulos no deben esperarse un trato mejor.

Y esto siempre —lo hemos dicho aquí, en el aula— sin poner jamás en duda las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreación, o sea la apertura a la vida (cf. can. 1055, 1056 y Gaudium et Spes 48).

Recordando la Doctrina

En esta misma línea de las palabras del Papa Francisco y con motivo del año internacional de la familia en 1994, el Papa San Juan Pablo II aprobó el documento presentado por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Joseph Ratzinger, en la que se abordan los distintos problemas en que se encuentran los llamados matrimonios irregulares. Recordemos pues la doctrina y paso a  reproducir  las  líneas generales: 

“… merecen una especial atención las dificultades y los sufrimientos de aquellos fieles que se encuentran en situaciones matrimoniales irregulares (Cf. Juan Pablo II, Exhort. apost. Familiaris consortio nn. 79-84). Los pastores están llamados, en efecto, a hacer sentir la caridad de Cristo y la materna cercanía de la Iglesia;…, exhortándolos a confiar en la misericordia de Dios y, con prudencia y respeto, sugiriéndoles caminos concretos de conversión y de participación en la vida de la comunidad eclesial (Cf. Ibid., n. 84; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1651).

Conscientes sin embargo de que la auténtica comprensión y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad (Cf. Pablo VI, Encicl. Humanae vitae, n. 29), los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebración de los sacramentos y especialmente de la recepción de la Eucaristía...

“…Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales… esta Congregación siente la obligación de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo (Mc 10,11-12: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio"), la Iglesia afirma que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comunión eucarística mientras persista esa situación (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1650; cf. también n. 1640 y Concilio de Trento, sess. XXIV: DS 1797-1812).

“…Esta norma de ninguna manera tiene un carácter punitivo o en cualquier modo discriminatorio hacia los divorciados vueltos a casar, sino que expresa más bien una situación objetiva que de por sí hace imposible el acceso a la Comunión eucarística: «Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio» (Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 84, 7).

Abstención de los actos propios de los Esposos

“…cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, –como, por ejemplo, la educación de los hijos– no pueden cumplir la obligación de la separación, "asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos" (Ibid, n. 84). En este caso ellos pueden acceder a la Comunión eucarística, permaneciendo firme sin embargo la obligación de evitar el escándalo.

La doctrina y la disciplina de la Iglesia sobre esta materia han sido ampliamente expuestas en el período post-conciliar por la Exhortación Apostólica Familiaris consortio. La Exhortación, entre otras cosas, recuerda a los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las diversas situaciones y los exhorta a animar a los divorciados que se han casado otra vez para que participen en diversos momentos de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, reafirma la praxis constante y universal, «fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a la Comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar»  (Exhort. Apost. Familiaris consortio, n.84), indicando los motivos de la misma.

No excluidos de la Comunidad Eclesial

“…Esto no significa que la Iglesia no sienta una especial preocupación por la situación de estos fieles que, por lo demás, de ningún modo se encuentran excluidos de la comunión eclesial. Se preocupa por acompañarlos pastoralmente y por invitarlos a participar en la vida eclesial en la medida en que sea compatible con las disposiciones del derecho divino, sobre las cuales la Iglesia no posee poder alguno para dispensar (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1640).

Por otra parte, es necesario iluminar a los fieles interesados a fin de que no crean que su participación en la vida de la Iglesia se reduce exclusivamente a la cuestión de la recepción de la Eucaristía. Se debe ayudar a los fieles a profundizar su comprensión del valor de la participación al sacrificio de Cristo en la Misa, de la comunión espiritual (Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunas cuestiones relativas al Ministro de la Eucaristía), de la oración, de la meditación de la palabra de Dios, de las obras de caridad y de justicia (Cf. Exhort. apost. Familiaris consortio, n. 84).

Juicio sobre la Conciencia Moral

Es verdad que el juicio sobre las propias disposiciones con miras al acceso a la Eucaristía debe ser formulado por la conciencia moral adecuadamente formada. Pero es también cierto que el consentimiento, sobre el cual se funda el matrimonio, no es una simple decisión privada, ya que crea para cada uno de los cónyuges y para la pareja una situación específicamente eclesial y social…

Vía del Fuero Externo

“Por otra parte la Exhortación Familiaris consortio, cuando invita a los pastores a saber distinguir las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar, recuerda también el caso de aquellos que están subjetivamente convencidos en conciencia de que el anterior matrimonio, irreparablemente destruido, jamás había sido válido (Cf. Exhort. apost. Familiaris Consortio, n. 84). Ciertamente es necesario discernir a través de la vía del fuero externo establecida por la Iglesia si existe objetivamente esa nulidad matrimonial.

Atenerse al juicio de la Iglesia y observar la disciplina vigente sobre la obligatoriedad de la forma canónica en cuanto necesaria para la validez de los matrimonios de los católicos es lo que verdaderamente ayuda al bien espiritual de los fieles interesados.

…Sólo así será posible para ellos acoger plenamente el mensaje del matrimonio cristiano y soportar en la fe los sufrimientos de su situación. En la acción pastoral se deberá cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminación alguna, sino únicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableció y nos confió de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador…

Conclusión

El Papa es el garante de la verdad y la doctrina. Jesús prometió a Pedro rezar por él para que su fe no desfalleciera. Esta es la base sobre la que se ha sustentado el edificio incólume de la Iglesia por 2,000 años. Pero como dijo el Papa a los Padres Sinodales, el demonio seguirá tentando a todos para asestarle un golpe cuasi mortal a la Esposa de Cristo…y las profecías dicen que sí, que se dará un golpe fortísimo que hará tambalearse a la Barca de Pedro, más aún, se separará la Verdadera Iglesia de la falsa, pero no la hundirá…pero muchos caerán en la tentación y huirán escandalizados… más supliquemos una vez más al Padre: ne nos inducas in tentationem. Y las profecías también dicen que María es la Madre del Verdadero Camino hacia el Padre. El que tenga ojos y oídos, que vea y oiga.

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