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Lo que hay detrás del 2012

A lo largo de los siglos han existido dos grandes concepciones de la historia. La primera de ellas es la concepción de una historia circular, es decir, no tiene comienzo ni fin.

Es como el círculo, que no se sabe dónde empieza ni dónde concluye. Así también pensaban los antiguos. Algunos griegos pensaban sobre todo que la historia era cíclica, es decir, siempre se iba repitiendo a lo largo de los siglos; se iban repitiendo los acontecimientos históricos. Luego esta idea de los griegos fue retomada en el siglo XIX por Federico Nietzche, el cual habló del "eterno retorno", es decir, una visión circular de la historia.

Por el contrario, la visión cristiana de la historia es lineal, rectilínea. La historia tiene un comienzo, un medio y un fin. Un principio, un nudo y un desenlace. Teológicamente dicho: la Creación, la Redención y la Parusía. Es decir, el comienzo es la creación de todo cuanto existe, comenzando con los ángeles, espíritus puros; luego la creación material y la naturaleza entera y los animales, hasta llegar al hombre, quien es el centro de la creación. Luego, en medio, en la llamada Plenitud de los Tiempos (aunque no en el centro de la historia del hombre sobre la tierra) encontramos la Encarnación del Verbo de Dios, que se hace hombre en las entrañas purísimas de una Virgen; luego, en un exceso de oblación por Amor cumple la Voluntad de su Padre mediante la redención del género humano, con su muerte y muerte de cruz. Y al final, el retorno, la vuelta, el  Adveniat Regnum Tuum, la vuelta gloriosa de Cristo al término de la historia.

Pero esta línea horizontal cristiana ha sido tergiversada, si bien manteniendo su horizontalidad, negando todas sus virtualidades en lo que se llama el Iluminismo de Kant, Hegel y la Revolución Francesa que entendían así la historia,  negando que hubiese un fin de la historia, promoviendo un progreso sin fin.

San Agustín ha sido probablemente el autor que mejor ha entendido el proceso de la historia en su obra Ciudad de Dios, pues le da un sentido teológico a la historia. Él explica que dos amores fundaron dos ciudades, "el amor de sí fundó el amor terrenal hasta el desprecio de lo celestial"; y "el amor de Dios hasta el menosprecio de sí, fundó la Celestial". Aquí se habla de dos amores que fundaron dos ciudades contrarias: la Ciudad de Dios y la Ciudad de los hombres. Así, o es el primado de Dios o es el primado de la criatura. Por tanto, para San Agustín la historia es el conflicto entre las dos Ciudades.

Pero San Agustín refiere que estas dos Ciudades no empezaron en el mundo de los hombres, sino antes, es decir, en el mundo angélico, donde al haber creado Dios a sus ángeles, muchos de ellos se rebelaron en contra de Su Creador y dividió esos dos mundos, que luego fueron traídos a la tierra. De tal suerte que aquí también habrá una división entre los hombres, los que están al servicio de la Ciudad de Dios, del mundo de Dios y aquellos que están al servicio de la Ciudad de los hombres o del mundo. Por tanto, existen dos Ciudades, la de los hombres buenos con los ángeles buenos, y la de los ángeles perversos con los hombres malos.

Es entonces aquí donde empieza a desarrollarse el plan del Demonio, remedando la obra de Dios y aprovechando – y esto es muy importante – todas las revelaciones de las que fue objeto por parte de Dios antes de su caída, revelaciones que tienen que ver con los misterios del universo completo, y particularmente del hombre, su origen y destino, incluso la misma Encarnación del Verbo.

Dos Planes

Precisamente aquí surge la gran confusión de ahora, pues en todo lo relativo al 2012 encontramos, como se ha dicho, grandes verdades en medio de grandes mentiras, como por ejemplo:

El plan original por parte de Dios que incluye transformar al hombre en un ser divino CON DIOS, junto a Dios. Pero también, por el contrario, se descubre  otro plan que pretende llevar al hombre a ser como Dios PERO SIN DIOS. Lo primero requiere necesariamente la participación de la "gracia de Dios", pues "sin Él, sin Jesucristo, nada se podrá hacer" (ver Juan 15, 1-16). El segundo plan es tratar de llegar a manifestar una "divinidad" interna en el hombre, pero por medio de la "puerta ancha y angosta" y no la "puerta estrecha", y es por ello que el tema se vuelve harto confuso y difícil y de no fácil discernimiento.

Así que vamos por orden y trataremos de arrojar luz para que el lector se prepare convenientemente no sólo al 2012, sino a este tiempo que quedará señalado por un conjunto de acontecimientos nunca antes vistos en la historia de la humanidad, todo ello como parte del fin de los tiempos, y la lucha final entre las dos Ciudades que escribió san Agustín.

Puntualizaciones

El 2012 no será el fin del mundo ni el fin de la historia humana, ni tampoco ocurrirá una catástrofe de las dimensiones que se pudieron ver en la recién estrenada película del 2012 – al menos por ahora.

A partir de que en 1948 se constituyó el Estado de Israel y luego, unos años después, en 1967, en la Guerra de los Seis Días los judíos recuperaron la Ciudad de Jerusalén, cumpliéndose fielmente las palabras proféticas de Jesucristo, (Lc 21, 23 – 24) hemos entrado en un sentido amplio al fin de los tiempos, lo que explica que se han venido acumulando una tras otra las señales que el mismo Jesucristo nos invitó a estar atentos para discernirlas y escudriñarlas, pues su cumplimiento nos anunciaba la inminencia de la última hora. De aquí el aumento de pestes, enfermedades, catástrofes de toda índole; caos económico-financiero; divisiones familiares y sociales; surgimiento de filosofías extrañas y confusas; guerras y terrorismo; falta de fe y apostasía generalizada en la Iglesia, etc., y todo esto no son sino los 4 jinetes del Apocalipsis.

Lo que está ocurriendo en el mundo en todos los órdenes, es decir, en lo político, económico, social, cultural, moral, natural, científico y  religioso, y lo que va a ocurrir en breve, está total y absolutamente profetizado hace miles de años en la Sagrada Escritura. Que nadie se engañe ni se confunda. Jesucristo es el culmen de la revelación. En Mt 24; Lc 21, Mc 13 encontramos el llamado "discurso escatológico" de Jesucristo, y todo esto a la luz de los profetas antiguos: Daniel, Zacarías, Ezequiel, Isaías, Abdías, Sofonías, Miqueas y Amós, además de los Salmos. Y dejando al final, pero el más importante, a Juan y su Apocalipsis, libro que ordena y otorga coherencia, dentro de un marco histórico, a todas las profecías sobre el fin de los tiempos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Todo lo anunciado en múltiples profecías forma parte forzosamente de la lucha en todos los niveles entre la "Mujer y la Serpiente", (Gen 3,15) anunciada desde el principio, y que alcanza su clímax entre "el Dragón y la "Mujer vestida del Sol que gime dolores de parto" (Ap. XII).

Por tanto, nos acercamos a un tiempo histórico donde el Proyecto de Dios anunciado desde antiguo tendrá fiel cumplimiento, y que no es otro que hacer que "todas las cosas se ordenen en Jesucristo bajo su Jerarquía soberana", como Rey de reyes y Señor de señores de este mundo, estableciendo su Reino en la Tierra y participando de él hombres y mujeres que logren, mediante una gracia especial y una voluntad férrea en el uso de su libertad, un crecimiento espiritual en su ser de tal nivel, que logren no sólo recuperar todos los dones y cualidades que Dios le otorgó a los primeros hombres en el Paraíso Terrenal, sino incluso superarlos, para llegar a ser otros Cristos, el mismo Cristo, es decir, Uno con Él.

Este mismo plan pero visto desde el otro lado, es decir, de aquél del que forman parte la Serpiente y el Dragón, ha sido también cuidadosamente planeado y transmitido al hombre a través del legado de antiguas civilizaciones; formas de pensamiento oculto y esotérico; y tradiciones orales del más diverso origen, con el objeto de prometerle también un paraíso en la Tierra pero sin Dios, un paraíso logrado con las solas fuerzas humanas, un paraíso donde el hombre desarrolle todas sus capacidades naturales, físicas y psíquicas, pero sin que esté presente ni se requiera en lo absoluto la Gracia de Dios.

Por tanto, todo lo que se anuncia en las profecías paganas y/o esotéricas respecto al 2012, en mayor o menor medida y de una u otra forma tiene los siguientes elementos:

Un encuentro místico del hombre consigo mismo que le permitirá o facilitará un desarrollo evolutivo en su ser. Esta experiencia será debida a una estimulación de su glándula pineal como resultado de una serie de efectos geomagnéticos, causados entre otras razones por la alineación de nuestro sistema solar con el centro de nuestra galaxia. (Conviene precisar que Dios utiliza todo lo creado para manifestarse a los hombres, ya sea conforme a la naturaleza creada - por ejemplo las estrella de Belén que anunció el nacimiento del Mesías; o el eclipse de sol que produjo las tinieblas en la tierra a la hora de la muerte del Redentor en la cruz, etc. o mediante eventos que superen las leyes de la naturaleza creadas o creables, como son los milagros).

El inicio de un nuevo "tiempo" o "era" o "mundo", donde el ser humano penetrará en una dimensión más sublime, espiritual o etérea; es decir, será un ser más "evolucionado".

El anterior proceso pudiera estar motivado con la ayuda de "seres" o "hermanos" venidos de otras dimensiones o del "espacio exterior".

Dentro de algunas profecías se incluye un proceso de expiación o purificación tanto de la  Madre Tierra que necesita renovarse, así como del hombre que requiere un cambio interior, para dejar de ser materialista y volverse más espiritual.

En algunos casos, no en todos, se anuncia un proceso catastrófico por medio de causas externas, ya sea una inversión magnética de los polos, tormentas solares, paso de astros o planetoides, etc.

Finalmente, todo este proceso es cíclico o circular, que se va repitiendo como un hecho de necesidad y cumplimiento fatal.

Como se advierte, en lo anterior no se menciona en lo absoluto ninguna intervención de Jesucristo como el Hijo Único de Dios, ni de las profecías contenidas en la Revelación pública, ya sea del Antiguo o Nuevo Testamento y siempre de acuerdo con la enseñanza del Magisterio de la Iglesia fundada por Jesucristo, y/o en su caso, de revelaciones privadas auténticas que se han presentado en los últimos tiempos por medio de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de los hombres.

Ahora bien, a grandes rasgos pudiéramos resumir la profecía verdadera de Jesucristo de la siguiente manera:

- Nada es cíclico en el tiempo sino lineal, y que se reduce a tres grandes momentos: la Creación, la Redención y la llamada Parusía o Manifestación del Señor, al final de los tiempos, para establecer Su Reino en la Tierra.

- La vida del hombre sobre la Tierra va alejándose o acercándose a la Voluntad de Dios, según el buen uso o no de la privilegiadísima libertad que posee el ser humano. Pues Dios deja en libertad al hombre, incluso para que éste se condene eternamente si así lo decide.

- En este contexto es que se explican los grandes eventos que han marcado la historia, como un Ajedrez Trascendente, donde dependiendo cuál sea la decisión del hombre, será la decisión de Dios. Así fue la caída de la primera humanidad con su pecado tan terrible que hasta Dios mismo se "arrepiente y le pesa" haberlo creado; el Diluvio Universal;  la construcción de la torre de Babel; la elección del pueblo elegido y la promesa de un Redentor; la Encarnación del Verbo en las entrañas de María; la muerte de Jesucristo en la cruz; la fundación de Su Iglesia y la difusión del Evangelio por los primeros apóstoles; las persecuciones que ha sufrido la Iglesia en toda su historia; el surgimiento de filosofías erradas y nuevas creencias sobre la realidad del mundo, del cosmos, del hombre, de Dios, del mundo del más allá, de los ángeles, etc.

- Y conforme lo anterior, la profecía desde antiguo anuncia que al final de los tiempos de las naciones, es decir, en este momento histórico que estamos viviendo, iban a coincidir varios sucesos como consecuencia del mal uso de la libertad humana y del alejamiento del hombre con respecto a Dios, y estos eventos serían: la falta de fe y la apostasía generalizada de la mayoría de los hombres. Como consecuencia de ello, una serie de catástrofes naturales y espirituales en el mundo y en la Iglesia. La creciente intervención del mundo de las tinieblas y los demonios en el mundo de los hombres. Y en un momento específico, la aparición del último Anticristo, es decir, de un hombre que usurparía el lugar de Cristo y ofrecería a los hombres mediante engaños y falsas promesas, un paraíso en la Tierra pero sin Dios.

- Y como consecuencia de este Anticristo en el mundo, el desencadenamiento de una Gran Tribulación "cual no la habido desde el principio del universo que Dios creó ni la habrá", (Mt 24, 21) en la que llegará a su culmen la batalla final entre los hijos de la Mujer y los hijos de la Serpiente, para que finalmente se establezca el triunfo del Reino de Cristo y el surgimiento de un Nuevo Hombre transformado y una Nueva Comunidad que adorará a Dios en espíritu y en verdad.

En conclusión de todo lo dicho, muchas de las profecías convergen sobre estos anuncios, de tal manera que la confusión es muy fácil que se dé porque simultáneamente se estarán revelando signos tanto de Dios, como del hombre, como del demonio. Pero lo importante es estar preparados espiritualmente conforme Nuestra Madre del Cielo nos lo ha recordado en sus apariciones auténticas, para que no perdamos la fe en estos tiempos de confusión, para prepararnos a los tiempos difíciles por venir y para finalmente participar del triunfo del Reino de Cristo por medio de María Santísima en la Tierra.

13 de Diciembre del 2012

Luis Eduardo López Padilla