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Kairos Maya y Cronos Divino

En virtud de que el tema del 2012 gira en torno a una fecha particular, lo que los antiguos griegos llamaban el cronos, se impone aclarar - y contra la opinión generalizada dentro de la fe católica de que no hay manera de saber la llegada de los tiempos - que la misma Sagrada Escritura "revela" las claves del "reloj divino" para su cumplimiento, tanto del kairos – tiempo aproximado - como del cronos, tiempo exacto.

En efecto, son dos los profetas que tienen, por decirlo así, las "llaves del tiempo": Daniel y Juan. Daniel tiene tres profecías del tiempo: "los tres tiempos y medio" (7, 25); la profecía de las "dos mil trescientas tardes y mañanas" (7, 13 – 14) y las "setenta semanas" (9, 24 – 27). Pero a Daniel, el Señor le dice claramente: "Guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin" (12, 4).

Por su parte, Jesucristo le dice a Juan: "No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca" (22, 10) y en otro capítulo muy importante (c.10), y que pasa desapercibido para la gran mayoría, Juan tiene una visión de un Ángel poderoso, que juró por Aquél que vive por los siglos de los siglos... y gritó: "Ya no habrá más dilación (...) pues se va a consumar el Misterio de Dios, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas" (10, 6 – 7) y tú, "tienes que profetizar de nuevo, contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (10, 11). ¡Todo lo anterior para quien tenga sabiduría!

Por tanto, es un grave error subestimar a Dios en cuanto a fechas y tiempos se refiere. Dios, estando en la eternidad – donde no hay tiempo – es, sin embargo, dueño del tiempo, del pasado y presente.  Todo lo tiene pesado y medido.

"¿Quién ha medido el océano con la palma de la mano o calculado con los dedos la extensión del cielo? ¿Quién ha puesto en una medida todo el polvo de la tierra, o ha pesado en una balanza las colinas y montañas?" (Is, 40, 12).

Por tanto, desde el principio Dios tiene determinada cada hora, minuto y segundo de cada acontecimiento de la historia. Cuando se suele decir que "Dios concedió un tiempo adicional para tal o cual evento", o "que por las oraciones de los fieles se ha pospuesto un suceso", o "que Dios le ha dado una nueva oportunidad" o "que no era su tiempo", etcétera, aún en estas eventualidades que alejan o acercan acontecimientos en el mundo, según las oraciones de los fieles, Dios lo ha previsto todo desde siempre. Entonces, con mayor razón los tiempos finales han sido determinados.

"Mira voy a manifestarte lo que ocurrirá al fin de la ira, porque el fin está fijado" (Dn 8, 19).

Más aún, también el cosmos y su movimiento completo le pertenecen a Dios.

"Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. El día al día comunica el mensaje  y la noche a la noche transmite la noticia. No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír; su pregón sale por toda la tierra y sus palabras llegan hasta los confines del orbe" (Sal 19, 2 – 7). Y también "Él cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre" (Sal 47, 2).

Nada queda pues fuera de Su Omnisciencia y Sabiduría. Todo le da gloria absoluta: "Bendecid al Señor, sol y luna: estrellas del cielo, bendecid al Señor" (Dn 3, 57 y ss.).

Y el libro del Génesis lo certifica:

"Dijo Dios: haya en el firmamento de los cielos luceros para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra. Y así fue, hizo Dios los 2 grandes luceros, el primero para presidir el día y el menor para presidir la noche y las estrellas*" (1, 14 – 16).

Toda la escritura revela pues tiempos y fechas, pero es para quien tenga sabiduría. Cada cifra, cada número, cada matemática dada por Dios a través de los profetas en el Antiguo Testamento, o mencionado por Jesucristo en el Nuevo Testamento, tiene una razón específica que marca un tiempo o un propósito más profundo. Más aún, el arcano de Dios es el número 7, pues es el símbolo de lo perfecto. Toda su creación se sustenta en el 7, de ahí que haya creado al mundo en 7 días o 7 tiempos. Toda la historia está perfectamente dividida en "7 grandes días"; y a su vez, el día del hombre, el sexto, ha sido dividido en "7 días", y basado en la historia y la matemática se concluye con certeza que hemos llegado al final de los tiempos.[1]

Lo que no se puede "medir" es el Tiempo de Dios, pero el del hombre sí, y ese es el que ya está a punto de sufrir un proceso de purificación por virtud de la apostasía.[2]

Aunque Dios no ha querido recorrer mucho el velo de los tiempos con el propósito de que siempre estemos preparados "porque no sabéis el día ni la hora" (Mt 25, 13), al mismo tiempo nos pide estar atentos a escudriñar las señales de los tiempos (Lc 12, 54-56). Esa es la diferencia entre el cronos – el tiempo exacto – y el kairos – el tiempo aproximado, los momentos cercanos. El primero le compete a Dios, el segundo a nosotros.

Bajo esta tesis, el Diablo también ha sabido escudriñar los tiempos y sabe que su "victoria" está cerca (aunque él cree por su soberbia ceguera que será absoluta y para siempre), y la anuncia con bombo y platillo: 2012. Como todo, hay en esto parte de verdad y parte de mentira.

Precisando:

Es Dios y sólo Dios dueño del tiempo, tanto del macrocosmos como de todo cuanto existe en la tierra, particularmente la vida y destino del hombre.

En el proceso del tiempo, Dios siempre ha respetado la libertad humana.

Toda la sabiduría del cronos Divino en relación con la vida del hombre en la Tierra está revelada en la Escritura. En algún momento dicha sabiduría quedará abiertamente manifestada a los hombres.

El Diablo ha pretendido adueñarse de "los tiempos de Dios" para con el hombre, y en medio de distorsiones y sombras ha transmitido también "sus tiempos", que no son otros sino los que el Padre Eterno ha determinado para él, y que se conocen como "la hora del poder de las tinieblas". Para Jesucristo "la hora del poder de las tinieblas" comenzó con la traición de Judas y su prendimiento en el huerto de los olivos.

De la misma manera, el mundo y la Iglesia tendrán su "hora del poder de las tinieblas", y sin duda, está cercana al 2012.

Esta "hora del poder de las tinieblas" es la que el mundo esotérico ha precisado como diciembre del 2012.

Ante una serie de eventos que tendrán lugar en el mundo en general, se pretenderá tergiversar su origen y propósito como parte de: a) evolución de la especie humana: el homo spiritus, que surgepor la potenciación de las capacidades físicas y psíquicas; b) renovación de la Gaia, la Madre Tierra; c) inicio de una era de armonía, amor y bienestar, liderado por seres evolucionados del planeta y/o de la galaxia.

[1] Los últimos Tiempos de los que nos hablan muchas veces las Sagradas Escrituras, comienzan propiamente a partir de la Ascensión de Cristo a los cielos y se van a caracterizar por su falta de fe. Al final de los mismos tendrá lugar la aparición del último y personal Anticristo, así como el Juicio de Naciones, es decir, un juicio o purificación sobre el mundo, el cual anuncian con frecuencia tanto los profetas como el mismo Jesucristo, por vivir los hombres alejados de Dios y a espaldas del Evangelio. De este Juicio de Naciones o castigo saldrá un mundo purificado y renovado desde sus mismas entrañas y al que habrá de seguir una época de paz admirable y de santidad en la que Cristo reinará* "de un confín a otro de la tierra", y en la que  "todos sus enemigos caerán a sus pies y le darán vasallaje", teniendo entonces la Iglesia un triunfo glorioso en un nuevo Pentecostés. Por tanto, no se deben confundir el Juicio de Naciones que tendrá lugar al Fin de los Tiempos, con el Juicio Final que tendrá lugar al fin del mundo. En el primero, el mundo saldrá purificado; en el segundo, habrá de tener lugar el fin de la historia de la humanidad. Entonces, estos tiempos de ahora, en cuya vigencia aún estamos, pero cuyo final ya presentimos, están a punto de terminar. Es decir, estamos por llegar al Fin de los Últimos Tiempos. Insistimos, no debe confundirse el Fin de los Últimos Tiempos, o dicho simplemente, Fin de los Tiempos con el fin del mundo. Cuando llegue el Fin de los Tiempos de las Naciones o de los Gentiles, es natural que se les pida cuenta a éstas - Juicio de las Naciones – sobre los muchos días que tuvieron para entrar a la salvación de Dios, para convertirse. Cuando llegue el otro fin, el último, el fin del tiempo, en el Juicio Final de la humanidad, la cuenta será pedida precisamente a toda la humanidad, a todos y a cada uno.

[2] Una de las principales características de los Últimos Tiempos será la falta de fe, el enfriamiento de la caridad, el crecer de la maldad en general, tal y como se constata con todo lo que sucede en el mundo hoy en día.

21 de Diciembre del 2012

LUIS EDUARDO LÓPEZ PADILLA