Homo Luminous

El comienzo del tercer milenio no sólo llegó dos mil años después del nacimiento de Cristo, sino también en una época en que para los astrólogos la Era de Piscis – conocida para ellos como la era cristiana – está tocando a su fin. Estas reflexiones se refieren a la Nueva Era, que recibe su nombre de la inminente Era astrológica de Acuario.

La Nueva Era es uno de los muchos intentos de dar sentido a este momento histórico con que es bombardeada la cultura occidental.

Cuando se examinan muchas de las tradiciones de la New Age, enseguida aparece claro que es poco lo que hay de nuevo en la Nueva Era. El nombre parece haberse difundido a través de los rosacruces y la francmasonería en tiempos de las revoluciones francesa y americana. Sin embargo, la realidad que denota es una variante contemporánea del esoterismo occidental, que se remonta a los grupos gnósticos surgidos en los primeros tiempos del cristianismo y que se afianzaron en época de la Reforma en Europa.

Ya Juan Pablo II alertaba respecto al “renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma de la llamada New Age. No debemos engañarnos pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovación de la religión” (Cruzando el Umbral de la Esperanza, Barcelona. Plaza & Janés. 1994, pp. 103-104).

Religiosidad Esotérica

La Nueva Era no es un movimiento en el sentido en que normalmente se emplea el término “nuevo movimiento religioso” (NMR), ni es lo que normalmente se da a entender con los términos “culto” o “secta”. Es mucho más difuso e informal, ya que atraviesa las diversas culturas, en fenómenos tan variados como la música, el cine, seminarios, talleres, retiros, terapias, y otros muchos acontecimientos y actividades. Si bien algunos grupos religiosos o para-religiosos han incorporado conscientemente algunos elementos de esta mentalidad, la Nueva Era no es un movimiento individual uniforme, sino más bien un entramado amplio de seguidores cuya característica consiste en pensar globalmente y actuar localmente. No obstante, se puede situar la Nueva Era en el contexto más amplio de la religiosidad esotérica, cuyo atractivo sigue creciendo.

Un Signo de los Tiempos

Al igual que sucede con otros muchos signos que se están dando en nuestro tiempo y que impactan la forma de vida y pensamiento de la sociedad moderna, la New Age se presenta como una importantísima señal de los tiempos. Muchos de los analistas y estudiosos de NMR, incluso dentro de la fe católica, ven en esta cosmovisión de la Nueva Era un movimiento de la post-modernidad que, como muchos otros, pasará pronto de moda. Pero esto es un grave error de discernimiento, puesto que en el contexto de los innumerables signos de los tiempos, la esencia de la New Age está formulando fundamentalmente el anuncio, valga la repetición, del inicio de una nueva Era para la humanidad de tal envergadura que pretende suceder en el puesto a la Era del cristianismo hasta el extremo de suplirlo y ahogarlo definitivamente; hecho que es de tomarse en cuenta, pues junto con este nuevo tiempo se anuncia el advenimiento de un nuevo avatar, de un nuevo “mesías” para esta Era de Acuario, de la misma manera que Jesús – dicen los promotores de la New Age – fue el Cristo de la Era de Piscis. Por tanto, quien no vea en esta propuesta la realización y cumplimiento de la profecía señalada en el Apocalipsis respecto a la falsa religiosidad que acompañará a la venida del Anticristo está ignorando esta importante pieza del rompecabezas apocalíptico.

Profetas, Maestros  y Filosofías

Todo el proyecto New Age ha sido preparado por múltiples profetas y “maestros”. Desde las creencias centenarias de la francmasonería, las enseñanzas de la Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky y los rosacruces a los libros de David Spangler y la física atómica de Fritjof Capra. Desde las enseñanzas de Mary Baker Eddy y su Ciencia Cristiana a las profecías sobre la gran paz de Baha’u’lláh, “abdu’l-bahá y Shoghi Effendi. Desde las teorías de los psicólogos Carl Jung, Abraham Maslow y Carl Rogers a la Dianética, la Cienciología, y Lifespring. Desde los métodos espirituales de las artes marciales a la Meditación Trascendental instruida por Maharishi Mahesh Yogui. Desde la revitalización de la astrología y la conciencia de la Era de Acuario introducida por el musical Hair a la Conspiración de Acuario de Marilyn Ferguson. Desde los libros acerca de la actitud mental positiva de Napoleón Hill a las obras Megatrends de John Naisbitt. Desde los cursos de Control Mental de José Silva a la obra Un Curso de Milagros de Helen Schuman. Desde el cuento de una gaviota de Richard Bach a un Camino sin Huellas de M. Scout Peck. Desde las últimas secuelas de Star Trek y las películas de la Guerra de las Galaxias de George Lucas, que iniciaron a millones de personas en el concepto de poder de la “fuerza” interior, a los libros, conferencias y películas de Shirley Maclaine, proclamando que cada uno debe ser su propio dios. Desde las profecías de Edgar Cayce a los pronunciamientos de Ramtha, Seth, Lazaris y otros sabios a través de “canales” como J. Z. Knight, Jane Roberts, Jach Purcel y Kevin Ryerson. Desde el resurgimiento de religiones naturales como la santería, la Wica, y la santa muerte hasta el crecimiento exponencial de las religiones orientales como el budismo y el hinduismo y los millones de personas que practican el yoga, el chamanismo y la medicina holística. Desde el Canto del Pájaro de Anthony de Mello hasta el “cristo cósmico” de Teilhard de Chardin. Desde el libro el Retorno de los Brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier hasta Alice Anne Bailey autora del libro La Reaparición de Cristo y las enseñanzas de Maitreya y los maestros ascendidos de Benjamín Creme. 

Y todas estas creencias y “filosofías” se ajustan a los siguientes principios o visiones:

Visión Ecológica

La generalización de la ecología como fascinación por la naturaleza y  la sacralización de la tierra, la Madre Tierra o Gaia. En esta visión el universo contiene a “Dios”.

Tradición Esotérico- Teosófica

En esta cosmovisión, el universo visible y el invisible están vinculados por una serie de correspondencias, analogías e influencias entre el microcosmos y el macrocosmos, entre los planetas y las diversas partes del cuerpo humano; entre el cosmos visible y los ámbitos invisibles de la realidad. Las personas pueden conectar con los mundos superior o inferior mediante su imaginación, o bien recurriendo a mediadores (ángeles, espíritus, demonios) o rituales. 

Las personas pueden ser iniciadas en los misterios del cosmos, Dios, o el yo, por medio de un itinerario espiritual de transformación. La meta última es la gnosis, la forma superior de conocimiento, equivalente a la salvación. Las enseñanzas esotéricas se transmiten de maestro a discípulo en un programa gradual de iniciación. 

Sacralización de la Psicología

En su obra The Aquarian Conspiracy – La Conspiración de Acuario – Marilyn Ferguson dedicó un capítulo a los precursores de la Era de Acuario, aquellos que habían tejido una visión transformadora basada en la expansión de la conciencia y en la experiencia de la auto trascendencia. Entre ellos están el psicólogo americano William James y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. Ambos personajes contribuyeron a la “sacralización de la psicología”, que se ha convertido en un elemento fundamental del pensamiento y de la práctica de la Nueva Era.

La tendencia a intercambiar la psicología y la espiritualidad fue retomada por el Movimiento del Potencial Humano cuando éste se desarrolló a finales de los años sesenta en el Instituto Esalen de California. La Psicología Transpersonal, fuertemente influida por las religiones orientales y por Jung, ofrece un camino contemplativo donde la ciencia se encuentra con la mística. Esto se podía llevar a cabo escogiendo la terapia adecuada: la meditación, las experiencias parapsicológicas, el uso de drogas alucinógenas.

Salud Holística

La sanidad holística se centra en el importante papel que desempeña la mente en la curación física. Se dice que la conexión entre los aspectos espirituales y físicos de la persona se encuentra en el sistema chakra hindú. El desarrollo de nuestro potencial humano nos pondrá en contacto con nuestra divinidad interior. Se dice que la fuente de la sanación está dentro de nosotros mismos, que la podemos alcanzar cuando estamos en contacto con nuestra energía interior o con la energía cósmica. 

El Sentido de Totalidad

El movimiento Nueva Era es la búsqueda de la “totalidad”. Invita a superar todas las formas de dualismo, ya que dichas divisiones son un producto insalubre de un pasado menos iluminado. Las divisiones que según los promotores de la Nueva Era se deben superar, incluyen la diferencia real entre el Creador y la creación, la distinción real entre el hombre y la naturaleza o entre el espíritu y la materia, todas las cuales son consideradas erróneamente como formas de dualismo.

La Auto Perfección del Ser Humano

La Nueva Era implica una creencia fundamental en la perfectibilidad de la persona humana mediante una amplia variedad de técnicas y terapias. En este contexto, la perfección significa alcanzar la propia realización según un orden de valores que nosotros mismos creamos y que alcanzamos por nuestras propias fuerzas: de ahí que podamos hablar de un “yo auto-creador”. Desde esta óptica, hay más diferencia entre los humanos tal como son ahora y como serán cuando hayan realizado su potencial, que la que existe actualmente entre los humanos y los antropoides. 

Somos co-creadores y creamos nuestra propia realidad. En esta visión, cada individuo es considerado fuente creadora del universo. No existe el pecado; sólo hay conocimiento imperfecto. La identidad de cada ser humano se diluye en el ser universal y en el proceso de sucesivas encarnaciones. Los hombres están sometidos al influjo determinante de las estrellas, pero pueden abrirse a la divinidad que vive en su interior, en una búsqueda continua (mediante las técnicas apropiadas) de una armonía cada vez mayor entre el yo y la energía cósmica divina.

El Dios del que habla la Nueva Era no es ni personal ni trascendente. Tampoco es el Creador que sostiene el universo, sino una “energía impersonal”,  inmanente al mundo, con el cual forma una unidad cósmica: “Todo es uno”.

Nuevo Modelo del Universo

El paso del modelo mecanicista de la física clásica al “holístico” de la moderna física atómica y subatómica, basado en la concepción de la materia como ondas o quantos de energía en lugar de partículas, es central para el pensamiento de la Nueva Era. El universo es un océano de energía. No hay alteridad entre Dios y el mundo. El mundo es increado, eterno y autosuficiente. Dios y mundo, alma y cuerpo, inteligencia y sentimiento, cielo y tierra son una única e inmensa vibración de energía. 

Dios Interior

La idea fundamental es que “Dios” se encuentra en el fondo de nuestro interior. Somos dioses y descubrimos el poder ilimitado que hay dentro de nosotros. En este sentido la Nueva Era tiene su propia idea: transformarnos en dioses o, más exactamente, reconocer y aceptar que somos divinos. A diferencia de la New Age, en el cristianismo la forma de entender la divinización, no se realiza solamente en virtud de nuestros esfuerzos, sino con el auxilio de la gracia de Dios, que actúa en y por medio de nosotros. Naturalmente, esto implica una conciencia inicial de nuestra imperfección, incluso de nuestra condición pecadora, todo lo contrario de la exaltación del yo, que es la base de la Nueva Era.

Un Fondo de Verdad

El primer problema al que nos enfrentamos al querer enjuiciar a la New Age es que este movimiento es tan sincretista y tan multiforme que no es posible hacer una crítica en su conjunto; es más, la New Age presenta un fondo de verdad en muchos de sus principios, aspectos que en sí mismos no son despreciables sino atractivos y aún positivos, y que de hecho obligan al Cristianismo a redescubrir aspectos descuidados en su enseñanza y práctica, como por ejemplo:

Una toma de conciencia de lo sagrado de toda la creación por la presencia inmanente de Dios en todas las cosas, como lo vemos por ejemplo en Francisco de Asís.

Un redescubrimiento del ministerio curativo integral de la Iglesia: curar, como lo hizo Jesucristo: los cuerpos, las almas y los espíritus de las personas; ser instrumentos de la curación de Dios como en el Nuevo Testamento, a través de la oración, la imposición de las manos y la unción con el aceite.

Un redescubrimiento tanto en la teoría como en la práctica de la mística de la Iglesia a través de la meditación y contemplación cristianas.

Una nueva toma de conciencia de la unidad de la raza humana bajo la paternidad común de Dios y un deseo de trabajar por la paz y la armonía de todos los pueblos.

El reconocimiento de la huella divina en la conciencia esencial del hombre que le permite descubrir que tiene un alma inmortal y que está ligado a Dios desde el principio de los tiempos, que le debe sensibilizar la capacidad que el ser humano tiene para participar de la divinidad de Dios. Un ejemplo claro de ello es la cita de Jesucristo: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!” (Mt. 6, 22-23). Aquí Jesucristo no se refiere a los ojos del cuerpo sino al ojo del alma, la capacidad sobrenatural para percibir a Dios.

Una toma de conciencia de lo sagrado de la creación trina del hombre – hecho a imagen y semejanza de Dios – con un cuerpo capaz de sublimizar todos sus sentidos al máximo por el sacrificio; con un entendimiento capaz de mover montañas por la fe; y con un alma capaz de ser inhabitada por el Espíritu Santo y participar de la divinidad de su Creador.

La convicción de alcanzar la unidad con uno mismo, con los demás, con la creación y con Dios.

Graves Errores

No obstante, la Nueva Era es radicalmente anticristiana. En un discurso de S.S. Juan Pablo II al tercer grupo de obispos de los EE.UU. en su visita ad limina, el 18 de mayo de 1993,  dijo lo siguiente:

"Mientras sigue avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, hay una nueva demanda de espiritualidad, como lo muestra la aparición de muchos movimientos religiosos y terapéuticos, que pretenden dar una respuesta a la crisis de los valores de la sociedad occidental. Esta inquietud del homo religiosus produce algunos resultados positivos y constructivos, como la búsqueda de un nuevo significado de la vida, una nueva sensibilidad ecológica y el deseo de ir más allá de una religiosidad fría y racionalista. Por otra parte, este despertar religioso trae consigo algunos elementos muy ambiguos, incompatibles con la fe cristiana. (…) En su perspectiva sincretista e inmanente, estos movimientos pararreligiosos prestan poca atención a la Revelación, más bien, intentan llegar a Dios a través del conocimiento y la experiencia, basados en elementos que toman prestados de la espiritualidad oriental y de técnicas psicológicas. Tienden a relativizar la doctrina religiosa a favor de una vaga visión del mundo, que se expresa mediante un sistema de mitos y símbolos revestidos de un lenguaje religioso. Además proponen a menudo una concepción panteísta de Dios, incompatible con la Sagrada Escritura y la tradición cristiana. Reemplazando la responsabilidad personal de nuestras acciones frente a Dios con un sentido del deber frente al cosmos, tergiversando así el verdadero concepto de pecado y la necesidad de la redención por medio de Cristo" (Reproducido en 'Palabra', 343/4, Madrid, agosto 1993, p. 129).

Medias verdades

Por tanto, hay  que decir que no todo lo que produce un bien es necesariamente bueno, y no todo lo que es agradable es necesariamente verdadero: la suma de medias verdades no conduce más que a otra media verdad. Por eso la perversión de la verdad es la culpa más grave. “Porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador” (Rom. I 1, 25).

Dios extraño

Dios no es energía ni fuerza cósmica. Dios es espíritu puro, eterno, infinitamente perfecto, omnipotente, Creador de cielos y tierra y dueño y soberano de todas las cosas. Dios ha designado una comunidad de tres personas distintas que viven en perfecta unión en el amor mutuo y que se ha manifestado a nosotros por medio del sólo y único Cristo, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Verbo hecho carne nacido de María Virgen en Belén bajo el imperio de Augusto y que murió bajo Poncio Pilatos en los alrededores de Jerusalén, y que al tercer día resucitó de entre los muertos y que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre y ese mismo Jesucristo, no otro ni nadie más, vendrá de nuevo a juzgar a vivos y muertos y a manifestarse como el único Juez de la Historia, de todos los siglos y de todos los hombres.

Es falso afirmar que Dios coincide con el hombre, pues Dios es trascendente a nosotros. En la unidad de Dios con el hombre no hay fusión ni confusión, sólo existe el amor entre el Creador y criatura, una comunión de amor.

La Oración

La oración nunca es coincidencia con el yo profundo. La oración supone alteridad, adoración, acción de gracias, súplica, fe. La oración cristiana es siempre cristo céntrica y trinitaria, dirigida al Padre a través del Hijo en el Espíritu Santo. Y también es eclesial, es decir, a través del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia.

Antropología

La antropología del New Age es deficiente pues afirma que el hombre no es libre ni responsable de sus acciones sino que participa consciente o inconscientemente del cosmos. Pero no es así. El hombre es fundamentalmente bueno pero su naturaleza está herida por el pecado original y necesita de la gracia de Dios para vencer sus pasiones.

Sacrificio

Resulta por demás llamativo que el tema del sacrificio y de la cruz no aparece por ningún lado. Para la New Age la cruz y el sufrimiento no tienen ningún sentido; sufrir es absurdo y estéril. La redención hecha por Cristo mediante la cruz es locura y escándalo. La redención para la New Age viene a través de las técnicas de expansión de la conciencia, de viajes al umbral de la muerte, etc.

Una de las causas por la que existe en la actualidad una gran confusión y alejamiento del verdadero camino que conduce al Padre es precisamente el que los hombres han arrojado lejos de su vida la cruz de Cristo. Se ha olvidado, aún dentro del ambiente cristiano, que el sufrimiento, vivido en unión a la cruz de Cristo es fuente de purificación y de salvación.

El sufrimiento es, pues la forma suprema de aprendizaje. Por eso, se afirma una gran verdad cuando se dice: amor es igual a sacrificio.

Técnicas Orientales

a)   La Iglesia nada rechaza de lo bueno y santo que puedan tener las religiones orientales.

b)   Las técnicas orientales encaminadas a una preparación psicofísica para la meditación y contemplación cristiana no tienen nada de malo.

c)   Las técnicas orientales que pretenden experiencias análogas a los místicos son perjudiciales e impropias, puesto que:

-  Toda experiencia mística viene de lo alto.

-  La meditación cristiana tiene como fin la contemplación y la posesión de Dios (no el nirvana, o el vacío, o el yo profundo).

-   No se puede prescindir de la humanidad de Jesús para llegar a la trinidad.

Homo Luminous

El misticismo, la alta espiritualidad, la unidad del ser trino, la relación del hombre con la creación, la plenitud de las potencialidades humanas, la conciencia esencial y más, no son ajenas al plan primigenio de Dios. Él dijo: “SED PERFECTOS COMO MI PADRE CELESTIAL ES PERFECTO”. El Homo Luminous. Y así se cumplirá en el tiempo de la historia del hombre dentro del proyecto divino. Pero de esto, hablaremos en otra ocasión. 

 

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