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¿En qué Consiste El Triunfo del Corazón Inmaculado?

Tuve la oportunidad de estar en Fátima, Portugal los días 12 y 13 de junio, coincidiendo con las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Por la noche del viernes 12 tuvo lugar la vigilia con ocasión del aniversario 98 de la segunda aparición ocurrida el 13 de junio de 1917.

 

Las palabras de la Virgen transmitidas a Lucía en 1917 de que ella quedaría un tiempo más en el mundo para hacer conocer la devoción al Corazón Inmaculado de María adquirieron mayor prioridad. Pero sobre todo la promesa incondicional que la Madre de Dios transmitió al mundo desde 1917: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Horizonte Desolador

Pero en el horizonte no se visualiza no sólo ese triunfo, sino que tampoco el Corazón Inmaculado de María está ahora en el centro de la Iglesia como reconocido, aceptado y hecho vida en la vida cristiana de los fieles, sino que muy al contrario, lo que percibimos en el futuro inmediato son negros nubarrones, trompetas que anuncian cada vez más una guerra inminente y una nueva derrota para la humanidad. Percibimos la cultura de la muerte mediante odios, mentiras, discordias, asesinatos, sin amor por la patria ni por la familia. Percibimos divisiones y enfrentamientos entre sacerdotes, obispos y cardenales. Percibimos una espiritualidad muy pobre en la vida cristiana de los hombres y una indiferencia profunda a las cosas de Dios. Percibimos que el poder, el dinero y la corrupción son lo que gobierna en el mundo.

¿Dónde está entonces ese prometido triunfo del Corazón Inmaculado de María? ¿De qué forma y cuándo va a suceder? Y en su caso, ¿qué consecuencias prácticas traerá al mundo y a la Iglesia el triunfo profetizado por la Santísima Virgen?

El Sentido de la Profecía

Es aquí precisamente que el sentido profético adquiere su principal relevancia. Cuando los eventos que nos tocan vivir parecen confirmar los más terribles presagios, como en el caso presente, las profecías contribuyen enormemente a fortalecer la fe en momentos de tribulación, porque está profetizado precisamente que “las puertas del infierno no prevalecerán”, lo que indica que aunque habrá momentos de gran obscuridad e incluso de derrotas, la batalla final será ganada por la estirpe de la Mujer, cuya cabeza es Cristo.

Y así es, en este final de los tiempos en que los signos y señales parecen que el mundo de las tinieblas todo lo envuelve y derrotan definitivamente al mundo de la luz, en lo más escondido, sin hacer ruido, en el silencio, en el desierto de la oración y el sacrificio y desconocidos del mundo se están formando unos apóstoles guiados por la mano de la Santísima Virgen para que se conviertan en el talón con el que Ella va a aplastar la cabeza de la serpiente. Este talón –como lo dijera Luis María Grignon de Montfort a inicios del siglo XVIII en su Tratado sobre la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María– son los apóstoles de los tiempos que respondiendo a una llamada del Cielo, llevando una vida de oración y sacrificio intensa; frecuencia de sacramentos; un apostolado firme, constante y diligente concretado en una vivencia palpable de las virtudes cristianas, con el don divino del discernimiento de los signos de los tiempos y el conocimiento de las bases de lo que será la nueva comunidad mística que poblará la tierra en el futuro, trabajan en la edificación de una nueva estirpe que enfrentará al Dragón infernal y lo vencerá, para que se establezca en la Tierra el Reino de Cristo confesado por todos y por todo, contribuyendo a la renovación de este mundo y se cumpla la profecía del Apóstol Pedro: “Cielos nuevos y tierra nueva donde more la justicia” (II Ped. 3, 13).

El Triunfo del Corazón Inmaculado

El triunfo del Corazón Inmaculado tiene una connotación más escatológica de lo que muchos suponen. No es sólo un tiempo de paz al mundo de mayor o menor duración, sino que es ante todo un cambio cualitativo en el devenir de la Historia de la Iglesia y del mundo. Más aún, es el triunfo intrahistórico y mayor fruto de la Redención consumada por Jesucristo en la cruz y que hasta los días de hoy ha quedado en suspenso. Es hacer que todas las cosas queden restauradas en Cristo Nuestro Señor según la sentencia de Pablo a Efesios (I, 9 -10). Es el cumplimiento y la realización de la segunda petición del Padre Nuestro: “Adveniat regnum tuum”, es decir, Venga a nosotros tu reino para que se haga Tu Voluntad en la Tierra como en el cielo. Es consecuencia de la acción del Espíritu Santo que encenderá en todos los corazones el fuego de Su Amor y renovará todas las cosas.

Batalla Previa

Por tanto, este triunfo supondrá una batalla previa y final entre la luz y las tinieblas; entre la Mujer vestida del sol y el Dragón de 7 cabezas y 10 cuernos (Apoc. XII). Batalla que traerá en su momento al hombre de la iniquidad, al hijo de la perdición, que se alza y se opone a todo lo que se dice Dios o es adorado; usurpando el lugar de Cristo y llamándose Dios a sí mismo (II Tes. 2), y coadyuvante de una gran tribulación cual no la ha habido desde el principio del mundo que Dios creó y no la habrá en el futuro (Mt. 24). Y cuando parezca que todo esté perdido y que la Iglesia ha sido derrotada definitivamente, el Corazón Inmaculado de María expresado en los apóstoles renovados y transformados en el Amor de Dios, y guiados por la mano de su formadora y capitana, darán la guerra a las huestes infernales y la ganarán para su Reina, para Dios y para su Cristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores (Apoc. 19,16).

Parusía

En otras palabras, este triunfo del Corazón Inmaculado de María no es sino parte de la llamada Parusía, periodo que comprende un largo tiempo histórico en el que se inaugura a plenitud el cumplimiento del plan de Dios para con el género humano y en el que “Cristo debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies” (I Cor. 15, 25), y culminará cuando Cristo entregue su reino al Padre. Esta Parusía comienza de hecho con la Justicia Divina sobre las naciones en este mundo (Jer. 25, 30) y termina con el establecimiento de la llamada Jerusalén Celestial (Apoc. 21,2), previa la Segunda Venida de Jesucristo a la Tierra en medio de las nubes.

Por tanto, dentro de la Parusía encontramos lo que el Apocalipsis denomina el Milenio de Paz y que coincide plenamente con el triunfo del Corazón Inmaculado. Asimismo, una y otras realidades, el Milenio y el triunfo de María, coinciden con la llamada Nueva Jerusalén. Como comprenderá entonces el lector, son todos estos conceptos detallados y explicados en el libro del Apocalipsis, el último libro de la Revelación, lo que asocia inmediatamente a la aparición de Fátima con los tiempos claramente apocalípticos, no sólo con el Juicio de Naciones que esto supone sino principalmente con el triunfo e instauración del Reino de Cristo en la Tierra confesado por todo y por todos y en el que habrá un solo rebaño y un solo pastor (Jn. 10, 11).

Expresado en otras palabras: todo este mal que ahora estamos viviendo y que ya hemos identificado con el deterioro espiritual y moral de las almas; la crisis que envuelve a la Iglesia en su conjunto y la confusión y odio que hay entre los pueblos y las naciones que desencadenarán en males mayores, todo ello, será ahogado en la sobreabundancia del bien divino que supondrá la Parusía o manifestación espiritual del Señor y cuyo centro será el Triunfo del Corazón Inmaculado de María a través de la acción diligente de hombres y mujeres que habiendo entendido los signos de los tiempos y respondiendo con generosidad al llamado del Cielo, desarrollaron una vida de crecimiento espiritual y formación de la Verdad Absoluta para ser ese talón de la Señora que constituyen el pequeño reinado de María, lo más valioso de su Corazón Inmaculado.

Civilización del Amor

El triunfo del Corazón Inmaculado de María significará el fin de la civilización actual, como se le conoce, civilización que se ha vuelto capaz de corromper a todo y a todos pues está de raíz totalmente corrompida. Es necesario una transformación del estado actual del hombre consigo mismo, con los demás, con la creación entera (leer la encíclica del Papa Francisco Laudato si), y desde luego, con respecto a Dios. Y esto dará lugar a una nueva civilización a lo que ya Paulo VI y Juan Pablo II habían denominado como la Civilización del Amor. Civilización que es una expresión social del triunfo del Corazón Inmaculado de María, y que hará que se establezca en la Tierra una paz universal tal y como está profetizado, pues llegará el día en que “no se alzará la espada gente sobre gente, ni se ejercitarán para la guerra” (Is 2, 4-5).

Será una época en que habrá gran bienestar y prosperidad temporal pues “los árboles del campo darán fruto y la tierra dará sus productos” (Is 30-44). “Los montes destilarán mosto y todas las colinas abundarán de fruto” (Amos 9,13) y “la tierra se llenará del conocimiento del amor de Dios como una invasión de las aguas del mar... entonces habitará el lobo con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito; la osa y la vaca pacerán lado a lado y juntas acostarán a sus crías. El león comerá paja con el buey, y el recién nacido meterá la mano en la madriguera del basilisco” (Is. 11, 6 – 8).

Entonces la paz y la justicia reinarán, la prosperidad temporal permanecerá, los desiertos florecerán y tendrán cosechas de frutos, habrá longevidad en los habitantes de la tierra, se amansarán los animales y las “criaturas, liberadas de la servidumbre de la corrupción, participarán en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8, 21), porque la tierra quedará libre de la maldición a la que Dios la sometió por el pecado (Gén. 3, 17).

La Civilización del Amor llegará con otro espíritu; con el del amor que emana del sacrificio. El fundamento teológico de esta civilización es Dios que nos remite a Cristo, que no es sino el mensaje del Evangelio impregnado en toda la sociedad, y lo que el mismo Evangelio llamó el reino de Dios en la tierra. Y este no podrá llegar a realizarse sino por la poderosa intercesión del Corazón y triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Reinado del Sagrado Corazón

Pero el Triunfo del Corazón Inmaculado de María está íntimamente unido al triunfo del Sagrado Corazón de Jesús, pues no pueden separarse uno del otro. Uno es causa del otro y viceversa. Ambos dos, Rey y Reina, no son sino la causa de esta anhelada civilización del amor que hará que se cumpla a Plenitud la razón por la cual el Verbo de Dios se hizo hombre, para que todo –creación y hombre– volvieran a su estado prístino y cumplieran la misión para la cual fueron creados. Es el Corazón Inmaculado de María el modelo de esta Nueva Comunidad, pues es en María que se cumple todo el Plan de Dios que quiso para toda la humanidad, pero que se entorpeció y quedó en suspenso por el pecado original.

Por eso, cada vez más cerca este cielo nuevo y esta tierra en que empezará la verdadera revelación de los hijos de Dios, fruto maduro de la Parusía y en el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

¿Cuándo ocurrirá esto?

Cuando el fuego abrazador del Espíritu de Dios sea capaz –y lo será– de transformar el corazón de piedra en un corazón de carne de solo aquellos que sepan Vencer su Yo, dejándose inundar por el Amor emanado del sacrificio. Quien no lo alcance o no haya caminado en esta dirección, no será escogido para ser parte de esta nueva estirpe del Corazón Inmaculado de María.

Será esencial también que la  Iglesia se abra a la acción de la Poderosa Intercesión de La Mujer Vestida del Sol. Ella es la Formadora; la capitana del ejército de apóstoles de los tiempos y es la Vencedora con esos apóstoles del Dragón infernal; es también la Reveladora del Misterio Septi-forme de Dios. La que hará que todo sea un homenaje al Rey de Todos y de Todo hasta la consecución de la Meta Final establecida por el Padre desde el Principio de Todo…

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