De Papa a Monje

En el año 2007 este servidor escribió un libro intitulado Dos Papas en Roma. En semanas recientes no pocos me han comentado que el libro ha confirmado los hechos actuales respecto al Papa Francisco y a Benedicto XVI. Pero esto no es así. Además de prever otro escenario, la lectura que queremos analizar ahora  es mucho más profunda.

En efecto, la trascendencia de la renuncia del Papa Benedicto XVI tiene otras connotaciones mucho más ascéticas y místicas que lo que a primera vista parece. No fueron pocos los que criticaron al entonces Papa Benedicto XVI por haber renunciado a su misión petrina que, a la luz del pontificado que al extremo asumió Juan Pablo II, pareciera una acción no sólo falta de fe sino poco generosa y hasta egoísta. Pero nada más falaz que este calificativo. Dentro de la estrategia de la Sabiduría que reveló la renuncia de Benedicto XVI, ahora la Iglesia se presta a contar con dos bastiones para enfrentar los difíciles retos espirituales que se avecinan. No sólo el romano pontífice en la persona de Francisco, sino ahora un Papa que se hace monje y que con su vida de oración profunda y gran ascetismo como los grandes heraldos de la Orden de San Benito, ambos derramarán a la Iglesia una gran gracia de fortaleza espiritual.

Cuando el Papa Benedicto XVI dijo con ocasión de su renuncia que se retiraría a una vida de plegaria no lo dijo por un simple eufemismo, sino que en sus palabras encontramos una mayor profundidad y que se traduce en lo siguiente: no me retiro de la gran batalla que enfrenta la Esposa de Cristo, sino que la encaro con más intensidad desde la oración para enfrentar a los dragones que asechan a la Iglesia, y que sea otro más joven el que asuma la tarea práctica de la Iglesia. Como dice un texto de Chesterton: "Al revés de lo que se cree, cuando las cosas andan realmente mal, ya no se necesita al hombre práctico, es la hora del hombre teórico, del contemplativo".

Por eso, este próximo 2 de mayo en que el Papa Emérito Benedicto XVI regresa al Vaticano al monasterio de clausura Mater Ecclesiae, lo hace igual que un anacoreta deja el valle para irse a lo más alto del monte, para apoyar ferozmente con su silencio y su oración al Pedro que afronta en la cotidianeidad los ataques más infernales que la Iglesia ha conocido. Este panorama no podía ser previsto sino por la acción de la Sabiduría Divina que le otorga así a la Iglesia un fuerte componente ascético místico para este momento decisivo de la Historia.

Algunos monjes han sido Papas pero esta es la primera vez que un Papa se hace monje. Bienvenido sea Benedicto XVI que con su presencia seguramente fortalecerá la vida monacal de la Iglesia de Cristo.

30 de abril del 2013

LUIS EDUARDO LÓPEZ PADILLA