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Nuevo Orden, Masonería y México

En estos últimos años ha tomado actualidad un término que cada vez se hace más familiar: Nuevo Orden Mundial. Hay quienes piensan que esta expresión se refiere más o menos a una nueva forma de convivencia pacífica y próspera entre las naciones, donde se viva en paz y con condiciones económicas favorables. Más aún, hay quienes con autoridad política o religiosa la promueven, sin advertir realmente su verdadera naturaleza.  

 

No obstante, para poder entender lo que realmente está sucediendo en el mundo, es necesario aprender y saber mirar detrás de los acontecimientos, que no están ocurriendo por casualidad, sino que existen planes predeterminados, de mucho tiempo atrás, que dirigen a toda la humanidad hacia un objetivo perfectamente establecido. Por eso, los actuales puntos de conflictos y guerras en Siria, Irak, Yemen, Ucrania; los amagos de Corea del Norte e Irán; los atentados terroristas de Isis, la permanente inestabilidad en los territorios ocupados por Israel, las crisis bursátiles, el desplome de la economía mundial, la agitación de los pueblos, la creciente globalización en todos los sectores, la secularización de las religiones monoteístas, las aberraciones morales, la corrupción generalizada, el ataque a la vida humana, los nuevos derechos humanos proclamados por la ONU, etc.; todo tiene un mismo y único origen.

No se trata simplemente de conspiraciones maquiavélicas urdidas por los hombres, sino que es preciso elevarnos al orden sobrenatural para encontrar las dos fuerzas, la del bien y la del mal, que se tienden al máximo en una lucha a muerte por conquistar sobre todo el destino final y eterno de las almas. Esta es una lucha metafísica. Así, las formas que adoptan los hombres, las culturas, los pueblos y las civilizaciones vienen impuestas por el choque histórico de estas dos fuerzas metafísicas, que aun cuando pertenecen al mundo de lo invisible, que no se ve, irremediablemente existen y tienen un impacto en la historia de la vida humana. Detrás de estas fuerzas hay seres reales y poderosos, unos que habitan en este mundo y otros que se mueven en un orden preternatural y que hacen valer todas sus capacidades para apoderarse del mundo y de los hombres. 

Para una gran mayoría de lectores, hablar de conspiraciones o tramas mundialistas resulta poco atractivo o poco serio. El proyecto del Nuevo Orden Mundial es parte de un nuevo paradigma, de una conspiración, de una poderosa red compuesta de multitud de redes que alcanzan todos los ámbitos de la vida y que encabezan millonarios, maestros, científicos, políticos, tecnócratas, artistas, figuras en la medicina, educación, derecho, psicología, miembros de la Casa Blanca, de la Unión Europea, del Sionismo Internacional, del lejano Oriente, todos ellos ligados entre sí por un mismo propósito y unidos por un pacto secreto. Otros millones que trabajan de buena fe en medio del proyecto humanista, secular y anticristiano que lo caracteriza, pero sin tener la menor idea del objetivo final para el cual trabajan.

Masonería y Política

La Masonería ha desempeñado un papel fundamental en el mundo moderno, si bien sumamente oscuro, no por ello menos importante. En efecto, desde el siglo XVIII se erigió la Masonería como un enemigo acérrimo y mortal de la Iglesia Católica, lográndose introducir incluso en su seno mismo. La Masonería ha logrado influir decisivamente en el desarrollo de importantes países del mundo. Ha actuado como factor determinante en la historia – y en la realidad actual – de los Estados Unidos, del Reino Unido, de Francia, de Italia y desde luego en Hispanoamérica y particularmente en nuestro país, México. Asimismo, la Masonería ha sido parte fundamental de la historia de las ideas y de la cultura de Occidente y se propone hoy, sin duda alguna, participar en el control de la configuración mundial en el futuro inmediato.  

Masonería Mundialista

Tal y como lo afirma el autor español Ricardo de la Cierva, se pudiera decir que a lo largo de la historia han existido dos tipos de Masonería: una real y otra aparente. Es decir, una cosa es lo que la Masonería dice ser y otra lo que es; una cosa son las logias, ceremonias, ornamentos y ritos en los que aparentemente se centra toda la actividad masónica y otra cosa distinta es su actuación real en cuanto al poder histórico, estratégico, social y político. Una cosa son las obras de asistencia y beneficencia y otra las orientaciones y actividades de toda clase en las que interviene la Masonería. Por tanto, la Masonería aparente y la Masonería real forman parte de lo que es la llamada Masonería visible, aunque la Masonería real en realidad está oculta, ya que la Masonería moderna ha sido, desde su nacimiento hasta los días de hoy, una sociedad secreta y mantiene en secreto las relaciones de sus miembros y todo el conjunto de sus rituales; aunque no es imposible acceder a ellos, sí es sumamente difícil. Pero por encima de esta Masonería visible, hay otra mucho más profunda y terrible que es la Masonería invisible, es decir, satanista. Y desde luego, la Masonería que apuntala al Nuevo Orden Mundial muy ligada a la satanista y que en realidad es una Masonería Mundialista.

Origen de la Masonería 

Antes de explicar cuál es el origen de la Masonería, conviene hacer también una división, que resulta clara, pero que para muchos no siempre lo es, y que permitirá comprender mejor los inicios de la Masonería. La Masonería hay que dividirla entre la especulativa o teórica que nace en Inglaterra en el siglo XVIII y la operativa, mucho más antigua y que llega a identificarse con mucha mayor claridad a partir del siglo XII. A la Masonería hay quienes la presentan como la heredera de todos los cultos secretos e iniciáticos de la antigüedad, que se fueron prolongando misteriosamente a través de la Edad Media hasta ya muy adelantada la Edad Moderna.

El Cardenal José María Caro, arzobispo de Santiago, en Chile, autor del libro El Misterio de la Masonería, citando a Creus y Coronura, en su obra La Masonería declara que “la doctrina religiosa y filosófica reproducida y propagada por la Masonería son las doctrinas de los antiguos misterios de la India, de Persia, de Etiopía, de Egipto, de Fenicia, de Grecia, de los Romanos, de los Druidas, de la Cábala, de los Gnósticos, de los Maniqueos, de los Templarios y de los Rosacruces” (P. 236, 2da ed).

Además de la opinión del origen de la Masonería como una heredera de todos los cultos secretos de la antigüedad, también hay quienes piensan que el origen de la Masonería se entrelaza con la tradición arquitectónica. Muchos masones creen, a fuerza de verlo repetido en la simbología de sus logias, que su fundador fue Hiram, el rey de Tiro, que recibió de Salomón el encargo de ayudarle a construir el Templo de Jerusalén y que, en funciones de gran arquitecto inició a sus colaboradores en las artes secretas y mágicas del oficio de constructor. El nombre de francmasón –en Francia– o de freemason –en Inglaterra– indicaba ya en la Baja Edad Media a los albañiles distinguidos, que expresaban excelencia en el arte de la construcción y de la piedra.

La Masonería Operativa y Especulativa

Es entonces a partir del siglo XVIII en que se ubica con mayor exactitud la transformación de la llamada Masonería operativa en Masonería teórica o especulativa. Ya estamos prácticamente al final de la época de la construcción de las grandes catedrales, y los gremios de artesanos y constructores empiezan a decaer. Por otro lado, a fines del siglo XVII y principios del XVIII empiezan a tener fuerza todas las ideas racionalistas que van penetrando en los altos niveles de la sociedad británica, todo ello gracias a la aportación fundamental de Descartes. Inglaterra está en medio de una necesidad de transmitir ideas nuevas y conseguir foros de debate social, cultural, científico y político, y así las logias operativas se fueron abriendo cada vez más espacio a este tipo de debate y poco a poco la llamada Masonería operativa se va transformando en una Masonería especulativa.

Entonces empieza la Masonería a ser realmente historia. Y así es como en el Siglo de las Luces, en el siglo XVIII, la Masonería se identifica realmente con toda la corriente de la ilustración; en el siglo XIX la Masonería se identifica con el liberalismo; y en el siglo XX la Masonería, sin perder nada de su fuerte dosis ilustrada y liberal, se va a identificar con la secularización.

Hay un consenso unánime de que el inicio de la Masonería se da en Londres el 24 de junio de 1717.  Es por ello que la llamada Gran Logia de Inglaterra es la que hasta hoy ostenta una especie de primado general masónico, después de haber dado origen en el siglo XVIII a las ramas y obediencias principales de la Masonería en Occidente. Es la Gran Logia de Londres a la que se ha dado en llamar la “madre de todas las Masonerías en el mundo”.

Aunque en la Masonería moderna se dice que está prohibido hablar de política y de religión confesional, la historia moderna confirma que la Masonería ha tenido en todo el mundo una variada dimensión política y religiosa. La Masonería tuvo un impacto fundamental en la Revolución Francesa. Toda la plana mayor del movimiento de la Ilustración, promotor del enciclopedismo, desde Diderot hasta Voltaire, entra en la Masonería. La trilogía revolucionaria de libertad, igualdad y fraternidad es típicamente masónica. Todos los movimientos revolucionarios del siglo XIX cuentan con un componente masónico importante. Carlos Marx y su colega Engels eran masones, y las dos primeras Internacionales Socialistas reconocen una fuerte influencia masónica. El ateísmo abierto, así como un vago deísmo cabe en la Masonería, y así de esta forma los masones de Francia empezaban a tejer su cruzada anticlerical y antirreligiosa que envenenaría a toda la historia de la que México no se escapó. La Masonería italiana se enfrentó a muerte con el papado. En el siglo XIX engendró la revolución liberal italiana, enemiga de la Santa Sede y de su poder temporal.

Y no se diga del nacimiento, desarrollo e impacto de la Masonería en los Estados Unidos, que naturalmente provino de Inglaterra. Los principales patriotas, de Washington para abajo, eran masones, y masones han sido prácticamente la mayoría de los presidentes de los Estados Unidos, donde la Masonería se considera, al igual que en Inglaterra, como una asociación patriótica y altruista, completamente alejada de los tremendismos de los países latinos y fiel a su deísmo original, que incluye respeto por las religiones, según ellos dicen. Finalmente, en el siglo XX, la Masonería ha tenido un impacto brutal en la secularización de la Iglesia Católica, y más aún, se ha introducido dentro del mismo seno de la Iglesia, abriendo de capa un combate terrible contra la Esposa de Cristo y cuyos principales asaltos están aún por venir.

Contra Dios y la Iglesia

Ya en el siglo XIX la Masonería francesa se abrió de capa y luchó por la desaparición de Dios y la destrucción de la Iglesia. Así, la Masonería en el Gran Oriente de Francia trabajó por la separación de la Iglesia y el Estado, misma que se estableció por ley en 1901 y enderezó su batalla contra la Iglesia fundamentalmente en dos frentes: la supresión de la enseñanza católica y la eliminación de las Ordenes y Congregaciones religiosas que en buena parte se dedicaban a la enseñanza. Los partidos políticos franceses de cuña masónica han sido abanderados de la secularización que impera en la sociedad actual, y que sigue siendo el principal objetivo de la Masonería desde su fundación. Asimismo, expresiones simbólicas del ocultismo masónico siguen inundando la capital francesa, como la famosa pirámide del Louvre, con el número de sus rombos que casualmente resulta ser el 666.

La línea masónica francesa atea fue heredada en gran medida en América donde la influencia política y social dejó una huella muy clara a través de los partidos y regímenes liberales, que casi siempre fueron radicales y anticlericales. Pero ninguna Masonería en Iberoamérica fue tan hostil a la Iglesia como la de México. Los libros Historia de México y Episodios de la Revolución Mexicana de Carlos Alvear editados por Jus, así como La Cristiada de Jean Meyer en su trilogía editada por Siglo XXI, hablan de estos embates de la Masonería en México. 

La Masonería en México

Una vez que se consumó la Independencia en manos de Agustín de Iturbide y habiéndose proclamado Emperador de México, fue destituido por las influencias del agente norteamericano y primer embajador en México Poinsett, que pretendía la cesión de los territorios del virreinato al norte del Río Bravo, y por la acción de la Masonería escocesa regida por la Gran Logia Mexicana, Iturbide tuvo que expatriarse y los Estados Unidos se prepararon para apoderarse de esos territorios exigidos por Poinsett, con el apoyo de la Masonería del rito de York que él mismo había transplantado a México desde los Estados Unidos.

Desde su cuartel establecido en Nueva Orleáns, la Masonería Yorkina, a través de los liberales masones radicales en México, empezó poco a poco a ocupar el poder de la reciente nación independizada de España. En 1833 llegó al poder el general Antonio López de Santa Ana, un gran liberal radical, y confió a su vicepresidente masón el primer intento de Reforma, un término que en la historia de México tiene un sabor masónico y anticlerical. Su propósito era expulsar a la Iglesia de la enseñanza e inclusive impuso al mismo Seminario de México un texto de teología protestante. Las protestas no se hicieron esperar y Santa Ana se vio obligado a derogar las leyes anticlericales y virar a posiciones conservadoras.

En 1840 los Estados Unidos invadieron el territorio mexicano y en 1848 se tuvo que firmar un ominoso tratado por el que se perdió la mitad del territorio. Así, y después de expulsar del poder a Santa Ana, se inauguró en México el régimen liberal radical que sirvió como plataforma para el lanzamiento político al ministro de justicia don Benito Juárez, masón y anticlerical que consiguió el apoyo de los Estados Unidos contra sus rivales conservadores. Juárez desencadenó la guerra civil contra los conservadores y llevó como bandera definitiva las Leyes de Reforma que prácticamente dejaban a la Iglesia Católica fuera de la ley.  Juárez prorrogó su mandato hasta su muerte en 1872. México fue así sujeto de una férrea dictadura liberal que se prolongó hasta entrado el siglo XX. Durante este largo período se mantuvo la separación hostil de liberales y la Iglesia Católica. La corrupción fue en aumento aun cuando el orden público mantenía cierta estabilidad y progreso material. Luego, en 1910, se inició la Revolución Mexicana que expulsó a Porfirio Díaz. El promotor de esta revuelta fue Madero, quien también era masón. Madero fue expulsado del poder y asesinado, tras lo cual la Revolución Mexicana se radicalizó en sentido anticlerical y masónico bajo la dirección de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. Este último desencadenó una feroz persecución contra la Iglesia y promulgó la Constitución Revolucionaria de 1917. El sindicalismo revolucionario se manifestó con un sello marxista y comunista; la Revolución Mexicana se inclinaba cada vez más a la extrema izquierda.

En 1924 subió a la presidencia de la mano de Obregón un masón fanático, el General Plutarco Elías Calles, que se propuso con verdadero odio masónico completar la aniquilación, incluso física de la Iglesia Católica a la que consideraba responsable de todos los males de México. Como justa reacción surgió la rebelión cristera que duró de 1926 a 1929, dándole a México el honor de ser la primera nación que reconoció a Cristo como Rey. Este fue uno de los casos más claros de levantamiento legítimo contra un gobierno tiránico e injusto. Cientos de sacerdotes y líderes católicos fueron asesinados.  El entonces Papa Juan Pablo II beatificó, en la fiesta de Cristo Rey del año 1992, a 22 sacerdotes y 3 seglares víctimas de esta persecución. Posteriormente, Obregón fue asesinado y el gobierno ejecutó al jesuita mexicano Agustín Pro que nada tenía que ver con el asunto. Juan Pablo II también lo beatificó. Por fin, en 1929 se dieron los famosos Arreglos, contra los que protestaron muchos masones. Para convencerles, el entonces presidente de México, Emilio Portes Gil, alto grado de la Masonería, convocó una conferencia masónica ante la que pronunció las siguientes palabras reveladoras:

Venerables hermanos: mientras el clero fue rebelde a las instituciones y leyes del Gobierno de la República, estuve en el deber de combatirlo como se hiciese necesario... ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado y ha declarado sin tapujos que se somete estrictamente a las leyes. La lucha no se inicia, la lucha es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos. De suerte, pues, que no hay que espantarse; lo que debemos hacer es estar en nuestro nuevo puesto, no caer en el vicio en que cayeron los gobiernos anteriores . . . que tolerancia tras tolerancia y contemplación tras contemplación los condujo a la anulación absoluta de nuestra legislación. Lo que hay que hacer, pues, es estar vigilantes. Los gobernantes y los funcionarios públicos, celosos de cumplir la ley y de hacer que se cumpla. Y mientras esté yo en el gobierno, ante la Masonería yo protesto que seré celoso de que las leyes de México, las leyes constitucionales que garantizan plenamente la conciencia libre...se cumplan.”

En México el Estado y la Masonería en los últimos años han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder han sabido solidarizarse con los principios revolucionarios de la Masonería”. (Discurso del presidente de los Estados Unidos Mexicanos Emilio Portes Gil el 27 de julio de 1929 a los dirigentes de la Masonería de México. Texto en Carlos Alvear, Episodios de la Revolución Mexicana, México, Editorial Jus, 1988 p. 330 y siguientes.)

La identificación del gobierno mexicano con la Masonería queda así reconocida palmariamente. En efecto, prácticamente todos los presidentes de México han sido masones. Sin embargo, lo que más sobrecoge de este texto es el reconocimiento de que la lucha es eterna, que la lucha empezó hace veinte siglos. Por tanto, es la Masonería contra Dios, es la Masonería contra Cristo, y esto reconocido al más alto nivel masónico. Finalmente, en 1929 tomó cuerpo el Partido Nacional Revolucionario que pronto cambió su nombre al de Partido Revolucionario Institucional, PRI. Este partido fue y es uno de los de mayor corrupción que la historia moderna haya conocido. Partido arbitrario y antidemocrático que detentó el poder casi durante 70 años y que se vio obligado a entregar el poder al Partido Acción Nacional, que aun cuando no surgió bajo la órbita masónica, poco a poco fue traicionando los principios con los que nació, hasta su debacle actual.

Ahora está en el poder no un partido, sino un movimiento: Morena, cuyo caudillo es el que mueve todos los hilos, movimiento al que habría que aplicarle el principio del "gatopardismo" o lo "lampedusiano" que en ciencias políticas es el "cambiar todo para que nada cambie", paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957). La cita original expresa la siguiente contradicción aparente: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". "¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado" "…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está".

Continuaremos….

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