Perspectivas 2015

Más allá del prurito de conocer lo que se espera para este año 2015, el ser humano siempre se ha sentido tentado a conocer el futuro. Esta tentación crece cuando en los últimos años nos hemos envuelto en un sinnúmero de profecías mayormente “apocalípticas” para nuestra generación. La realidad es que hay mucho de cierto, pues desde el siglo XX los Romanos Pontífices con un claro discernimiento advirtieron sobre las señales de los tiempos que se avecinaban para el mundo y para la Iglesia.

 

Pio X

Notable fue lo escrito por el Papa San Pío X en su primera encíclica E Supremi Apostolatus –de 1903– en donde advertía que “la apostasía era el comienzo de los males anunciados para el final de los tiempos”. Con inigualable asertividad el Papa se adelantó a su tiempo previendo lo que se venía para el mundo y para la Iglesia y que quedó marcado el siglo XX con la filosofía del modernismo y los regímenes totalitaristas ateos que desencadenaron una era de terror y muerte a través del comunismo ateo y sus hierofantes Marx, Lenin, Stalin y Mao; así como el fascismo de Mussolini, el nazismo de Hitler y la implosión de dos atroces guerras mundiales que marcaron una gran derrota para la humanidad.

Pio XI

No obstante, la apostasía fue creciendo, la falta de fe y la rebelión de los hombres hacia Dios que se levantaron contra su Creador y contra su Cristo, arrojando lejos de ellos las ataduras del amor y sujetándose a las ataduras el odio, abonaron así el camino que estaba profetizado en la Sagrada Escritura y que recordaba el Papa Pío XI en su encíclica Miserentissimus Redemptor de 1928 cuando afirmaba: “Parece ser el comienzo de los dolores que han de traer al hombre de pecado. Asalta la idea de que se acercan los tiempos que anunciaba Nuestro Señor”.

Concilio Vaticano II

La torcida interpretación y dolosa aplicación de los textos del Concilio Vaticano II hicieron surgir un proceso progresivo de decadencia que se desarrolló bajo un falso “espíritu conciliar”, lo que provocó su total descrédito. Así lo decía el Cardenal Ratzinger en la entrevista que le concedió a Vittorio Messori en 1984:

Estoy convencido de que los males que hemos experimentado en estos 20 años no se deben al Concilio ‘verdadero’, sino al hecho de haberse desatado al interior de la Iglesia ocultas fuerzas agresivas, centrífugas, irresponsables… y en el exterior, al choque con una revolución cultural: la afirmación en Occidente del estamento medio-superior… con su ideología radicalmente liberal de sello individualista, racionalista y hedonista” (Informe sobre la Fe. BAC Popular. 1985 p. 47).

Por ello, Paulo VI en su alocución de noviembre 1970 exclamaba: “¿Acaso son estos los días anunciados por Cristo?

¿Qué es esto?

¿Qué significa todo esto? Para decirlo claramente son los tiempos en que se acrecentará el odio y el mal a tal extremo que la caridad prácticamente se extinguirá, por lo que surgirán guerras y constantes rumores de enfrentamientos y terrorismo en diversos puntos del planeta. Y este enfriamiento de la caridad revela el nulo crecimiento espiritual de las almas, pues es el amor emanado del sacrificio el que solamente puede coronar la vida de santidad. Por lo que no es de sorprenderse entonces que sea el pecado personal el que se levante como la causa de todos los males que hoy padece la sociedad: pestes, enfermedades, hambruna, catástrofes naturales (terremotos, tsunamis, huracanes, erupciones volcánicas), injusticia social, crisis económica y financiera por el egoísmo de unos pocos a costa de los demás; corrupción política, crisis familiar, divorcios, abandono de hijos, ideologías contrarias al orden natural, etc. Esto ha provocado un deterioro generalizado en todos los órdenes de la vida para los hombres en los comienzos del siglo XXI.

Crisis espiritual

Pero por paradójico que parezca esto no es lo más grave. Lo que verdaderamente tiene importancia y trascendencia en la vida del hombre es lo que afecta a su destino eterno, el destino de su alma que ha sido creada inmortal directamente por Dios y es la que está en juego constantemente día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, pues no hay nada más cierto que la fragilidad  y fugacidad de la vida humana que en un abrir y cerrar de ojos termina.

Por eso horrorizan y preocupan las conocidísimas palabras de Paulo VI en 1972 cuando en plena Basílica de San Pedro durante la alocución Resistite Fortes in Fide pronunciaba en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo las siguientes palabras refiriéndose a la situación de la Iglesia:

Tengo la sensación de que por alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el Templo de Dios… ¿Cómo ha sucedido esto? El Papa confía a los presentes un pensamiento suyo: que se ha producido la intervención de un poder adverso. Su nombre es Satanás”.

Y para comprender con más claridad lo que queremos decir, cito las proféticas palabras del entonces Karol Wojtyla siendo Obispo de Cracovia en el Congreso Eucarístico de Filadelfia en 1976:

Estamos ante la lucha final entre la Iglesia y la anti iglesia, entre el Evangelio y el anti evangelio…

Esto es lo que hemos venido viviendo en los últimos años en el mundo y en la Iglesia. Hay que tener ojos para ver y oídos para oír para tener la capacidad de discernir los signos de los tiempos y convencernos de una vez por todas de que estamos viviendo este breve periodo histórico conocido bíblicamente como el Final de los Tiempos. No es el fin del tiempo ni tampoco es el fin del mundo. Es el fin de un periodo de la Historia que proféticamente está anunciado y que se caracteriza por su falta de fe y por su apostasía, que junto con otros signos de los tiempos harán llevar a la humanidad a una gran tribulación como no la ha habido hasta ahora en la Historia del mundo ni la habrá en el futuro. Y que este periodo histórico precede a un gran triunfo resonante de la Iglesia en el que habremos de vivir un gran tiempo de paz en toda la Tierra, fruto del orden que se va a establecer como consecuencia de reconocer a Cristo como Rey de Reyes y Señor de Señores y donde los hombres alcanzarán una gran santidad como nunca antes la ha habido; y todo ello por mediación de la Santísima Virgen María.

Pero antes, estamos cada vez más cerca del tiempo de la hiel, de grandes dolores y sufrimientos para la humanidad como hasta ahora no se han conocido, así como de una grandísima prueba para la Iglesia que está por venir y que hará que muchos huyan, se escandalicen y pierdan la fe. Por eso decía el Papa Juan Pablo II en Fulda, Alemania en 1980 lo siguiente:

Debemos prepararnos para sufrir dentro de no mucho grandes pruebas que exigirán de todos nosotros la disposición de hacer donación de la propia vida… con vuestra oración y la mía será posible mitigar la tribulación pero no será posible evitarla, pues sólo así la Iglesia podrá ser efectivamente renovada”.

Error común

Lamentablemente en los últimos años se ha venido cometiendo el error frecuente, y me parece una tentación del enemigo, de querer poner fechas a ciertos eventos que están profetizados que ocurrirán en el futuro cercano tanto para el mundo como para la Iglesia. Esto tanto por exceso como por defecto no resulta beneficioso para las almas, pues muchos reaccionan ante las profecías cuando queriendo saber el cronos (el día, mes y año aproximado) tienden a relajarse en su vida espiritual pues aún, dicen, “falta tiempo”; otros por su parte, se desesperan y caen en depresiones y abandonan sus deberes personales, familiares o profesionales pues sienten que el tiempo ya no es suficiente para hacer nada.

Por eso, si algún lector pensaba que este servidor diría en este artículo lo que podría suceder en el 2015 se llevará una desilusión. He aprendido y madurado sobre este punto. Bástele saber que a partir del Pontificado del Papa Francisco hemos comenzado en sentido estricto el periodo de varios años conocido como el final de los tiempos, y que por tanto todos los eventos tanto eclesiales como del mundo cada vez más se van polarizando, ya sea hacia la luz o hacia las tinieblas.

Conforme vayamos avanzando en este periodo de tiempo las señales cada vez serán más claras y por otra parte angustiosas, pues la zona de confort del mundo llegará a perderse y enfrentaremos grandes desastres naturales hasta ahora desconocidos: donde el fuego se inflamará y será implacable, el viento soplará con furia, las aguas subirán rugientes y la tierra se estremecerá violentamente; así como gravísimos problemas económicos y financieros que traerán el quiebre de la economía como hasta ahora se conoce. La guerra es punto culminante del odio entre las naciones y que forma parte de los eventos proféticos, pero aún estamos en el tiempo en que los distintos fuegos que sucederán en varios puntos del planeta aún no detonarán la guerra entre naciones poderosas, pero sí caminamos inexorablemente hacia ella.

La Iglesia

Por lo que toca a la Iglesia, mientras abiertamente no se deje entrar a la Mujer vestida del Sol en el contexto de esta lucha final, las gracias que el Cielo tiene contempladas para el mundo por medio del Corazón Inmaculado de María quedarán aún retenidas y esto hará que la oscuridad adquiera mayor negrura y tenebrosidad. Hará mucho más difícil discernir el Camino Verdadero. Y los resultados del Sínodo de la Familia no harán sino dividir aún más a la Iglesia.

La postura sensata y práctica que exige la entrada de este nuevo año 2015 es la necesidad de llenar de aceite nuestra lámpara de la fe y paciencia. Se exige edificar el aposento interior de cada uno conforme lo ha venido pidiendo la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre Nuestra, en sus múltiples y auténticas apariciones en los últimos 200 años. Esta edificación de la fe exige como herramientas la oración personal; la disposición amplia al sacrificio y la penitencia cargando la cruz de cada día y negándonos ante los extraordinarios goces y placeres que nos ofrece la vida, que nos alejan de Dios y que exigen templanza y disciplina espiritual. Fundamental instrumento de gracia en este tiempo es el rezo del Santo Rosario y la lucha por transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne para poder amar a Dios en el servicio y entrega  diligente a los demás. Los sacramentos, en particular la confesión y la eucaristía, siguen siendo los cimientos del edificio espiritual.

Efectivamente, el tiempo se ha vuelto cada vez más corto pues las señales nos indican que las profecías están ya muy cerca. Ahora hay todavía luz pero cuando las tinieblas lo invadan todo no sabremos por dónde caminar y será nuestro aposento, si tuvimos la precaución de edificarlo, quien nos guíe y guíe a los demás ante los días de infortunio que se avecinan.

 

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente publicado, www.apocalipsismariano.com