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Inquietudes sobre el Sínodo

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Este próximo domingo 27 termina el Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, convocado por el Papa Francisco, con el título: “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” y que ha sido para no pocos católicos motivo de confusión, zozobra e inquietud por todo lo que ha rodeado el desarrollo del mismo, tanto por la oposición de algunos obispos y cardenales al llamado instrumentum laboris, (documento de trabajo) considerándolo herético, apóstata, y en el mejor de los casos muy poco feliz y lleno de términos ambiguos y confusos, como por la serie de ritos neo paganos, ambientalistas y sincretistas que han tenido lugar tanto en los jardines mismos del Vaticano como en la Iglesia romana de Santa María en Traspontina, situada en la Vía de la Conciliazione a pocos metros del Vaticano.

El Papa Francisco al convocar el Sínodo propuso el mismo para “identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también como resultado de la crisis de los bosques amazónicos, pulmón de capital importancia para nuestro planeta.”

No pocos me han preguntado mi opinión sobre lo que viene sucediendo en Roma; pero más allá de quedarnos con un análisis casuístico del Sínodo, hay que tener presente lo que se ha venido diciendo desde hace tiempo, replicando lo que los signos de los tiempos nos confirman y que la Madre de Dios vino advertirnos desde hace 200 años: que era mandatorio rezar, hacer sacrificio, penitencia, ayuno, fortalecernos espiritualmente y que la Iglesia y el mundo realizara acciones concretas que resultarían protectoras ante el ataque de filosofías e ideologías erradas y nuevas creencias que iban a azotar en los dos último siglos y que serían de fatales consecuencias para le fe, para la Iglesia y para el mundo en general.

Así está por ejemplo el pedido que hizo Nuestro Señor en 1689 a Santa Margarita María de Alacoque para que el Rey de Francia Luis XIV se consagrara al Sagrado Corazón de Jesús y la consagración de Francia a través de su rey, quien reinó de 1661 a 1715. Luis XIV será informado del deseo del Cielo, sin embargo, se negará a cumplir esa petición, según queda de manifiesto por lo que Jesús comunicó a Sor Lucía – en Tuy– en una aparición.

Precisamente en esta misma fecha, exactamente 100 años después de la petición de Cristo el monarca francés, el 17 de junio de 1789, sitúan los historiadores el inicio de la Revolución Francesa que va a derribar la monarquía.

Esta concordancia de las fechas, obrada por la Divina Providencia, muestra claramente el carácter de castigo de la Revolución Francesa y de sus consecuencias a nivel mundial. Si no se aprovechan los medios de salvación que el Cielo pone a nuestra disposición, la catástrofe sobreviene inevitablemente.

Tengamos presente que pensadores como Voltaire, Rousseau, Diderot, y los enciclopedistas gestaron la Revolución Francesa, algunos de los cuales negaban la existencia de Dios, o si la admitían, sostenían que Dios no tenía nada que ver con este mundo, “que Él le había dado cuerda como a un reloj, y lo había abandonado hasta que esa cuerda se acabe”. Lo que equivaldría por así decirlo, a que estamos solos, y concluyeron glorificando al hombre y el razonamiento humano con la ideología de la “autonomía de la razón”, su filosofía moral del “deísmo”[1], y denominaron a sus tiempos “el siglo de las luces”.

Los revolucionarios franceses, como seguidores del racionalismo llevaron sus enseñanzas a su lógica conclusión: asesinaron a sacerdotes y monjas, saquearon y profanaron iglesias, destruyeron imágenes, y hasta llegaron a entronizar a la actriz mademoiselle Aubryan, en la Catedral de Notre Dame, denominándola “la diosa razón”, una expresión idolátrica en su forma más beligerante.

Durante el reinado del terror de la Revolución Francesa, se utilizaron las iglesias como establos para demostrar el desprecio de los revolucionarios a la religión verdadera, el hombre sin fe rechazó a Dios y su Ley, y parecía haber ganado temporalmente.

La Revolución Francesa “fue una consecuencia de la negación y de las rupturas del siglo XVI, del enfriamiento de la fe durante el siglo XVII, de la exaltación de la razón en el siglo XVIII, y de la explotación de la rebelión por el poder de la francmasonería fundada en 1717”.

Francia pues fue tomada por una furia anticatólica, mientras que Europa era testigo de un periodo de guerras que no terminó hasta 1815. Los obispos franceses no cumplieron los pedidos de Nuestro Señor hasta 1831. Sin embargo, se construyó una basílica, financiada por laicos católicos, en honor del Sagrado Corazón de Jesús – Le Sacre Coeur – en París. 

Por eso igualmente grave fue la desobediencia al pedido de la Santísima Virgen cuando en 1917 en Fátima dijo que Dios iba a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, el hambre, la persecución a la Iglesia y al Santo Padre, pero que para impedir esto vendría a pedir la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, hecho que cumplimentó puntualmente en Tuy el 13 de junio de 1929. 

Se ha dicho que esa petición ya fue cumplimentada por Juan Pablo II en 1984, en la clausura del año santo de la redención, pero si bien sí realizó la consagración al Inmaculado Corazón de María, y  la hizo en unión con todos los obispos del mundo, sin embargo, no mencionó a Rusia. El texto en la parte conducente dice:

“Tú que como Madre conoces todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, que afligen al mundo de hoy, acepta el clamor que dirigimos a tu Corazón movidos por el Espíritu Santo. Acoge con amor de Madre y esclava este mundo nuestro que te confiamos y consagramos, pues estamos inquietos por el destino terreno y eterno de las personas y los pueblos. De un modo especial te confiamos y consagramos esas personas y naciones que necesitan de manera especial esa consagración y confianza.”

Si bien es cierto que esta consagración trajo gracias al mundo y a la Iglesia, no obstante, no se derramaron las que María había prometido: La conversión de Rusia y la paz en el mundo.

Por eso hoy somos testigos de una nueva máscara del comunismo ateo, expresada en el marxismo cultural que se desarrolló en los círculos intelectuales occidentales, según las premisas de Antonio Gramsci. La nueva izquierda acepta los antiguos patrones de pensamiento, pero los ha traducido a conceptos del mundo de la cultura. La ideología que Lenin y sus camaradas iniciaron se transformó en la fundación de las nuevas corrientes que ahora están germinando en las universidades occidentales; son el fundamento del desarrollo de la revolución sexual y del feminismo, de la ideología de género, del movimiento gay, así como de la ecología radical.

Existe un factor permanentemente entre todos estos cambios: minar los fundamentos cristianos de la civilización occidental, culpado de los males más grandes del mundo contemporáneo: el imperialismo, el racismo, nazismo, fascismo, antisemitismo, sexismo, xenofobia, homofobia y otras plagas sociales. En el banco de los acusados tenemos al cristianismo, como una fuente de exclusión; a la familia patriarcal, como el lugar donde se forman personalidades autoritarias; a la tradición, que evita el progreso; a la moralidad, como un obstáculo a la plena realización; el patriotismo, como una semilla de la intolerancia.

Si además de lo anterior agregamos que se ha  hecho oídos sordos al llamado a las prácticas necesarias para impedir que el demonio nuble nuestra inteligencia, y no se reza, ni se hacen sacrificios, ni penitencias ni ayunos, y al contrario se lleva una vida de comodidad, placer, egoísmo, apego al mundo, al dinero y a sus vanidades, y además no se le da el realce e importancia que María Santísima tiene para estos tiempos, las consecuencias son estas que estamos viviendo: una Iglesia dividida, confundida, desacralizada, al borde de un cisma tormentoso y escandaloso que solo la mano todo poderosa de Dios podrá salvar.  

Ahora bien, y en cuanto al Sínodo:

  1. No estamos de acuerdo con ritos paganos y adoraciones a la Madre Tierra o Pachamama, que nada tienen que ver con la adoración al único Dios Verdadero Uno y Trino a quien sólo a Él se puede y debe adorar, con todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestra mente y nuestras fuerzas.
  2. Si bien todo lo creado, Cielos y Tierra salieron de la mano de Dios y por tanto es venerable; ni las plantas, ni los animales, ni la Madre Tierra son divinos, ni son personas. La Madre Tierra no puede ser un lugar teológico, donde se viva la fe y quiera ser una nueva fuente de revelación de Dios. La revelación plena ya ha tenido lugar en Jesucristo. No se debe permitir el uso de lenguajes ambiguos que oscurezca esa realidad teológica y doctrinal.
  3. Cristo Nuestro Señor no vino a salvar el planeta y ni siquiera a erradicar la pobreza; vino a dejar establecido el camino para que a través de Él alcanzáramos la salvación eterna, y que es y debe ser el propósito final de la Iglesia fundada por Cristo.
  4. ¿Que las mujeres puedan ejercer ministerios dentro de la Iglesia? ¿Que haya diaconisas? No debe ser aceptado, pues Cristo ha querido conferir el sacramento del Orden a los doce apóstoles, todos hombres, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres. La Iglesia se ha reconocido siempre vinculada a esta decisión de Nuestro Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres, y no se deben abrir puertas sobre verdades definidas, pues hay que recordar que la Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un tema disciplinar, sino doctrinal. Al respecto, hay que recordar la sentencia de San Juan Pablo II en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis de 1994 en la que decía que “la Iglesia de ninguna manera tiene la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y que esta sentencia debe ser tenida de modo definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.
  5. ¿Que conviene que se ordenen hombres casados? Se menciona si deben o no ordenarse los llamados viri probati, “varones de probada virtud”. Está claro que el tema de ordenar ancianos casados es asunto de disciplina, de conveniencia religiosa y pastoral, y se requiere sopesar pros y contras. El celibato sacerdotal no es un dogma de fe. No obstante, por ahora no parece oportuno por un montón de razones abrir esta puerta que traería más desventajas que ventajas.
  6. Como ocurrió con el Sínodo de la familia, de que se ventilaran todo tipo de propuestas e inquietudes, este Sínodo también ha contribuido a permitir que todo tipo de ideas extravagantes, muchas de ellas incluso contrarias a la doctrina, a la fe, a lo sagrado, a la unidad tengan cabida, y asumidas por los padres sinodales en medio de una Iglesia que sufre las consecuencias de no escuchar las advertencias de la Santísima Virgen, y que lamentablemente los peores tiempos aún están por venir. Así, han quedado más expuestas las intenciones de los corazones de obispos y cardenales. Las redes sociales y la apertura a todo tipo de comunicación ha ayudado a que podamos conocer más claramente las diversas posturas y el espíritu que anima a muchos miembros de la Jerarquía de la Iglesia, que no es en lo absoluto el espíritu de Cristo, de fe, de fidelidad a la revelación dada por Jesucristo.
  7. Hay que rezar por el Papa Francisco y por la Iglesia para que la conclusión del Sínodo en el documento que el Papa emita sea conforme a la voluntad de Dios. Vivimos tiempos eclesiales muy difíciles y la Iglesia se enfrenta también a un proceso sinodal que llevan adelante obispos alemanes en pleno desafío en contra de la doctrina de la Iglesia y del Papa.
  8. Que no perdamos la fe. Cristo prometió a su Iglesia que las puertas del infierno no prevalecerían, y aunque la Iglesia está a punto de pasar por su dolorosa pasión y “muerte”, resucitará de la mano de María a través del triunfo de su Corazón Inmaculado.

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente publicado, www.apocalipsismariano.com

[1] Doctrina teológica que afirma la existencia de un dios personal, creador del universo y primera causa del mundo, pero niega la providencia divina y la religión revelada.

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