En mi reciente viaje a Europa, concretamente a España, y con motivo de un sinnúmero de pláticas a las que fui invitado, no fueron pocos las personas que se me acercaban para darme en mano folletos, hojas sueltas, estampas y pequeños libros en cuyo contenido se podía leer numerosos mensajes de la más variada temática escatológica, muchos de los cuales no identifican el origen de las revelaciones.

Similar fenómeno sucede, y aún con más frecuencia en internet, donde a través de correos electrónicos se difunden mensajes por aquí y por allá de "videntes" anónimos o de instrumentos humanos que responden a un nombre propio, pero sin aportar mayor información de la forma en que fue transmitido "x" o "y" mensaje, si por medio de una locución interior, inspiración, mensaje por aparición, visión intelectual o qué fenómeno de la teología mística es el que corrobora y responde al origen de esos mensajes. Y lo más sorprendente, es que tampoco se informa de los datos personales de el o los "videntes", y menos de su director espiritual o autoridad moral que de un seguimiento personal tanto al  vidente como a la ortodoxia de las revelaciones.

Esto sin duda alguna está provocando una relajación para las cosas de Dios que por todos lados van y vienen mensajes vanos, triviales y superficiales, que dentro de ciertas recomendaciones genéricas de vida espiritual y que en principio resultan inocuas para el alma, se mezclan afirmaciones la mar de imprecisas y que son las que confunden, desorientan y lo más grave es que distraen verdaderamente para lo que es el propósito fundamental de Dios en tratándose de auténticas revelaciones privadas para  este tiempo.

Entre muchas de las afirmaciones equivocadas y falsas se encuentran aquellas que dicen, por ejemplo, que  "el Papa Benedicto XVI es el último Romano Pontífice legítimo que habrá en la Iglesia Católica" y  que "se verá obligado a huir del Vaticano"; que el Aviso (anunciado hace muchos años en distintos escenarios celestiales, particularmente en Garabandal, España, y que es un acontecimiento que viene de Dios, de naturaleza cósmica, que permitirá "ver" nuestra alma tal y como Dios la ve) "tendrá lugar en diciembre de este año". "Que la Gran Tribulación comenzará en el 2012 o que ya comenzó el año pasado"; que "está por venir una era maravillosa de paz, donde ya no habrá llanto ni muerte, y todo será felicidad"; o noticias de que el próximo año 2013 se implementará la marca de la Bestia que anuncia el Apocalipsis; entre otros.

Asimismo, resulta además patético que algunos se autonombren o auto revelen como profetas de Dios para estos tiempos, denostando a quienes se atrevan a desconocerlos como tales o que no contribuyan a su causa, lo cual resulta alejado de toda virtud de humildad y discreción, si lo vemos a la luz de que ni la misma Santísima Virgen le dijo a san José que sería la Madre de Dios.

Ahora bien, en este año 2012 está sucediendo un fenómeno muy similar al que ocurrió con motivo del fin del milenio, así como a la muerte del Papa Juan Pablo II, donde se multiplicaron profecías de todo tipo en torno al Final de los Tiempos y a un supuesto final del mundo. El año 2012 con toda su mercadotecnia cargada de una fuerte dosis profética avalada por la "cuenta larga del calendario maya" de 5,125 años (desde el 3114 a.C. hasta el 2012 de nuestra era); así como otras profecías de tipo primitivas, de civilizaciones antiguas de corte astronómico, así como de fuerte contenido New Age, se ha convertido en un campo de cultivo propicio para que en medio del auténtico mensaje mariano (que es una realidad), se mezclen mensajes marianos falsos o de mera inspiración humana con grandes imprecisiones teológicas, que pretenden adelantar acontecimientos y que mezclan lo vano y superficial con lo que verdaderamente es lo esencial en todo mensaje auténtico que venga de Dios, y que es precisamente el llamado urgente a la conversión de vida; a verdaderamente sufrir una transformación de nuestro modo de obrar con una sólida vida espiritual centrada en el amor a Dios y al prójimo, sabiendo perdonar lo imperdonable, amando a los que nos persiguen, perdonando a los que nos calumnian y difaman, entregando nuestra vida verdaderamente a la búsqueda de la salvación de los demás; en una frecuente y robusta vida sacramental, particularmente en la frecuencia de la Eucaristía y el sacramento de la confesión. En una práctica disciplinada de vida de oración y de sacrificio (incluyendo el ayuno corporal), para que de esta forma demos testimonio de vida cristiana, auténtica, íntegra y coherente, manifestada en una vida verdaderamente virtuosa, de paciencia ante las adversidades, de caridad con todos, y de fe profunda en Jesucristo como hijo de Dios y en sus exigencias evangélicas, particularmente en el amor a la Iglesia verdadera en fidelidad con los obispos en unión con el Papa Benedicto XVI.

El mensaje que es de Dios camina por este sendero. Digámoslo claramente, cuando Dios habla, golpea la conciencia, pues dentro del infinito amor y misericordia divina, lo que más está pidiendo el Cielo, y con urgencia, es que estemos total y profundamente convertidos pues vendrá un huracán de tal fuerza y destrucción que sólo lo que verdaderamente esté asido a la Cruz de Cristo quedará de pie. No nos distraigamos con cosas vanas y secundarias (bunkers, velas benditas, recomendaciones del chip, etc.) pues sólo la vida verdadera en Dios, nos dará el discernimiento para saber actuar conforme a la verdad del Evangelio y al pedido de Nuestra Madre Santísima.

No se trata de saber mucho o de prepararse en cosas materiales o de identificar al anticristo, sino de amar a Dios con obras y con una preparación extraordinariamente celosa en las virtudes cristianas, pues vamos a pasar grandes pruebas que pondrán al límite nuestra fe y paciencia.

Finalmente, es cierto que en algún momento vendrá el Gran Aviso anunciado por Dios; es cierto que en algún momento vendrá la Gran Tribulación y todo lo que con ello derivará (persecuciones contra la fe, saqueo de iglesias, anulación del Sacrificio Eucarístico, marca de la Bestia, fenómenos diabólicos, etc.); es cierto que vendrá una nueva época, un nuevo tiempo y un triunfo de la Iglesia como nunca antes lo ha tenido, y que también es cierto que antes la Iglesia tendrá que pasar una terrible noche de oscuridad en medio de un gran cisma, etc. pero cada tema tiene sus específicas condiciones históricas, espirituales, morales, teológicas y dogmáticas, y es ahí donde se descubre que esos supuestos mensajes que se difunden por todas partes, la mayoría no son de origen divino, pues son más inspiración humana en las que fácilmente penetra de manera imperceptible el humo de la confusión y el error.

No hagamos el juego al enemigo; tengamos un mínimo de discernimiento antes de reenviar mensajes sin ton ni son. Asegurémonos, en primer lugar, de la veracidad de tal o cual noticia que verdaderamente esté confirmada oficialmente por los medios de comunicación que gozan de prestigio y credibilidad. E igualmente primero asegurémonos quién es el supuesto vidente que transmite el mensaje en cuestión, quién lo acredita, cuáles son sus cartas de presentación, cómo se origina la revelación, en qué condiciones se da, etc., con tal de verdaderamente allegarnos lo más posible a la verdad histórica y filosófica de una pretendida revelación sobrenatural o divina.

Paradójicamente, en un próximo artículo quisiera compartir con los lectores una revelación privada que conocí en mi reciente viaje a España y que en lo personal me parece lo más asertivo que he leído en los últimos años; una revelación que más allá de meras curiosidades, y quien esté dispuesto a  leerlo siempre abierto a la acción del Espíritu Santo, le auguro que no quedará indiferente y se sentirá directamente interpelado por Nuestro Señor;  aquí verdaderamente  es Dios el que está hablando, y estoy convencido en conciencia que puede hacer muchísimo bien a las almas. Esperamos muy pronto editarlo en México.

LUIS EDUARDO LÓPEZ PADILLA

7 DE MAYO DEL 2012