Es un hecho cada vez más evidente que conforme avanzan los tiempos, más fluyen filosofías, pensamientos, tesis, pronósticos, y demás diversas formas de expresión que conllevan una magna profecía que anuncia un Gran Cambio para la Humanidad. Programas de televisión en Discovery y History Channel, National Geographic; libros publicados por editoriales de corte esotérico, histórico, Nueva Era, y aún de tipo científico, y no menos de carácter religioso con sello protestante, etc. recogen una sola idea común pero expresada en diversas formas: el anuncio del final de los tiempos.

Más aún, poco más o poco menos de tiempo se centraliza en el año 2012 como la fecha en la que habrán de ocurrir una serie de eventos que fijarán un cambio drástico para la humanidad. El talante varía de concepción en concepción pero todo lleva exactamente a lo mismo. Por ejemplo tenemos las importantes Profecías Mayas con su Calendario, tanto el Tzolkin como la Cuenta Larga. No menos importante es el anuncio contenido en el Calendario Azteca y que es muy similar al tiempo anunciado por la Profecía Maya.

Dentro de las Profecías llamadas Tribales, tenemos las Incas, los Hopi, los Indios Seneca, la Profecía Zulu, el Retorno de Mu-sho-sho-no-no, y la Profecía Maori.

Dentro de los Calendarios Orientales Asiáticos, tenemos los llamados Ciclos del Tiempo Veda y el Alineamiento Galáctico; los Calendarios Chino, Tibetano, Tamil e Hindú anuncian de igual modo el fin de una era y el principio de otra encabezada por su avatar.

En el ámbito astronómico y solar se anuncia el retorno del cometa-planeta Nibirú o Marduk. Asimismo, se habla que para el 2030 se estaría dando un nuevo cambio magnético de los polos de la tierra y no menos importante también los cambios que se darán en nuestro planeta como consecuencia del Ciclo de las Manchas Solares.

Dentro del conocimiento arqueológico y ligado mayormente a su principal centro focal en Egipto, tenemos las profecías del Ojo en la Pirámide, el Retorno de Osiris, La Profecía de Horus, el Retorno del Fénix, el Mapa Estelar y la correlación en Gizeh en el 2012, por citar las más importantes.

Uno de los fenómenos que han ido adquiriendo carta de naturalización ha sido el de los OVNI y ET's, vía contactos, y telepatía alienígena que anuncian el próximo encuentro con los "hermanos" del espacio, que conscientes del proceso de "purificación" que está teniendo la tierra – la Gaia – en virtud de su próximo paso evolutivo, ellos se nos presentarán y nos guiarán hacia una nueva orientación cósmica para lograr un "ascenso" dentro de nuestro "yo interior". Incluso se afirma que parte de esta relación se encuentra como punto de contacto los llamados Círculos de Trigo que aparecen mayormente en el verano europeo, en Inglaterra, y que contienen en sus formas fractales calendarios, símbolos mayas, pirámides, eclipses de sol y luna, símbolos religiosos islámicos, judíos y católicos, así como el advenimiento del cometa-planeta Nibirú.

Y por si lo anterior no fuera suficiente también tenemos la abundante contribución de Nostradamus, particularmente el reciente descubrimiento del llamado Libro Perdido de Nostradamus en 1994 en el Museo Vaticano, conjunto de 80 láminas presuntamente atribuidas al médico francés, y que dejan en claro el fin del tiempo para el momento en que el sol se alinee con el centro de la galaxia en la llamada Constelación de Ophiuchus, hecho que ocurrirá con toda precisión en el año 2012. Las láminas ofrecen imágenes visuales de grandes catástrofes, guerra, crisis en la Iglesia Católica, eventos que según estos anuncios deberán ocurrir entre el 2008 y el 2012, entre otras muchas profecías.

Finalmente, el movimiento New Age aporta una dosis importante de información respecto a la próxima era precesional de Acuario y el advenimiento de su gran Avatar que instaurará la nueva religión universal. Junto con ello encontramos un alud de filosofías en relación a la sincronización galáctica, cinturón de fotones, calavera de cristal – detallado en la última película de Indiana Jones – y desde luego, el proceso que está pasando la Gaia o Pachamama, es decir, nuestra aldea global, la tierra.

Y para rematar tenemos el proyecto masónico con el anuncio del Nuevo Orden y Gobierno Mundial, el advenimiento de un Maestro Masón, la construcción de una Nueva Humanidad y el resurgimiento de la Atlántida.

En términos muy simples y globales, todo lo anterior recoge los distintos relatos de pueblos y civilizaciones que a través de sus mitos y leyendas anuncian fundamentalmente dos hechos: el inicio de un nuevo tiempo, de una nueva Era o ciclo, y un salto cualitativo en el proceso de evolución del hombre. Junto con ello, el anuncio de un  nuevo avatar para este nuevo tiempo. Como se ha dicho, aunque las causas que lo motivan  son muy diversas, siempre se concluye en el fin de este tiempo, el inicio de uno nuevo que será comandado por un personaje que logrará llevarnos a un salto cualitativo de nuestra existencia, incluida la inmortalidad y la divinidad de nuestro ser. Al mismo tiempo es de llamar la atención, que muchas culturas y formas de pensamiento coinciden que el año del 2012 es el fin y el inicio. Algunos piensan que habrá un cataclismo como parte del fin de este tiempo, pero otros lo visualizan más como un proceso espiritual. Por tanto, a final de cuentas se estaría en presencia de "un nuevo ser" y de "una nueva Era" de transformación para toda la humanidad.

Cristo: Primogénito de todas las Criaturas

Pero la gran confusión de toda esta mezcla de anuncios proféticos, lo que subyace invariablemente como algo tremendamente diabólico – pues indudablemente en todos estos anuncios hay una dosis de verdad - es que o está ausente Jesucristo, o si está presente, ya cumplió su misión de enseñanza – pero que desde la época de sus discípulos fue tergiversada o mal entendida – y ya no hay nada que ver con él, con quien asumió, por decirlo así, ese papel hace 2,000 años. Y colorín colorado ese Mesías se ha acabado. Y Punto... a otra cosa.

Y aquí está la clave de todo y de la Verdad. Es necesario orientar nuestra primera mirada a Dios, a Cristo, pues Él es el centro de la creación, el Primogénito de todas las criaturas; pues por Él y para Él fueron creadas todas las cosas. Pues Él es el Principio y el Fin de todo cuanto existe, en los cielos y en la tierra:

"En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe...La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Ella, y el mundo no la conoció...

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado Su Gloria, Gloria que recibe del Padre como Hijo Único, lleno de gracia y de verdad... (Juan Capítulo 1, 1 – 18)

La Primacía de Cristo sobre Todo y sobre Todos (incluyendo a todos los seres invisibles)

Y por si fuera poco lo anterior, que no lo es, Él es el Primogénito de toda la creación. DE TODO CUANTO EXISTE. En efecto, "Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades: todo fue creado por Él y para Él, Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia. Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea Él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en Él toda la Plenitud, y reconciliar con Él y para Él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos".  (I Epístola de San Pablo a los Colosenses Capítulo 1, 15 – 20) [1]

La Verdad de la Profecía

Hemos dicho que todo cuanto existe se centra en Cristo, pues todo fue creado para Su Gloria. Es por Él por quien todo fue hecho, por lo que es necesario centrar el futuro de la humanidad y de la Iglesia Católica en función de Cristo y de Su Palabra. Esta idea es fundamental y precisa entenderse cabalmente. Es en el Evangelio, en el llamado "discurso escatológico" de Jesucristo (ver Mateo 24, Lucas 21 y Marcos 13) donde se anuncian los acontecimientos que habrán de venir en el Final de los Tiempos; pero es en el Apocalipsis donde Jesucristo, con la autoridad de haber muerto y resucitado entre los muertos, le dice al Apóstol Juan: "Yo soy el Alfa  y el Omega, el Primero y el Último, estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos (...) Escribe lo que has visto, lo que ya es y lo que va a suceder más tarde" (Apoc 1, 17-20).

Por tanto, es en el llamado libro de la Revelación, que es precisamente lo que significa Apocalipsis, donde encontramos descrito mediante signos y símbolos el futuro que nos espera, confirmando las profecías del Antiguo Testamento en Daniel, Zacarías, Ezequiel, Isaías, Salmos, Abdías, Sofonías, Miqueas, y Amós, entre otros.

Del mismo modo que se cumplió en él todo el vaticino de su Primera Venida, sólo en Jesucristo – el hijo unigénito de María Santísima – se cumplirá todo lo relativo a su Segunda Venida y todo cuanto le prepara y le anuncia.

Así, respecto a su Primera Venida quedó de manifiesto que el Mesías nacería del linaje de Jesé (Is 11, 1-2). Jeremías lo concretó aún más y habló de los descendientes del octavo hijo de Jesé, David (23, 5). Isaías dijo que Nuestro Señor nacería de una virgen (7, 14). El profeta Miqueas afirmó que nacería en la provincia de Judea, en el pequeño pueblo de Belén (5, 1).

Isaías vaticina más adelante que el Mesías se llamaría "Dios Todopoderoso, Padre Eterno y Príncipe de la Paz" (9, 5); que su ministerio comenzaría en Galilea (9, 1-7); que realizaría numerosas curaciones y otros milagros (35, 3-6).

Zacarías y Daniel llegaron a especificar cuándo y cómo llegaría a Jerusalén. Según estas profecías, Jesucristo entraría a Jerusalén montado sobre un asno (9, 9), 483 años después de que fuera decretada la construcción de Jerusalén (Dan 9, 25-26). Comentario: Según Esdras 7, Atajerjes promulgó este decreto en el séptimo año de su reinado, es decir, 457 antes de Cristo. Teniendo en cuenta que no hubo año cero, se puede citar la llegada de Jesús en el año 27. Por el Evangelio de Lucas sabemos que Jesús nació en tiempos del primer empadronamiento que se hizo mientras Quirino era gobernador de Siria, es decir, hacia el año 7 a.C., de modo que en año 27 habría tenido 33 o 34 años, cuando entró a Jerusalén sobre el lomo de un asno y fue crucificado una semana después. Es decir, se cumplió con exactitud la profecía de Daniel.

Y otras también anunciaron que a Jesucristo lo traicionaría un amigo a cambio de 30 monedas de plata, que el dinero sería arrojado al suelo del Templo y que se emplearía para comprar el Campo del Alfarero (Zac 11, 12-13).

Isaías dijo que Jesucristo no se defendería, sino que sería llevado como un cordero al matadero, enmudecido (53, 7). E Isaías sigue diciendo que: sería crucificado, que a pesar de ser inocente sería ejecutado junto con otros criminales y luego enterrado en la tumba de un hombre rico (52, 13 y 53, 9 y 12).

Finalmente, las profecías también anunciaron que Jesucristo resucitaría (Is 53, 10-11). Y que, a pesar de habérsele dado muerte, sus hechos y Su Palabra serían contados por toda la tierra (Is 49, 6) generación tras generación, por siempre, y que al final, los pueblos de todas las naciones acabarían postrándose ante Él (Sal 22, 27-31).

Por su parte, el vaticinio bíblico respecto a su Segunda Venida nos habla de:

  • El anuncio del Final de los Tiempos.
  • Que este Final de los Tiempos indica el "fin del tiempo" que Dios le ha dado a las naciones para que se conviertan y lleguen al conocimiento del Evangelio; tiempo que dio inicio con la Muerte de Cristo y que concluye con Su Segunda Venida a la Tierra. (Mt, 24; Lc 21 y Mc 13)
  • Que en este Final de los Tiempos, y como consecuencia del pecado de la humanidad, se acrecentarán "las guerras, el hambre, las pestes, las enfermedades"; asimismo, con el "crecimiento de la maldad se enfriará la caridad" y crecerá alarmantemente la apostasía en todo el mundo, incluyendo a la Iglesia de Cristo que pasará por una gran prueba que pondrá al límite la fidelidad de la fe de los cristianos, en medio del anuncio de la "buena nueva" que habrá llegado a todo el mundo. (II Tes 2) En otras palabras, se dará el desarrollo de los 4 jinetes del Apocalipsis, (6,1-17) el caballo blanco, rojo, negro y amarillo, que significan precisamente la proclamación del Evangelio a todos los hombres, la guerra, la carestía económica, la injusticia,  el hambre, y la persecución a causa de la fe.
  • Que como consecuencia de todo esto, la humanidad y la Iglesia pasarán grandes tribulaciones, cataclismos y sufrimientos que serán previos al advenimiento del llamado Anticristo (Jn, 5-43; Dan 7 y 12; II Tes 2), quien usurpará el lugar de Cristo en Su Segunda Venida, y que mediante falsos milagros y prodigios engañosos establecerá en el mundo una falsa paz, un falso orden y una solución aparente a los problemas de la humanidad.
  • Que prácticamente toda la humanidad adorará al Anticristo. Dice el Apocalipsis, que "toda tribu, pueblo, lengua y nación adorará a la Bestia, a su Falso Profeta y al Dragón" – es decir, la serpiente antigua – quien fue el que le dio su poder a la Bestia, salvo aquellos "cuyos nombres están  inscritos, desde la creación del mundo, en el libro de la Vida del Cordero degollado" (13, 8).
  • Que la Bestia, es decir, el Anticristo tendrá "poder sobre toda raza, lengua, pueblo y nación", siendo principalmente los judíos quienes lo recibirán como su "mesías" esperado. (Jn 5, 43)
  • Que su "reinado" durará 42 meses, (tres años y medio) pero antes habrá establecido un pacto con  muchas naciones que durará otros tres años y medio, pacto que romperá para proclamarse "dios" y "salvador del mundo" y ser adorado como tal, tiempo en el cual hará imperar los más grandes actos de tiranía, apostasía y sacrilegio. Establecerá la abominación de la desolación en el "lugar santo" y suprimirá el Santo Sacrificio de la Misa; perseguirá a los santos y los vencerá. Blasfemará en contra de Dios, en contra de Su Nombre y Su Morada y de los que moran en el Cielo. (Dan 7 y 12)
  • Gobernará a través de 10 reyes o naciones de la tierra y con el poder de Satanás realizará extraños fenómenos cósmicos y toda clase de prodigios extraordinarios con los demonios en el aire, y todo el mundo ocultista y de seducción estará a su servicio, promoviendo una "hermandad entre los hombres" y una supuesta divinidad interior. Nada ni nadie le podrá hacer daño. Tendrá el poder de violar la misma ley natural de las cosas y de los seres.
  • Toda esta  tribulación, dice Jesucristo, será tan grande "como no la habido desde el principio del universo ni la habrá, y si esos tiempos no fuesen acortados, hasta los mismos elegidos perecerían". Pero al final, con el "soplo de la boca del Señor y con el resplandor de Su Parusía" – Presencia -, derrotará al Anticristo, al Falso Profeta y al Dragón que le había dado su poder a la Bestia, para ser "lanzados vivos al estanque de fuego" (II Tes, 2, 8 y Apoc 20, 3).
  • Que como consecuencia de la iniquidad reinante en el mundo, al igual que en los días de Noé, la humanidad conocerá el Día de la Ira de Yahvé y un gran castigo azotará al mundo por sus muchos pecados. Los profetas mayores del Antiguo Testamento describen este terrible castigo, donde "estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra, vacila la tierra como un beodo, se balancea por la iniquidad de sus habitantes" (Is 24, 18 – 20).
  • Todo esto será previo al advenimiento del Reino de Cristo en la Tierra, dando cumplimiento así a muchas profecías que anuncian la llegada del Rey, que viene a tomar posesión de Su Reino, "hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies, y una vez sometidas a Él todas las cosas, Él a su vez se someta a Su padre, para que Dios sea Todo en Todo" (I Cor 15, 25-27).
  • Que Su Reino comenzará con un pequeño número de elegidos, que reinarán con Cristo y serán sacerdotes de Cristo. Que al inicio de Su Venida, "los muertos en Cristo resucitarán primero", (I Cor 15,23 y Apoc, 20,4 y 6) y otros que logren ser fieles hasta Su Venida, "no morirán, sino que se transformarán, al toque de la séptima trompeta" (I Cor 15, 51-52).

Ojalá y todos estos puntos ayuden a centrar nuestro pensamiento ante esta confusión de  abundantes profecías, pues invariablemente todo arranca y termina con Jesucristo nuestro Señor. De lo contrario estaremos expuestos a ser confundidos y en vía de consecuencia a perder la fe en los tiempos que más vamos a necesitarla.

Solo un comentario final: la multitud de profecías que se difunden por todos lados respecto al final de los tiempos, como ya se ha dicho anteriormente, mezclan todo, la verdad y la mentira; y las fuentes de información van desde transmisiones alienígenas, canalizaciones, alquimia, adivinación, visionarios, mitologías antiguas, profecías recogidas en antiguos pueblos y civilizaciones, etc. Pero dejan en claro la lucha entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, toda vez que la única fuente de información proviene de Dios, pues solo Él conoce el futuro de todo y aún el futurible. Sin embargo, ha habido seres que interceptando y distorsionando la Revelación Divina se han convertido en tontos útiles del enemigo al transmitir un conocimiento que pretende negar en el fondo la Verdad de Jesucristo, quien es el mismo ayer, hoy y siempre. En resumidas cuentas, se trata de la lucha por el establecimiento del Reinado en la tierra, del reino de la luz o de las tinieblas, de la estirpe de la Mujer o de la Serpiente, y al final podemos con certeza decir y afirmar que la Verdad de Jesucristo saldrá victoriosa pero no sin un breve, permitido y profetizado triunfo aparente de las fuerzas del mal y de la confusión.

Luis Eduardo López Padilla

26 de junio del 2008


[1] Pablo expone en forma de díptico la Primacía de Cristo: primero en el orden de la Creación natural (v 15 – 17); y segundo en el orden de la Recreación sobrenatural, que es la Redención (v18 – 20). Se trata del Cristo pre-existente pero considerado siempre, en la persona histórica y única del Hijo de Dios hecho hombre. Este ser concreto, encarnado, es la "Imagen de Dios" en cuanto refleja en una naturaleza humana y visible la imagen del Dios invisible (cf Rm 8, 29), el cual puede ser denominado criatura, pero como Primogénito en el orden de la creación, con una primacía de excelencia y de causalidad, más que de tiempo (Nota de la Biblia de Jerusalén).