Sardes (3, 1 – 6)

Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe:

A Sardes le corresponde la época desde Carlos V hasta la Revolución Francesa. A esta época se le dio el nombre de Renacimiento.

Esto dice el que tiene
los siete espíritus de Dios
y las siete estrellas.

Como ya se ha dicho, las diferentes expresiones de Dios contenidas en las distintas Iglesias están refundidas en la visión preliminar que tiene Juan de Cristo, figura tan imponente que le hace caer a sus pies como muerto.

Las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias. Algunos afirman que los siete arcángeles son los que están al frente de cada una de las siete iglesias del Apocalipsis, y son Sadiel, Ariel, Gabriel, Jophiel, Gratiel, Rafael y Miguel. Se llaman arcángeles porque reúnen en ellos la esencia de  todos los ángeles, es decir, son adoradores de Dios, colaboradores de Él en la creación y auxiliadores de los hombres en su camino a Dios. Al principio Dios creó doce arcángeles de los cuales siete permanecen fieles y cinco cayeron juntamente con Lucifer. Los siete arcángeles fieles representan la nueva creación y el nuevo nombre de Cristo. En cuanto a Lucifer algunos creen, basados en una palabra de Cristo, que Satanás sería el arcángel propuesto para el gobierno de la creación sensible o de la tierra, por aquello que es el “príncipe de este mundo”, tal y como lo llamó Cristo. San Pablo incluso lo llama “el dios de este mundo”. Y San Judas en su epístola dice que el mismo arcángel San Miguel ni siquiera se atrevió a increpar a Satanás sino que le dijo: “Que te castigue el Señor” (1, 9).

Por lo que se refiere a los siete espíritus de Dios cada uno representa un aspecto de la perfección septiforme de Dios. Ciertamente Dios es Uno y Trino, pero la perfección de Dios se expresa o se manifiesta en 7 formas debidamente palpables en todo cuanto existe, de ahí que se resuma  todo a Dios – 3 - y Su creación – 4- . (Ver Cap I . El Septenario Apocalíptico)

Conozco tu conducta;
tienes nombre como de quien vive,
pero estás muerto.

En esta época encontramos el llamado Renacimiento que ilusionó al mundo mediante una supuesta “resurrección de la cultura” y una “nueva creación” que marcaba fin al oscurantismo que alcanzó su clímax con la ya citada muerte negra, el Cisma de Occidente, la guerra de los 100 años, etc. Pero la realidad fue otra, esta etapa de la historia nos condujo a un tiempo de mayor oscuridad a través del mito del Iluminismo que tuvo su origen en la gran crisis producida por el Protestantismo en el siglo XVII. De ahí la frase “tienes nombre de viviente – renacido – pero en realidad estás muerto”.

Ponte en vela
reanima lo que te queda
y está a punto de morir.
Pues no he encontrado tus obras,
llenas a los ojos de mi Dios

Se recomienda a la Iglesia conservar lo que tiene, es decir, el Vaticano I, el poder temporal del Papa, la liturgia, la legitimidad de la Monarquía, la no separación de la Iglesia y el Estado, etc. Aquí se hace hincapié en que toda la herencia de Occidente empieza, con el Renacimiento, a ir a la muerte. Las creaciones modernas son más ya resultado del influjo de Satanás; la técnica se vuelve una desviación de la ciencia; la cultura va degenerando convirtiéndose en un procurarle al hombre felicidad humana y goces materiales. Este proceso ha ido aumentando y ha dado lugar a lo que es un cristianismo vacío donde se elimina la sustancia y se rellena de cultos idolátricos.

Acuérdate, por tanto,
de cómo recibiste y oíste mi palabra:
Guárdala y arrepiéntete.

Se vuelve a exhortar a lo tradicional, a lo que se ha escuchado, pero no basta con oírlo sino hay que practicarlo, porque hoy día las palabras de la religión resuenan por todas partes, pero muchas veces vacías por dentro, porque no se practican, no se viven. Porque “aquél que no vive como piensa acaba pensando como vive”.

Porque, si no estás en vela,
vendré como ladrón,
y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

Aparece una vez más el anuncio de la Parusía, pero ya en forma de amenaza. La frase “vendré como ladrón” continuamente la utiliza Jesucristo para aludir a la muerte. Y así las muertes de épocas que vienen después del Renacimiento – la Revolución Francesa y la Guerra Mundial – surgen en forma imprevista, en medio de la euforia.

Tienes no obstante en Sardes
unos pocos que no han manchado sus vestidos.
Ellos andarán conmigo vestidos de blanco;
porque lo merecen.

Como siempre en cada Iglesia hay hombres fieles que no están manchados por la contaminación del mundo. Por eso en esta época hay una importante presencia de santos que comienzan desde el siglo XVI y terminan en el siglo XVIII, como son, entre otros, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Carlos Borromeo, San Francisco de Borja, Santa Rosa de Lima, San José de Calasánz, San Vicente de Paul, Santa Margarita María de Alacoque, Santa Luisa de Marillac, Santa Juana Chantal, San Martín de Porres, San Francisco de Sales, San Luis María Grignion de Montfort.  La predicación y penitencia de estos santos retrasaron hasta el límite permisible dentro del plan de Dios la venida del Anticristo, al cual por cierto lo anunció San Vicente Ferrer por toda Europa.

El vencedor será así revestido
de blancas vestiduras
y no borraré su nombre
del libro de la vida,
sino que me declararé por él
delante de mi Padre y de Sus ángeles.
El que tenga oídos,
oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

A estos victoriosos se les otorga un premio especial y que según la opinión de la mayoría de los Santos Padres Apostólicos, tendrá cumplimiento en el capítulo 20.

En resumen, la era del Protestantismo evidencia la corrupción del Renacimiento que fue herida por el “humanismo pagano” donde las obras ya no eran plenamente católicas sino “embellecidas” de paganismo y mundanismo. Fue la época de las riquezas falsas y quedó listo el escenario para que la revolución aniquilara en Francia la Monarquía cristiana, que ya estaba medio herida por el cisma en Inglaterra, para iniciar lo que muchos creen son ahora “¡los mejores tiempos de la historia!”... los nuestros (?)

Filadelfia (3, 7 – 13)

Al ángel de la Iglesia de Filadelfia escribe:

Entendemos que esta etapa histórica corre desde la Revolución Francesa hasta el fin del reinado del Anticristo. Lo que quiere decir que estamos viviendo la etapa casi final de Filadelfia.

Esto dice el Santo,
el Veraz,
el que tiene la llave de David:
si él abre, nadie puede cerrar,
si él cierra, nadie puede abrir.
Conozco tu conducta;
Mira que he abierto ante ti una puerta
que nadie puede cerrar, porque, aunque tienes poco poder,
has guardado mi palabra
y no has renegado de mi nombre.

Jesucristo invoca aquí no solamente su conocimiento y veracidad profetal – “la llave de David” – sino también su poder discriminatorio: es decir, las llaves de Pedro han vuelto a sus manos.

Asimismo, San Pablo utiliza la expresión “puerta abierta” para indicar la posibilidad de conversiones. En I Corintios 16, 9 dice “y se me ha abierto una puerta grande y prometedora...”

Por tanto, creemos que esta “puerta abierta” está estrechamente vinculada al gran movimiento de las misiones de nuestro tiempo y al surgimiento de múltiples iniciativas y apostolados que han facilitado y ayudado a la conversión en esta difícil etapa y última de este tiempo. Es decir, nadie puede quejarse de que no ha tenido la oportunidad de conocer la verdad. Y así tenemos por ejemplo, y en primer lugar, las apariciones de la Santísima Virgen empezando en estos tiempos por la de París en 1830 con la Medalla Milagrosa, y de ahí a La Salette, Francia en 1846; Lourdes en Francia en 1858, Fátima en Portugal en 1917; y todas las mariofanías que se han suscitado en los cinco continentes durante todo el siglo XX como un gran signo de los tiempos, según lo admitió el Prefecto para la Doctrina de la Fe, Cardenal Joseph Ratzinger, en la entrevista que le concedió al periodista Vittorio Messori. También tenemos:

  1. El nacimiento de la Acción Católica,
  2. El Opus Dei de San José María Escrivá de Balaguer,
  3. Los Ejercicios Espirituales Populares del Padre Vallet,
  4. La Legión de María de Frank Duff,
  5. Los Focolares de Chiara Lubich,
  6. Los Cursillos de Cristiandad de Monseñor Hervás,
  7. La ayuda a la Iglesia Necesitada del Padre Werenfried Van Straaten,
  8. Schönstatt del Padre Kentenich,
  9. La Espiritualidad de Charles de Foucault de René Voillaume,
  10. Las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta,
  11. El Regnum Christi y la Fundación de los Legionarios de Cristo,
  12. La Renovación Carismática en el Espíritu Santo,
  13. Comunión y Liberación de Luigi Giussani,
  14. Los Neocatecumenales de Kiko Argüello y Carmen Hernández,
  15. Las Comunidades de San Egidio de Andrea Riccardi,
  16. Los Grupos de Oración del Santo Padre Pío, y los de Reina de la Paz bajo la sombra de Medjugorie, entre otras.

Mira que te voy a entregar
algunos de la sinagoga de Satanás,
de los que se proclaman judíos
y no lo son, sino que mienten;
Yo haré que vayan a postrarse delante de tus pies,
para que sepan que Yo te he amado.

Una de las señales de los tiempos previas al fin es la conversión de los judíos. San Pablo se refiere a ello en el capítulo 11 de la Carta a los Romanos. En el Apocalipsis pareciera haber tres lugares donde se habla de esta conversión: en la visión de la “mujer vestida del sol que huye al desierto”, así como la “predicación de los dos testigos en contra del Anticristo”, de los cuales uno de ellos va encaminada a la conversión de los judíos, y el tercer lugar sería en esta Iglesia de Filadelfia que está ligada al reinado del Anticristo. Es decir, con el Anticristo los judíos verán colmado su deseo de tener un “reino poderoso y terreno”, hasta que se desengañen cruelmente y digan: “si el Mesías no era este, entonces fue aquél otro a quien nuestros padres rechazaron, por lo que hemos pagado un precio horrendo...”  y será entonces el inicio de la conversión.

Ya que has guardado
mi recomendación de ser paciente,
también yo te guardaré
de la hora de la prueba
que va a venir sobre el mundo entero
para probar a los habitantes de la tierra.
Vengo pronto;
mantén con firmeza lo que tienes,
para que nadie te arrebate tu corona.

Queda meridianamente claro que se les dice a los de Filadelfia que “algunos serán guardados de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero”. Se refiere a la Gran Tribulación Universal que encabezará el Anticristo y de la que Jesucristo dijo “cual no ha habido ninguna desde el principio de la creación hasta ahora, ni la habrá. Si aquellos días no fueran acortados nadie se salvaría” (Mateo 24).

De lo anterior se desprende que a nosotros nos tocará vivir la Gran Tribulación y el enfrentamiento con el Anticristo. Por eso se vuelve a insistir: “mantén con firmeza lo que tienes”, lo cual sugiere aferrarnos del tradicionalismo, de la Iglesia anterior, de la Iglesia de siempre. No es tiempo ni de progreso, ni de cambio, ni de evolución sino de vivir conforme al Evangelio para enfrentarnos “a la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero”.

Y también dice “vengo pronto”, la misma frase que abre y cierra el Apocalipsis.

Al vencedor le pondré de columna
en el Santuario de mi Dios,
y no saldrá fuera ya más;
y grabaré en él el nombre de mi Dios;
y el nombre de la ciudad de mi Dios,
la Nueva Jerusalén
que baja del cielo enviada por mi Dios,
y mi nombre nuevo.
El que tenga oídos,
oiga lo que el espíritu dice a las Iglesias.

Aquí ya se hace alusión directa a la inminencia de la Parusía que incluye entre otras cosas la “Nueva Jerusalén que baja del cielo enviada por Dios”. En ese reino que está ya a las puertas, a los vencedores los harán “columnas en el santuario de Dios”. Todo ello forma parte del misterio de las muchas realidades que se van a dar en la Parusía, durante el Milenio, es decir, los mil años o tiempo indeterminado del Reino de Cristo, pero suficientemente largo para que sucedan en él muchísimas cosas.

Laodicea (3, 14 – 22)

Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe:

Así habla el Amén,
el testigo fiel y veraz,
el principio de la creación de Dios:

Laodicea no puede ser otra que el inicio de la Parusía hasta el fin del mundo. La Parusía no es sólo la manifestación de Poder y Gracia de parte de Cristo que pone fin al Misterio de la Iniquidad encabezada por el Anticristo, sino que es mucho más amplia ya que incluye el Día de la Cólera o Día de la Ira de Yahvé, así como el castigo de Babilonia; desde luego el Milenio con la conversión de los judíos, y la Nueva Jerusalén, incluyendo el nuevo Pentecostés de Fuego de la Iglesia donde habrá Un solo Rebaño y Un solo Pastor; así como la declinación final que está perfectamente descrita en el párrafo siguiente de la carta a Laodicea, y concluye con el Juicio Final.

Conozco tu conducta:
no eres ni frío ni caliente.
¡Ojalá fueras frío o caliente!
Ahora bien, puesto que eres tibio,
y no frío ni caliente,
voy a vomitarte de mi boca.
Tú dices: “soy rico;
me he enriquecido;
nada me falta”.
Y no te das cuenta de que eres un desgraciado,
digno de compasión, pobre, ciego y desnudo
te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego
para que te enriquezcas,
vestidos blancos para que te cubras,
y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez,
y un colirio para que te des en los ojos
y recobres la vista.
Yo a los que amo,
los reprendo y los corrijo.
Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.

El anterior texto no se refiere al Reino Milenario de Cristo sobre toda la humanidad, ni a la glorificación de la Iglesia que reinará con Cristo como Su Esposa, sino al periodo que corre desde la parte final del Milenio hasta el fin del mundo en que Satanás será desatado y vendrá la rebelión de Gog y Magog contra “la sede de los santos y la ciudad amada” (Apoc. 20, 7 – 10). Significa entonces que una vez terminado el larguísimo período de florecimiento espiritual la tibieza irá invadiendo a la Iglesia e irá decayendo espiritualmente poco a poco. Se creerá rica y llegará un tiempo en que no tendrá ni la frialdad del paganismo ni el calor primero de la caridad cristiana que la inauguró. Por eso Cristo dice que está “por vomitarla de su boca”. Pese a ello Dios la sigue mirando favorablemente pues dice a esta Iglesia: “Yo a los que amo, los reprendo y castigo. Se, pues, ferviente y arrepiéntete.”

Mira que estoy a la puerta y llamo;
Si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él
y él conmigo.
Al vencedor
le concederé sentarse conmigo en Mi trono
como Yo también vencí
y me senté con mi Padre en Su trono.
El que tenga oídos,
oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

Jesús dice en la Iglesia de Filadelfia “mira que vengo pronto” y vendrá cuando comience Laodicea. A esta Iglesia le dice “estoy a la puerta y llamo” y se manifestará refulgentemente al final de la Parusía cuando comience el Fin del Mundo y el inicio de la Eternidad.

Aquí pues están explicadas las 7 Iglesias que, como se ha dicho, corresponden a las siete etapas de la historia de la Iglesia.