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La Verdad Seducida

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En este momento decisivo de la historia, en estos años finales de la primera decena del ya entrado siglo XXI, la humanidad se aboca a vivir los más grandes acontecimientos jamás vistos desde que el mundo fue creado. Tres seres son los autores de estos acontecimientos: 1. Dios y sus ángeles; 2. Satanás y los ángeles caídos; 3. el hombre. En estos próximos años veremos sumarse, interaccionar y confluir grandes acontecimientos que maravillarán hasta al más incrédulo. Sólo el correcto discernimiento de espíritus podrá determinar quién es el autor de tales hechos. Esta suma de señales, que sería el término más apropiado, es la expresión del cumplimiento de los signos que preceden la gran batalla llamada escatológica (del Final de los Tiempos) en la que se enfrentan dos estirpes claramente señaladas desde el principio de los tiempos: la de la Mujer, cuya cabeza es Jesucristo; y la de la serpiente, cuya cabeza es Satanás (Gen 3, 15). Es importante tener esto muy claro pues de lo contrario es imposible entender lo que está sucediendo en el mundo en todos los órdenes y lo que va a suceder en breve y que va a envolver a los cielos y a la tierra entera, pues como dice la Escritura, habrá grandes señales en el cielo, en el sol, en las estrellas y grandes manifestaciones también en la tierra. (v. Joel 3,15). Es como una preparación de todos los involucrados, seres visibles e invisibles, listos para enfrentar la gran batalla.

Cristo Vencedor

En ese sentido conviene dejar sentado que nuestra primera mirada debe centrarse en Dios, en Cristo, "pues Él es la imagen del Dios invisible y el Primogénito de toda la Creación, por quien fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, las visibles y las invisibles" (I Epístola de San Pablo a los Colosenses Capítulo 1, 15 – 16); de la misma manera, al adentrarnos en esta parte final de la historia, que no es el fin del mundo, es preciso volver a centrar una vez más nuestra tesis de que "el triunfo definitivo de esta batalla le corresponderá a Cristo y que el reino de este mundo será sólo y exclusivamente para Él, quien reinará por los siglos de los siglos". Dicho en otras palabras, al presentar todo el ataque y circunstancias que rodearán la mayor afrenta satánica contra el hombre y contra Cristo en este tiempo, al extremo de que por un tiempo parecerá que Satanás es el único vencedor y que incluso logre establecer un breve reinado en la tierra a través de un personaje – el Anticristo – al que manejará a su antojo y quien estará a su servicio, lo decimos a sabiendas de que al final el único vencedor de esta batalla, el que logrará destronar totalmente a su rival con el "solo soplo de Su boca y el resplandor de Su presencia" (II Tes 2, 8) será Jesucristo mismo.

Este juego de luchas y de ataques que ha existido desde el principio de los tiempos forma parte de lo que el Apóstol Pablo llama Misterio de la Iniquidad, o lo que es lo mismo, Misterio del Mal. Este es uno de los grandes interrogantes que se plantea el hombre y es precisamente el de la existencia del mal en el mundo. ¿Por qué si Dios es tan bueno, tan grande y tan poderoso, puede permitir la existencia del mal en el mundo? Y ese es un misterio. De momento diremos que Dios es tan sabio que en su Infinita Sabiduría ha juzgado que sacar bien del mal es mucho mejor que no permitir la existencia de ningún mal. Es decir, que Dios de los males saca grandes bienes. De este mal que está azotando a la humanidad en diversos órdenes de la vida y el mal que se va a enseñorear en el mundo, con apariencia de bien engañando a casi todos, Dios lo permitirá para el mismo logro de sus propósitos. Pues como también dice el Apóstol Pablo: "Todo concurre para el bien de los que aman a Dios y sirve para edificar la gloria de los elegidos".

La Verdad y el Poder Engañoso

En esta explicación encontramos la esencia que nos ayudará a comprender lo que va a suceder en breve en la tierra, fruto de la permisión divina y del ataque diabólico, y se resume en la siguiente cita de San Pablo en su Segunda Carta a los Tesalonicenses, Capítulo II: "Dios permite un poder engañoso para que crean en la mentira y sean condenados aquellos, que no creyendo en la verdad, se complacieron en la iniquidad". Así de claro.

Esta frase lo que nos está diciendo es que Dios se ha asegurado, contra lo que muchos pudieran pensar, de que el hombre tenga acceso a la Verdad, conozca la Verdad que lo salvaría, la Verdad que lo haría libre, la Verdad que lo encauzaría hacia el cumplimiento en su destino natural y sobrenatural en esta vida; en una palabra, la Verdad que lo llevaría a la felicidad eterna. Puesto que Cristo mismo es la Verdad, Su Palabra tiene vida eterna y está contenida en el Evangelio; ahí está la Verdad para quien quiera leerla, absorberla, interiorizarla y vivirla. La Verdad está en la Iglesia, la única Iglesia fundada por Cristo, la Iglesia Católica, que a pesar de sus fallos humanos, puesto que está compuesta por hombres, el Espíritu Santo se ha asegurado de velar para que la Verdad ilumine el camino del hombre a través de la enseñanza perenne del Magisterio, de la doctrina sólida y segura de los Padres de la Iglesia, de los frutos  espirituales de santidad de admirables órdenes y fundaciones que han embellecido la vida de los hombres durante dos mil años, etc. La Verdad está también en María Santísima, pues al ser Madre de Cristo es Madre de la Verdad y Ella en sus recientes apariciones y manifestaciones en el mundo, en las llamadas apariciones marianas, las auténticas, se ha asegurado de recordar el camino de la Verdad. La Verdad en los documentos y testimonios que científicamente prueban la Resurrección de Jesucristo, en la Sabana Santa, para aquellos que necesitan ver para creer; la Verdad que dejó plasmada la Siempre Virgen María de Guadalupe en la tilma de San Juan Diego, que científicamente nos ha demostrado que no hay causas naturales o huellas químicas o biológicas que expliquen la naturaleza del Ayate Guadalupano, incluidos los grandes milagros que ha suscitado sus múltiples estudios científicos a través de los ojos de la Virgen del Tepeyac. La Verdad a través de los múltiples milagros, curaciones y sanaciones inexplicables y prodigiosas que se han dado en lugares de peregrinación mariana, como en Lourdes o la misma Guadalupe. La Verdad atestiguada por la vida de los santos, por la sangre de los mártires, por el testimonio de los confesores, por la heroicidad de las vírgenes, y de tantos y tantos que han proclamado la Verdad de Cristo y de Su Iglesia, a pesar de los ataques y descréditos que sufre hoy con mayor frecuencia. No existe Institución más antigua que la Iglesia ni Verdad más profunda que los textos de los cuatro evangelistas, Mateo, Lucas, Marcos y Juan.

Pero como esta Verdad ha sido rechazada sistemáticamente por el hombre; como ahora la mayoría de los hombres se empeñan en beber aguas sucias y en buscar otras "fuentes" de verdad, negando la Verdad de Cristo que los salvaría, entonces es el Señor mismo el que permitirá ahora un gran poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados  todos aquellos que, rechazando la Verdad se complacen hoy en la iniquidad, en el error, en la oscuridad, en las tinieblas, en la confusión, en la mentira, en el engaño. Todos estos se dejarán ahora seducir por un poder engañoso, se dejarán seducir ni más ni menos que por el poder de las tinieblas, y no habrá quien los salve, pues han hecho oídos sordos a la Verdad, pues oyendo no oyen y viendo no ven. Este es el tiempo pues de la generación incrédula, perversa y sorda que quiere abrazar la mentira y que ha rechazado la Verdad que la salvaría. En esto estriba pues la explicación teológica de lo que va a suceder en el futuro inmediato y que conforma una serie de grandes señales y prodigios engañosos que van a confundir, si fuera posible incluso, a los mismos elegidos. Este es el tamaño del gran Proyecto Milenario del Poder de las Tinieblas y que está a punto de manifestarse con toda su fuerza en el mundo completo.

2 Estirpes

Hemos dicho que existen dos estirpes, o para ser más precisos, sólo hay una estirpe, la de la Mujer cuya cabeza es Cristo Nuestro Señor. Pero a la sombra de esta estirpe y como burdo remedo de la estirpe de la Mujer, surge la estirpe de la serpiente. Al ser una burda imitación, pues el Demonio desde siempre se ha caracterizado por ser la "mona de Dios", iremos constatando cómo el Plan que Dios ha querido desde siempre para el hombre y para toda su creación será irremediablemente remedado, imitado por el poder de las tinieblas. Por eso hemos intitulado este capítulo Proyectos Similares y Opuestos, puesto que si bien cada estirpe tiene un proyecto contrario, en su base el Diablo le "copia" a Dios y es aquí de donde se dará la gran confusión. Vamos a profundizar.

Desde el momento en el que Dios establece la "enemistad entre la Mujer y la serpiente" (Gen 3,15), queda bosquejada la lucha incansable e insidiosa del Demonio por obstaculizar la Plenitud del Reino de Dios, que será el objetivo fundamental de la estirpe de la Mujer. Es decir, pudiéramos afirmar que cada una de las estirpes tiene un doble objetivo perfectamente establecido. La estirpe de la Mujer tiene como propósito primario que las almas creadas por Dios lleguen a su destino eterno con Él y se salven, que alcancen el Cielo eterno, cumpliendo así el fin para el cual fueron creadas. Así lo confirma el catecismo más básico de la Iglesia: El hombre fue creado para conocer y amar a Dios en esta vida y gozarlo eternamente en la otra. Si ese es el objetivo inmediato de la estirpe de la Mujer, explicado de manera muy sencilla, por el contrario, la estirpe de la serpiente quiere que las almas no alcancen el destino para el cual fueron creadas y que es estar con Dios. Por tanto la serpiente lo que quiere es que se condenen, que pierdan a Dios para siempre, que lleguen al infierno, ese lugar del que hemos explicado abundantemente en el capítulo V.

Asimismo, y dicho de manera muy simple, el objetivo principal de la estirpe de la Mujer es la instauración del Reino de Cristo en la tierra, es decir, que se concrete el proyecto del Padre Eterno con Su Hijo Jesucristo, para que Él sea al fin Rey de Reyes y Señor de Señores en este mundo, en toda la creación, y pueda contemplarse al fin en esta tierra un solo rebaño y un solo pastor. Este es el objetivo fundamental por el cual fueron creadas todas las cosas y que se ordenan a Cristo como Señor de la historia. Una vez que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies, como dice Pablo, Él a su vez entregue su Reino al Padre. Por el contrario, la estirpe de la serpiente o del Demonio lo que quiere igualmente (remedando a Dios) es establecer un reino en la tierra, pero no el de Cristo sino el de Satanás, a través de un hombre que suplante a Cristo y que será el llamado Anticristo. Satanás tiene planeado un gran engaño y va a lograr por unos años que esto se realice plenamente en la tierra y es precisamente de lo que vamos a hablar ahora. Es un plan concertado de muchos siglos, perfectamente dirigido y orquestado utilizando no solamente a los ángeles caídos sino también a los hombres, a los que ha engañando desde siempre y hoy los sigue engañando con verdadera maestría. Dicho en otras palabras, todo el mal acumulado desde que la serpiente entró en el Paraíso Terrenal, toda la fuerza, todo el poderío, toda la sagacidad y experiencia confluyen en este proyecto del reinado del Anticristo, un reino de alto esoterismo del nivel más elevado de magia, malévolo e intrínsecamente perverso, pero eso sí, con apariencia de bien, "adueñándose" del hombre y de toda la creación de Dios.

Las Tesis de Dios y de Satanás : Inmortalidad y Divinidad

Si pudiéramos glosar las dos tesis que se enfrentan, la de Dios (Verdad) y la del Diablo (Mentira), sería lo que a continuación citamos, aclarando que las dos reflejarán una misma base, y que es el misterio de la inmortalidad y de la divinidad. Ya explicaremos cómo estas dos realidades conforman el eje del proyecto divino para el hombre y, del mismo modo, el eje de la imitación burda que el Diablo promete para el hombre.

Glosemos entonces lo que sería la tesis de Dios:

"Tomad y comed todos de Mí para que tengáis Vida y vida en abundancia. Yo os daré a beber agua de Vida eterna. Pero si me dejáis (...) moriréis y no alcanzaréis jamás la divinidad que quiero participarles de mi misma esencia, porque sólo en Mí está la Vida; sólo en Mí la Felicidad,  la Santidad, la Inmortalidad, la Divinidad, la Belleza, toda la Sabiduría (...) Conmigo no tendréis necesidad de nada, no sufriréis porque Yo me sustituiré a todas vuestras necesidades (...) Haberos creado y no darme a vosotros como Vida, sería amor limitado, no digno de Mí. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida y si creéis en Mí y cumplís Mi Palabra, Yo los glorificaré, seréis Uno conmigo para siempre y no moriréis jamás, y aunque hayáis muerto viviréis para siempre, pues quiero que seáis otros Cristos. Así los glorificaré y no borraré vuestro nombre del Libro de la Vida del Cordero y comeréis del Árbol que está en el centro del Paraíso y confesaré los nombres de vosotros delante de Mi Padre y de sus ángeles. Y recibiréis el ciento por uno en esta vida y seréis jueces de los hombres y de los mismos ángeles y resplandeceréis como el sol en Mi Reino, y al fin poseeréis la tierra; seréis hijos de Dios y os sentaréis conmigo y Yo mismo os serviré y nada os hará daño y haréis milagros mayores que los que Yo hice en la tierra. Y seréis sacerdotes y reinaréis conmigo en la tierra y para siempre y no tendrá jamás poder la muerte sobre ustedes y os daré un nombre nuevo. Tendréis poder sobre las naciones y seréis revestidos con vestiduras blancas y os reconoceré delante de Mi Padre y os haré columnas en Mi Santuario y os sentaréis conmigo en Mi Trono y venceréis, y a todos os pondré en su frente Mi Nombre, el de la Ciudad de Dios, de la Nueva Jerusalén que baja del cielo, el Verbo del Padre, el Amén del Padre. Pero si no hacéis Mi Voluntad os separaréis libremente de Mí, os pondréis a distancia, y ni Yo podré dar ni vosotros podréis recibir, os reduciréis a la más extrema pobreza, os precipitaréis al abismo de todos los males, y hasta miedo tendréis de Mí, vuestro Creador, Padre Amantísimo, Misericordioso, Rey, Glorificador, Redentor y Divinizador (...)".

La tesis de Satanás, padre de la mentira, se reduciría a lo siguiente:

"Dios es mentiroso, injusto, tirano y opresor, quiere manteneros como esclavos. Él les manda y les prohíbe hacer y no hacer, les limita y los somete, pero yo y solo yo les enseñaré cómo independizarse de Él y ser como dioses, sí, como dioses, sin necesidad de Él. Yo los iniciaré en las profundidades del misterio, del esoterismo, de la magia y los haré igual que Dios, pero sin Él. Si ustedes me siguen les prometo que no morirán jamás, pues bien sabe Él que encontrarán innumerables vidas sucesivas en evolución siempre ascendente, en el camino de la fusión con el cosmos divino. Él les dio una voluntad libre. ¿Para qué? Para que conozcan el bien y el mal, por tanto, con la sabiduría que les da de comer de ese árbol han logrado entender que pueden separarse de Él, que pueden vivir sin Él, que pueden alcanzar la inmortalidad y no morir, y lo que es más importante, que pueden ser como Él, dioses, pues su divinidad está en su interior, en su esencia, pero hay que liberarla, y yo y solo yo sé cómo la pueden liberar pues conmigo, juntos, iremos a crear un mundo libre, sin mandamientos, sin ataduras, sin censuras, sin dogmatismos oscurantistas puesto que son un insulto a su inteligencia, nada digno de su creatividad para buscar un mundo humanitario donde el hombre sea hermano del hombre, en el inicio de una Nueva Era. Con mi poder y con mi luz yo les voy a revelar la divinidad interior que ustedes poseen, les haré saber la verdad del pasado, de dónde han nacido, quiénes realmente los han engendrado, conocerán la verdadera historia de la creación y conocerán quiénes son sus hermanos mayores. Lograrán una vida que nunca han alcanzado en la tierra, de poder absoluto, donde todas sus facultades alcanzarán el tope de lo inimaginable, del placer y del goce completo. Ustedes me podrán invocar con cualquiera de los siguientes nombres: príncipe de este mundo, suprema inteligencia, energía cósmica, padre de las luces, estrella flamígera, gran arquitecto del universo, ser supremo universal. Yo les presentaré a numerosísimos colaboradores míos, que les ayudarán a develar todos los misterios del universo, de su pasado, su presente y su futuro, todos los misterios del más allá y del microcosmos; estos sirvientes míos los podrán llamar ustedes como: avatares, maestros ascendidos, legiones blancas, maestros de la sabiduría, los antiguos dioses de la humanidad, nefilim, seres alienígenas, grandes seres cósmicos, huestes angelicales, etc. Les prometo que el tiempo ha llegado y que mi triunfo está decretado, yo reinaré en esta tierra y me verán más pronto de lo que piensan. Yo los glorificaré a todos y todos serán reconocidos por mi sello en la frente y tendrán mi nombre por siempre por los siglos de los siglos. Y si alguien se interpone en mis planes, entonces veremos quién es quién".

Podemos visualizar ahora  más ampliamente los dos proyectos, el divino por parte de Dios y el diabólico por parte de Satanás. En el proyecto divino, Nuestro Padre y Creador, desde que nos insufló la vida en el principio de los tiempos ha querido asociar al hombre a su propia divinidad; es decir, que el hombre sea como Dios, y de esta manera el hombre glorifique a Dios, al hacerse semejante a su Creador y Padre. De la misma manera pero en sentido opuesto e inverso, el Demonio al remedar el proyecto divino de la Creación, también le promete al hombre la divinidad, le va a dar a su intelecto las normas y proyectos que son necesarios realizar para que el hombre alcance la divinidad. La diferencia es muy sutil, puesto que en el plan de Dios la divinidad se alcanza por la vía del amor y de la negación de nuestro propio yo como consecuencia del pecado; por su parte, el plan de Satanás es alcanzar la divinidad por la vía de la rebelión, a imitación del padre de las luces que en el principio se rebeló a su Creador: ¡Non serviam!;  ¡no serviré!

De la misma manera, desde que Dios creó al hombre, lo hizo con la intención de que siempre fuera inmortal, que nunca muriera. En el mismo caso, la mona de Dios va a remedar y también va a prometerle al hombre la inmortalidad, de una u otra forma. Y aunque pareciere que todos mueren en este mundo, Satanás se ha asegurado de hacerle creer al hombre que la vida no termina con la muerte sino que hay un más allá donde el hombre alcanzará el desarrollo pleno de su evolución física, o en su caso, podrá reencarnar hasta lograr fundirse con el cosmos divino de su Creador, participando así de la misma esencia divina.

Principios Fundamentales

Pero vayamos por partes. Para no desviarnos del orden y poder sentar las bases de lo que es la verdad y lo que es la mentira en este proceso que asimila los proyectos tanto de Dios como de Satanás, establezcamos algunos principios fundamentales.

Estas ideas están fundamentadas en la Sagrada Escritura y ayudarán a comprender mejor lo que vamos a estudiar más adelante. Por tanto, diremos lo siguiente:

  1. Todas las cosas han sido creadas por Dios. No ha lugar a ningún proceso de evolución de las especies. Eso es una falacia y una mentira.
  2. Todas las cosas y todos los seres han sido creados con motivo de una criatura, el hombre, como centro de la Creación, constituido por Dios como rey y sacerdote de la creación, destinatario y heredero de todo (Gen1, 26 – 28).
  3. Al mismo tiempo, el hombre ha sido creado por Cristo y en Cristo. Así lo confirma Pablo en Corintios: "Todo es vuestro, más vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios" (I, 3, 22 – 23). Es decir, "en Él, (Cristo) nos ha elegido antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e inmaculados ante Él en su amor" (Ef 1, 3 – 5); y también "todas las cosas han sido creadas por medio de Él y en vista de Él. Él es antes de todas las cosas y todas subsisten en Él" (Col 1, 15 – 20). Por eso en el Credo recitamos: "Creo (...) en Jesucristo Su Hijo (...) por quien todo fue hecho".
  4. Ahora bien, dentro de todo este orden armonioso y maravilloso creado por Dios, el hombre, por engaño del Demonio, pecó y se pervirtió, se degradó y se salió del plan original que Dios le había encomendado. Se salió del orden establecido por Dios. Es entonces donde empieza a desarrollarse el plan del Demonio, remedando la obra de Dios y aprovechando – y esto es muy importante – todas las revelaciones de las que fue objeto por parte de Dios antes de su caída, revelaciones que tienen que ver con los misterios del universo completo, y particularmente del hombre, incluso la misma Encarnación del Verbo.

Aquí están echados los dados del juego eterno. Aquí está resumida la esencia de la Sabiduría de Dios y el remedo de esa sabiduría por parte de Satanás. No obstante, sobre el particular ya profundizaremos cuando expliquemos el tema de la Creación de la Primera Humanidad y los dones que los hombres recibieron de parte de Dios en el llamado Paraíso Terrenal; así como la asechanza de Satanás que logró que el hombre se apartara del plan original de Dios y todo el desorden gravísimo que hizo que el Creador decidiera eliminarlo de la tierra mediante el Diluvio Universal.

Pero esto lo explicaré en el siguiente artículo.

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