La Perfección de un Mensaje

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La Santísima Virgen María se apareció en 1953 en el Barrio Rincón, Sabana Grande, Puerto Rico, durante 33 días, comenzando el día jueves 23 de abril y concluyendo el lunes 25 de mayo.

Dentro del concierto mariano que caracterizó al siglo XX, la aparición de la Virgen en el Barrio Rincón del pueblo de Sabana Grande, Puerto Rico, no sólo reúne, por mucho, todos los requisitos de una manifestación sobrenatural y auténtica, sino que además se erige, por su propósito, como una de las más trascendentales de la historia, (junto con Guadalupe, México en 1531; Lourdes, Francia en 1958 y Fátima, Portugal en 1917) sin que nos quepa la menor duda que en el futuro será reconocida como clave y fundamento de la nueva primavera que vendrá para la Iglesia.

Como es sabido, las revelaciones privadas no tienen el mismo carácter que la revelación pública y oficial de la Iglesia. No obstante, una vez que las revelaciones privadas sean probables y piadosamente creíbles, se les puede dar un asentimiento de fe humana (Las Beatificaciones y Canonizaciones de los Santos II, 32, 9 del Papa Benedicto XIV.) Y lo más importante es que las apariciones de la Virgen no sólo se constituyen en un saludable recordatorio de Dios a vivir la vida evangélica de oración y penitencia, sino que también se traducen en un instrumento que viene a beneficiar grandemente al pueblo de Dios, pues en sus mensajes se ponen de relieve aspectos que hoy se encuentran muy olvidados; aclaran y visualizan en perspectiva actual profecías anunciadas por Jesucristo para estos tiempos y, en definitiva, resultan en un fuerte impulso para la vida espiritual en un momento específico de la historia de la Iglesia. Así por ejemplo, el Papa Juan XXII menciona la aparición a San Simón Stock (1251) sobre el escapulario carmelita y el privilegio sabatino. La renovada devoción al Sagrado Corazón de Jesús fruto de las revelaciones que recibiera Santa Margarita María Alacoque, o las mismas de Fátima respecto a la devoción al Corazón Inmaculado de María y la reparación eucarística de los primeros cinco sábados de mes, o incluso, por ejemplo, la festividad de la Divina Misericordia que se celebra el domingo siguiente posterior a la Resurrección, según las revelaciones a la polaca Santa Faustina Kowalska.

Así, en este contexto surge la Aparición de la Virgen del Rosario con un propósito estrechamente vinculado a varios conceptos que se encuentran revelados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y particularmente en el Libro del Apocalipsis.

Un Propósito y una Metodología

La Virgen vino a Sabana Grande con la encomienda específica de formar una Nueva Estirpe, es decir, la formación de un grupo de hombres y mujeres comprometidos a vivir plenamente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, que inaugurando una Nueva Comunidad culminen un triple propósito llamados por la Virgen del Rosario como:

Este propósito  de la Nueva Comunidad está estrechamente vinculado con el Plan de Dios descrito desde el Génesis y culminado en el Apocalipsis. El protoevangelio dice: "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la de Ella. Y tú le asecharás el calcañar y Ella te aplastará la cabeza." (3,15).

San Pablo también descubre este plan de Restitución cuando escribe: ""Dios ha querido ahora darnos a conocer el misterio de Su voluntad... Lo que Él se propuso en un principio para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo, lo de los cielos y lo de la tierra, quede restaurado en Cristo, bajo su jerarquía soberana." (Efesios 1, 8 – 10)

Y en el evangelio, Jesucristo nos llama a la Plenitud: "Sed pues perfectos como mi Padre celestial es perfecto" (Mt, 5,48)

Y el Propósito Séptimo se refleja en las palabras de Jesucristo, "En la casa de mi Padre hay muchas moradas; porque voy a prepararos un lugar...para que donde esté yo estéis también vosotros..." (Jn, 14, 2-4).

En este orden, la Virgen establece un Plan de Crecimiento Espiritual para el cumplimiento de sus propósitos, para lo cual simbólicamente pide la construcción de una capilla de 7  lados o planos que a su vez simbolizarán ese crecimiento espiritual en 7 etapas hasta lograr la Plenitud. Asimismo, Ella menciona en los mensajes transmitidos al niño vidente Juan Ángel Collado,  7 clases de hijos,

  1. Hijos de Dios: todos los hombres de la tierra;
  2. Hijos de la Iglesia: todos los bautizados;
  3. Hijos Míos: los que se han consagrado de alguna manera a Ella;
  4. Hijos Predilectos: los sacerdotes;
  5. ijo Verdadero y Predilecto: el Papa;
  6. Su Amadísimo Hijo: Jesucristo; e,
  7. Hijos nuevos: aquellos que formarán parte de la Nueva Estirpe, son hijos nuevos, transformados que están simbolizados en el broche de la Santísima Virgen María.

La Virgen de refiere a ellos así:

"Ustedes, los que habitan en mi broche, recibirán mi escudo protector. La fe, la entrega, la vida consagrada a promulgar mi nombre, la búsqueda apostólica para conseguir hijos y apóstoles para la restitución aplacarán la furia del enemigo". (Sexto Mensaje)

"Hijos nuevos, serán ustedes partícipes de la restitución hacia el Propósito Séptimo, la Plenitud de mi Hijo, ahora y para siempre". (Cuarto mensaje)

"Hijos nuevos, estén alerta, Plenitud es lo que quiero". (Tercer Mensaje)

Y precisamente como parte de este llamado está la búsqueda de 7 hijos espirituales, hijos de una nueva generación al servicio del Redentor. Los hijos llamados a ser Nueva Estirpe deben ejercer un apostolado firme, constante y diligente (Cuarto Mensaje) para que las generaciones en el futuro sean como las estrellas del cielo y como las arenas del mar.

Perfección de Dios expresado en Sabana Grande

Toda la manifestación de María Santísima en sabana Grande está impregnada del número siete: 7 prendas, 7 estrellas de su corona, 7 planos de la capilla pedida por María, 7 Mensajes, 7 colores del Arco iris el primer día de la aparición, etc.

La plenitud de la vida cristiana sólo puede habitar en Dios quien es Orden Perfecto, o sea, la Unidad en la Multiplicidad, que se comunica a toda Su Creación. Toda la creación evoca la perfección del Creador, y esa Perfección es Amor en todas sus manifestaciones, que por venir de la Perfección Absoluta se manifiesta en la abundancia espectacular del Orden en Plenitud, que da gloria al Altísimo.

Por eso el  número 7 es la suma del 3 + 4; el 3 que hace referencia a la vida de Dios, es decir, a la Trinidad, y el 4 que se refiere a la obra creadora de Dios y que se encuentra representada en los cuatro elementos de la naturaleza, es decir, fuego, aire, tierra y agua. Así entonces 7 es reflejo de Dios y su Creación.

Asimismo, si bien todo el simbolismo del número 7 se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, resulta de particular importancia lo que fue la creación de los cielos y tierra, tal y como lo menciona el Génesis: "Fueron, pues, acabados el cielo y la tierra con todo el ornato de ellos. El día séptimo terminó Dios la obra que había hecho; y descansó en el día séptimo (...) Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó porque en él descansó Dios de toda su obra que en la creación había realizado". (Gen. 2, 1 – 3 )

También el número 7 simboliza la alianza hecha por Dios con el hombre y que se pone de manifiesto en el Arco iris,  particularmente importante en la manifestación de Sabana Grande; y descrita por Juan en el Apocalipsis, tanto en el Trono de Dios (4, 3.) como en el Ángel Poderoso que hace un juramento y que viene con el Arco iris sobre su cabeza. (10, 1) Y dijo Dios: "He aquí que Yo establezco mi pacto con vosotros y con vuestra descendencia después de vosotros (...) Pondré mi arco en las nubes, que servirá de señal de pacto entre Mí y la tierra." (Gen. 9, 9 y 13). Por ello el Arco iris no es sólo símbolo de esa Nueva Alianza de Dios con el hombre, sino que también es una Alianza de Plenitud, de la verdadera santidad a la que el hombre está llamado desde el origen y que se encuentra representada en sus 7 colores, ya que a través de ellos Dios nos invita como criaturas suyas a retornar a ser Imagen y Semejanza suya, a volver a tener aquella Semejanza con Dios que Adán tenía cuando fue creado inocente y que perdió con el pecado, pues nosotros somos Imagen creada de Dios en nuestra propia naturaleza humana, de la misma manera que el Verbo de Dios es la Imagen increada y consubstancial del Padre. Sólo así se puede pues cumplir la Palabra de Jesucristo, "Sed pues perfectos como mi Padre celestial es perfecto". (Mt 5, 48.)

Es por eso que la encomienda traída por la Purísima del Pozo (llamada a sí misma en el Sexto Mensaje) está conformada en 7 grupos de trabajo que responden a un carisma específico, y que en su conjunto dan como resultado que todas las actividades que se lleven a cabo se realicen de una manera armónica y disciplinada.

El número de funciones, 7, tiene la misma connotación en la Sagrada Escritura, es decir, Perfección o Plenitud, de tal manera que la interacción de los carismas nos debe llevar a la perfección humana y a la espiritual.

Ahora bien, a los 7 grupos de trabajo también se les denomina Representaciones, y a las funciones que cada Representación realiza se les llama Carismas, los cuales unos y otros, Representaciones y Carismas, se les conocerá siempre con los nombres de las 7 Iglesias del Asia Menor mencionadas en el Apocalipsis: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Los 7 carismas imparten una personalidad única al apostolado; son tanto una herramienta de trabajo como una forma de crecimiento espiritual en búsqueda de la conversión de las almas, y desde luego, en pos de la Plenitud, Restitución y Propósito Séptimo pedidas por María por encargo de Su Hijo. Así, todos los carismas interactúan unos con otros, de manera tal que todas las actividades que se realizan deben hacerse con la mayor perfección posible, creando de esta forma una estructura carismática por la cual fluye la inspiración y la comunicación de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Cada Representación y Carisma están relacionados íntimamente tanto con los 7 colores del Arco iris como con las 7 virtudes de María y con las 7 prendas de vestir de la Virgen del Rosario. (Corona, manto azul, broche al cuello, túnica blanca, cinturón, rosario entre sus manos y sandalia en su pie derecho al frente).

Dicho en el orden sobrenatural y místico, los 7 carismas son la infusión de una Nueva Vida; son los que van moldeando la personalidad del Nuevo Ser, del ser sobrenatural. Es en el Arco iris de los carismas que la luz blanca –como símbolo de la Plenitud– se descompone en sus 7 colores primarios básicos; y debe el ser, con su entrega diaria, volver a juntar los 7 colores para convertirlos en luz blanca. Es en el fluir de ese Arco iris, por cada color, por cada carisma, en que fluye la Perfección hacia el ser que al juntarse en él se convierte en luz blanca. Así un ser con sus carismas debe ser reflejo de luz, santo de luz, imagen que comparte la luz de Cristo y se mira en el espejo de María para iluminar y vivir la Nueva Vida Eterna desde ahora, desde este mundo sobrenatural que habrá de prolongarse por toda la eternidad.

Propósito y Mensaje

Dentro de la asertividad de que goza todo el Mensaje de la Virgen, en algunos de sus textos se desprenden los puntos esenciales para ir comprendiendo la razón de ser de su pedido:

"...promulgue mi nombre como Madre de Verdadero Camino hacia el Padre" (Primer Mensaje)

"Plenitud es lo que quiero porque así me lo ha encargado mi Hijo. Siete serán los retoños y siete las espadas; siete serán las generaciones y después no podrán ser contadas.

Plenitud y mi promesa; restitución del camino"(se repite siete veces). (Segundo Mensaje)

"(...) Hijos nuevos estén alerta, Plenitud es lo que quiero"

"Plenitud es lo que quiero porque así me lo ha encargado mi Hijo." (Tercer Mensaje)

"...Aún así el mensaje de restitución será acogido y promulgado más allá del mar, donde he puesto mi pie derecho...

(...)Les confirmo que el Amor y Misericordia de mi Hijo es grande para los que restituyen (...)

(... ) Muchos, que con sacrificio pusieron a Dios como prioridad, quedarán de pie; entonces, se restituirá el Amor de Dios sobre todas las cosas en la nueva comunidad (...)

Por encargo de mi Hijo, yo les propongo un plan de entrega y crecimiento espiritual para alcanzar así la Plenitud (...)

Hijos míos, si hicieran todo esto que les recomiendo, entonces habrán aceptado mi invitación a ser apóstoles de los tiempos; así serán partícipes de mi broche, de la nueva estirpe.  Hijos nuevos, serán ustedes partícipes de la restitución hacia el Propósito Séptimo, la Plenitud de mi Hijo, ahora y para siempre. (Cuarto Mensaje)

"Mártires algunos serán y derramarán su sangre, pero es mejor perder hasta la última gota, que perder el alma para siempre.  Más aún, serán éstos la alegría del Reino Eterno y serán dueños del Bastón Sagrado.

Perdonen a los que les hieren y les hacen sangrar, perdónenles 70 veces siete.  Obren así como reza en la oración que mi Hijo dedica al Padre.  Entonces, serán verdaderos cristianos, hijos de la restitución ahora y para siempre." (Quinto mensaje)

"(...) Ustedes, los que habitan en mi broche, recibirán mi escudo protector. La fe, la entrega, la vida consagrada a promulgar mi nombre, la búsqueda apostólica para conseguir hijos y apóstoles para la restitución aplacarán la furia del enemigo.

(...)El día que llegué a ti escuchaste: "No tengas miedo". Entonces, no teman, pues el arco iris multicolor brillará por todos los confines, recordando la gran promesa del Cielo y de la tierra, la tuya, la mía y, sobre todo, la de mi Señor del Cielo.

Plenitud y mi promesa; restitución del camino" (se repite siete veces) (Sexto Mensaje)

A lo largo de las citas precedentes descubrimos el hilo conductor del Plan de Dios por medio de María Santísima:

De momento diremos que cada uno de estos conceptos revela un profundo misticismo y trascendencia que descubre paso a paso lo que fue el origen del hombre en esta tierra –dentro del plan providencial querido y permitido por Dios– y que comienza en su existir con el soplo divino que lo hizo a Imagen y Semejanza de Dios, eterno, inmortal, cuasi divino, pero que luego por el mal uso de su libertad e indisciplina trastocó el orden establecido por Dios, motivando que el plan original del Padre Eterno quedara en suspenso. Surge entonces la encomienda, el Mandato y la orden venida de lo Alto para que el hombre regresara al origen; que volviera al orden del principio; para que pudiera participar de la Plenitud de Dios. Y dentro de un gran misterio esta encomienda le fue delegada a la Santísima Virgen, para que Ella fuera la suprema formadora y educadora de hombres y mujeres en este tiempo que pudieran constituirse en semilla digna de una Nueva Estirpe, una estirpe nueva que dé lugar a una Nueva Comunidad donde el hombre pueda ser al fin Imagen en Plenitud del Dios hecho Hombre, otro Cristo, el mismo Cristo, Ipse Christus. Así, estos nuevos hombres, en unidad con Cristo y María Santísima, contribuirán a que se haga la Voluntad de Dios en la tierra como se vive en el cielo; que logren restituir el orden creado al estado original tal y como salió primigeniamente de las manos de su Creador; dando así entonces inicio a una época nueva, donde Cristo y María reinarán mística y espiritualmente. Será la Parusía que  revelará del todo el Misterio de María como Hija, Madre y Esposa de Dios.

Fue necesario que durante muchos años la Santísima Virgen viniera apareciéndose en distintos lugares del mundo para preparar a los hombres y a la Iglesia. Su llamado inicial fue a la conversión de vida, a que el hombre dejara el pecado y retomara las enseñanzas del Evangelio de Su Hijo Jesucristo. Ella comenzó enseñándole al mundo un atajo seguro para este propósito y fue la devoción y consagración a Su Corazón Inmaculado. Asimismo, Ella, como Reina de los Profetas, ha venido anunciando un sinnúmero de acontecimientos, algunos que han tenido ya lugar y otros que están por ocurrir, como una advertencia de parte del cielo si los hombres no hacíamos caso a su maternal llamado. Y de hecho, en el Mensaje de la Virgen del Rosario también encontramos este llamado angustioso de la última hora para volver a Dios, a participar de los sacramentos, a rezar el santo rosario, a pedir por los que están alejados de Dios y muy especialmente por los dirigentes de la Iglesia; a que seamos conscientes también de que hay un mundo sobrenatural, real y más palpable que este mundo en que vivimos, etc.

Pero su propósito fundamental que la distingue de otras apariciones es precisamente el plan de Restitución y Plenitud para la consecución del Propósito Séptimo mediante la formación de una Nueva Estirpe, que participe de una Nueva Comunidad y que constituye la consumación de la razón de ser última por la cual el Verbo se hizo Hombre y por la cual su Padre Eterno lo constituyó, en cuanto a hombre, heredero de todo y sometido a Él todas las cosas, o sea, será la culminación completa y total de la Redención de Jesucristo consumada en la muerte, y muerte de cruz.