La confusión y el desorden imperan por doquier. El egoísmo se ha vuelto causa de los conflictos y divisiones que alcanzan prácticamente a toda la humanidad. El deterioro social y moral es generalizado en toda la actual civilización que no solo irrespeta todo orden establecido, sino que se burla de la ley de Dios y solo piensa en atesorar riqueza, poder, placer y satisfacer todo sentido corporal. El corazón de los hombres ya no genera más que odios, envidias, celos, traición y horrores perversos que desencadenarán guerras, muerte, destrucción, caos, aberraciones, enfermedades, epidemias y destrucción.

 

Pero más grave es la ofensa y pecado que de continuo se comete, haciendo que miles de almas se pierdan diariamente en el infierno eterno, donde ya no hay esperanza que valga, pues se habrá perdido para siempre a Nuestro señor Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero. Satanás, príncipe de los demonios y bestias infernales, poseerá para siempre y con derecho exclusivo a todo ser trino condenado en los abismos. Y es tal el sufrimiento, desespero y lamentos de quienes ahí moran que las voces y ruidos infernales traspasan y se escuchan ya en el umbral de los hombres.

Las ofensas a Dios han hecho perder casi por completo la luz y guía del Espíritu Santo que ayudaba a discernir entre el bien y el mal; y vendrán los tiempos – y ya estamos en ellos – en que será casi imposible conocer y seguir el Camino Verdadero que conduce al Padre. Sólo la oración, sacrificio, ayuno, humildad y paciencia arrancarán de lo Alto la luz de la Verdad.

La crisis de fe que ensombrece a la humanidad pasa desapercibida para la mayoría de los hombres. Aún los que se dicen verdaderos discípulos y seguidores de Jesucristo viven de indiferencia, apariencias y falta de fe. Y otros muchos han endurecido su corazón fruto de la soberbia de su entendimiento. El materialismo, la comodidad y toda clase de vicios han anestesiado la conciencia dejándola sin deseo del menor arrepentimiento; que es signo de que el alma está poseída por Satanás.

La Iglesia se desgarra y viola la Unidad santa clamada y pedida por el Hijo al Padre a causa del enfrentamiento entre laicos, religiosos, sacerdotes, obispos y cardenales; de la desobediencia y abierta crítica al Hijo Verdadero y Predilecto de María, el Papa. La Iglesia hace tiempo que ha dejado de ser luz por haber fornicado con las vanidades, poderes del mundo y falsas filosofías. La dimensión del mal llegará a su clímax, la Iglesia se desmoronará y no será más ejemplo ni guía. Su mayor obscuridad está por ocurrir. Por eso es necesaria su pasión, pero 70 veces más terrible en dolor e intensidad que la padecida por su Fundador, pues los pecados de sus hijos la han afeado y desfigurado por completo, incapaz por ahora de poder ser la novia engalanada para desposarse con el Cordero.

Que escuchen todos los hijos de los hombres y todo ser nacido de mujer, el tiempo de las advertencias está por expirar. La mano del Gran Poder está presta a azotar a esta desgraciada generación perversa y toda civilización que puebla la tierra, que se ha atrevido a declarar la guerra contra Dios, arrojando lejos la Cruz, la Ley y el Mandamiento de su Salvador y Cristo. El Señor de lo Alto está indignado y los ángeles del Señor cubren su rostro ante los asesinatos que inundan la tierra, comenzando con el que sega la vida en el seno materno, y los que han sido muertos por la Palabra de Dios y por su testimonio y que claman al Cielo su pronta Justicia.

Por eso, grandes catástrofes ocasionadas por desastres naturales están por caer al mundo. La naturaleza clama venganza por los pecados y desórdenes que inundan al mundo. Fuego, viento, agua y tierra serán tan aterradoramente violentos que se tornarán desconocidos para los hombres de ciencia, que no atinarán a saber qué sucede en la naturaleza. La tierra se convertirá en un lugar peligroso y difícil para la vida.

Y por no haber hecho caso y hacer oídos sordos a las innumerables advertencias del Cielo y no volver el corazón a Dios, las profecías comenzarán a cumplirse:

“Grandes sufrimientos les esperan a los pobladores de la tierra. Aun teniendo dinero y recursos, faltarán agua y alimentos. Llegará el momento que parecerá que estas carencias han sido superadas; pero luego se recrudecerán y morirán miles de seres humanos. Muchos morirán por la carencia y otros morirán en las luchas y las guerras por obtener lo que será más valioso que el oro…

“Surgirán muchas enfermedades, en especial una enfermedad que se esparcirá por el mundo y tomará muchas vidas… El viento soplará de este a oeste, el cielo estará rojizo y las nubes no cubrirán el sol. La cura no resultará y sólo la fe sanará…

“...Algo no previsto ni esperado vendrá de arriba y causará penurias y desasosiego...

“…A causa de los experimentos y trabajos con la clonación de células humanas y trabajos genéticos, la raza humana sufrirá cambios, que irán en deterioro de ésta... 

“…Naciones poderosas entrarán en combate, que traerá muchas desgracias y sufrimiento…serán luchas entre la libertad y la esclavitud, la vida y la muerte, la obscuridad y la luz… Sucederá al amanecer del día de la verdad y sonará la sirena que embriaga. La bandera quedará sin asta y el ruido dejará sordos a los ciegos…

“…Se acercan los momentos de la gran prueba, que dejará destrucción y desasosiego por doquier… "…un día la bóveda del cielo amanecerá toda anaranjada, el frío será intenso y vendrá sobre la humanidad una gran tribulación y desesperación. Será como si el infierno se hubiera posado sobre la tierra. Padres, madres, hijos y todos los seres humanos se pelearán entre sí y querrán matarse; se harán daño hasta la muerte. La piel de algunos hombres se les caerá y chorreará por sus huesos. Otros se convertirán en seres monstruosos, abominables y se comportarán como demonios. Será la culminación del caos y la desesperación, pero no será el fin del mundo, pues eso sólo el Padre lo sabe; morirán justos y pecadores.

“Si llegara el momento en que la humanidad tomara rumbos y comportamientos incurables y que ya los niños, adolescentes y jóvenes hayan demostrado que no aman a Dios, entonces toda profecía será cumplida en un día y al final vendrá por orden del Padre quien ya no aguantará la indiferencia y el camino que ha tomado la humanidad…”

Las advertencias no son para temer sino para darnos cuenta de la Misericordia y gran Amor que tiene Nuestro Señor y nuestra Madre por la humanidad y todos sus hijos. Por eso Él espera y María nos llama a la conversión inmediata y sincera. El camino es orar; Dios quiere ver y oír nuestra oración, nuestra súplica, nuestro arrepentimiento, postrados, arrodillados, pues hemos pecado.

Y recordemos, todos los hombres nacidos de mujer pecan, menos la Purísima, la Inmaculada, la Esposa, la Hija y la Madre de Dios, el Ángel Mayor enviado de estos tiempos.

El sacrificio es mandatorio ahora en estos tiempos, ayune, ayunemos, mortifique los sentidos, viva las virtudes, viva de fe, ame y perdone; ame a quien le hace daño y persigue, pues las más grandes tentaciones están por desplegarse en la tierra. Tendremos que ser luz. Iluminemos el aposento con el cirio de la esperanza de una vida de entrega total, sin apegos al mundo, ni a sus vanidades, ni al dinero, ni a la fama, ni a la gloria terrena que nada vale.

La más grande batalla que los siglos han conocido llega. Pero el hombre formado por la Purísima Virgen y formadora de apóstoles se superará sobrenaturalmente y ganará la batalla, y con el fuego del Espíritu Santo renovarán la faz de la tierra, y reinarán el Rey y la Reina y una nueva generación de hombres y mujeres poblarán la tierra y la Iglesia restituida estará lista para las bodas del Cordero. 

Dios siempre ha dicho a los hombres: ¡No Temas…No tengas miedo! Pues por sobre todas las cosas el Amor vencerá, el Amor que emana del sacrificio que venció en la Cruz.

 

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