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Purificación

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Para poder comprender la acción de Dios en estos tiempos que se han vuelto sumamente difíciles para la vida del hombre en este mundo, así como la profunda indiferencia en la que vive el hombre con respecto a las cosas de Dios, es necesario voltear nuestra mirada a una causa teológica que explica toda esta calamidad humana envuelta en odio, violencia, egoísmo, destrucción, desespero y muerte, y que es lo que ya San Juan Pablo II ubicaba como la presencia del pecado en el mundo...

Pecado

El pecado que comienza con el cometido por nuestros primeros padres llamado pecado original, así como la suma de todos los pecados de toda la humanidad y que llevaron al más desgarrador y afrentoso sufrimiento y muerte de cruz al Hijo unigénito del Padre, es la causa eficiente de todas las desgracias que hoy padece la humanidad. Pero como dice el mismo Evangelio, si a Jesús que era inocente lo trataron como lo trataron, qué será de nosotros que somos los verdaderos culpables. Y así lo dijo Jesucristo:

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos... Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?” (Lc 23,28 y 31).

Purificación Necesaria

Entonces, si esta generación no vuelve profundamente contrita y humillada y pide perdón y clama misericordia con verdadero arrepentimiento ante Su Creador y Salvador, será mayormente purificada y acrisolada, y en la que, como en tiempos del Diluvio, quedará preservado solo un corto número para comenzar un nuevo tiempo en el que verdaderamente se glorifique a Dios en espíritu y en verdad...

Son tiempos dramáticos, no sólo por el gran desconcierto mundial que en todos los órdenes se está viviendo y que arrojan sufrimiento, dolor, pobreza, injusticia, violencia y muerte en todos lados sin excepción; sino principalmente porque las almas se están condenando al infierno eterno sin que haya nadie o muy pocos que recen por ellas.

Indiferencia Eclesial

En efecto, con dolor constatamos que ni la misma Iglesia a través de sus pastores y jerarcas ha sido obediente al mensaje urgente y angustioso de la Madre de Dios. La Iglesia está viviendo una tempestad atroz que la hace tambalearse desde sus mismos cimientos:

creando confusión entre los fieles,

división entre los pastores,

oscuridad y alejamiento de la verdad,

desacralización de la liturgia,

indiferencia ante las verdades eternas,

silenciamiento, represión y persecución del mensaje mariano,

impotencia para discernir los signos de los tiempos,

desamor ante el Santísimo Sacramento,

pusilanimidad y tibieza de fe ante la pandemia,

todo esto convirtiéndola en una mera sociedad humanista sin la más mínima esencia de su divinidad, que se ha ido perdiendo y diluyendo hasta convertirla en presa fácil del demonio, que ya canta su inminente victoria final.

Conversión o Castigo

El hombre debe urgentemente volver a Dios. Lo que está muy cercano a suceder será aterradoramente violento pues las Copas de oro de la Ira divina serán vertidas en todo el mundo por los 7 ángeles ejecutores de la justicia de lo Alto, que al mismo tiempo es y será muestra del Amor y de la Misericordia de Dios, pues la Justicia perfecta del Padre Eterno purificará todo egoísmo, odio, división, concupiscencia y muerte que corroe y carcome desde su raíz el corazón de los hombres.

La perfección, santidad, pecado, penitencia y castigo o purificación responden a una ecuación matemática divina donde K (Plenitud del ser) es igual a S + P. Si se rompe esa correspondencia perfecta, es necesario voluntariamente hacer penitencia (P) y luchar por ser buenos y vivir en santidad (S), de lo contrario Dios se ve precisado a castigarnos K= SP + C. El castigo o purificación es en esta vida y/o en la otra, pero no hay forma ni manera de evitarlo para cualquier hijo nacido de mujer.

El castigo por el agua y el fuego que sacudirá la redondez de la Tierra desde sus mismos cimientos, la Iglesia lo sabía y lo sabe, pero lo ha callado. Dios mismo lo anunció por medio de sus siervos los profetas. Está perfecta y claramente escrito en la Biblia. Jesucristo mismo lo volvió a profetizar y recordar:

Y habrá señales en el Sol, la luna y las estrellas, y en la Tierra habrá consternación de la gente inquieta por el estruendo del mar y de las olas; enloquecerán los hombres de miedo y de inquietud por lo que viene sobre la Tierra… el Sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas de los cielos serán sacudidas” (Lc 21, 25 y 26; Mt 24,29).

 Y Juan en el Apocalipsis lo profetiza de muchas formas:

“…y las estrellas del cielo cayeron a la Tierra, como deja caer sus higos la higuera sacudida por un fuerte viento. Y el cielo fue cediendo como un rollo que se envuelve, y todas las montañas e islas fueron removidas de sus lugares” (6,13-14).

Y Pedro no deja ganarse en claridad:

Es que voluntariamente quieren ignorar que en otro tiempo hubo cielo y hubo Tierra, salida del agua y en el agua asentada por la palabra de Dios; por lo cual el mundo entonces pereció anegado en el agua, mientras los cielos y la Tierra actuales están reservados por la misma palabra para el fuego, en el día del Juicio y la perdición de los impíos” (II, 3; 5-7).

Y el Cielo en las revelaciones privadas a través de la Santísima Virgen ha sido la mar de explícito:

Al primer golpe del rayo de Su espada las montañas y la Tierra entera temblarán de pavor, puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos…los astros perderán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza; el agua y el fuego darán al orbe de la Tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc. … Caerá fuego del cielo… y todo el universo será sacudido de terror” (Nuestra Señora de La Salette, Francia, 1846, con Imprimatur del obispo de Lecce en 1922).

El Carmelo de Coimbra publicó en 2013 un documento estremecedor, que ha pasado casi inadvertido hasta los días de hoy por su escasa difusión, titulado en castellano “Un Camino bajo la Mirada de María”. Lucía, en ese documento desconocido, redactado, como ella misma lo dice, “hacia las 4 de la tarde del día 3 de enero del 44”, expresa lo siguiente, según la visión que tuvo aquel día:

Sentí el espíritu inundado por un misterio de luz que es Dios, y en él vi y oí: la punta de la lanza como llama que se desprende toca el eje de la Tierra. Ella se estremece: montañas, ciudades, villas y aldeas con sus habitantes son sepultadas. El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordándose, inundando y arrastrando en un remolino casas y gente en un número que no se puede contar. Es la purificación del mundo por el pecado en el cual está inmerso. ¡El odio y la ambición provocan la guerra destructora!”

Guerra y Naturaleza herida y destructora

Todo se derrumbará ante la cólera e irresistible fuerza de los 4 elementos de la naturaleza permitidos por la sabia y poderosa mano de la Justicia divina.

Pero antes, el odio y división entre los hombres, entre los pueblos y gobiernos, azuzados por Satanás, harán estallar súbitamente una guerra indescriptible entre naciones poderosas, guerra cruel, inhumana, sangrienta, que quedará eclipsada y empalidecida con aquella otra que hará sufrir la Naturaleza a todo hombre, fuertemente violenta y encolerizada. Innumerables terremotos desconocidos hasta ahora por su fuerza e intensidad sacudirán ciudades y regiones que las harán desaparecer de un momento a otro, y enloquecidos maremotos completarán la furia sísmica.

La lava inflamada y embravecida de multitud de volcanes trepidantes de violencia ígnea irán sembrando terror, desasosiego y muerte en indistintas comarcas de la superficie terrestre.

El viento no será menor a catastróficos tifones, tornados y huracanes en zonas costeras y riberas con fuerza demoledora y destructora que harán que aviones y todo barco sean imposibles de volar los cielos y surcar los mares.

El agua subirá rugiente. Ríos desbordados a causa de tormentas pavorosas alcanzarán alturas insospechadas que producirán inundaciones que recordarán el Diluvio profetizado. Como imposibilidad climática, simultáneamente sequías abrazadoras se enseñorearán en vastos territorios y extensiones.

El Sol tendrá un comportamiento errático, inestable, que afectará a lunas y planetas de nuestro sistema que hará que desconocidas materias del espacio sideral lleguen a la tierra desde el cielo que causarán penuria, contaminación y afectarán la capa de ozono produciendo llagas, tos y enfermedades desconocidas sin cura. El cielo estará rojizo por el yodo que saldrá de la Tierra y del mar, y las nubes no cubrirán el Sol. Los climas serán inestables, inclementes y ruinosos, el frío, el calor, las nevadas y granizadas llenarán de estupor y enloquecerán a los hombres en la Tierra.

Prueba final

Y vendrá el momento de la gran prueba final… y “un día la bóveda del cielo amanecerá toda anaranjada, el frío será intenso y vendrá sobre la humanidad una gran tribulación y desesperación. Será como si el infierno se hubiera posado sobre la tierra. Padres, madres, hijos y todos los seres humanos se pelearán entre sí y querrán matarse; se harán daño hasta la muerte. La piel de algunos hombres se les caerá y chorreará por sus huesos. Otros se convertirán en seres monstruosos, abominables y se comportarán como demonios. Será la culminación del caos y la desesperación, pero no será el fin del mundo…” En este evento, originado más allá de la Tierra, estará envuelta la conmoción del cosmos y el trastocamiento del eje de la Tierra… Y millones y millones de hombres morirán hora tras hora, justos y pecadores, reyes y súbditos, ricos y pobres, y mucho de lo que ahora es agua será tierra y mucho de lo que ahora es tierra será agua, pues inmensas olas gigantescas las sepultarán bajo los mares y ríos. Y movimientos convulsos del globo terráqueo harán que el fuego purifique todas las obras del orgullo de los hombres, haciéndose realidad la profecía de la Santísima Virgen en Fátima y en otros lugares de aparición, pero desoído por los hombres y callado y reprimido por jerarcas de la Iglesia.

El mundo será purificado. Es una afirmación bíblica y matemática. Que sea mayor o menor en duración e intensidad dependerá de la respuesta humana. Pero el tiempo anunciado por los profetas actuales se acaba. Ojalá tengamos oídos sobrenaturales para entenderlo.  

El año 2020 abrió el umbral de estas grandes pruebas y acontecimientos que están literalmente a las puertas. Lo dice Nuestro Señor:

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será el principio de los dolores” (Mt 24,7-8 Cfr. Mc 13,3 y ss y Lc. 21,7 y ss).

La Iglesia, como la Esposa de Cristo que es, debe saber y aprender a discernir los signos de los tiempos, y colegir que esta suma de eventos por la que estamos transitando con la pandemia no es aleatoria ni mero efecto de la naturaleza, ni simple acción humana intencional o accidental, sino que por encima de esto la mano de Dios está presente, y está dando una nueva oportunidad de conversión y llamando una vez más a la oración, sacrificio, ayuno y penitencia.

Cielos y Tierra nueva donde more la justicia vendrán después. El mundo gozará de un tiempo de paz y se hará realidad el triunfo del Corazón Inmaculado, que continuará una etapa de proceso de transformación en el ser y restitución de lo creado. Aún faltará la última prueba, antes de la venida de Cristo descendiendo del Cielo, pero eso será para otra generación.

María y sus apóstoles preparan y seguirán preparando bajo su guía el reino de su Hijo en la tierra.    

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente publicado, www.apocalipsismariano.com

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