Este miércoles 10 de diciembre del año jubilar del 2025 se cumplen, día por día, 100 años del pedido que hiciera la Santísima Virgen a la hermana Lucia, según lo anticipado en Fátima en 1917, sobre la esencia de la Devoción a Su Corazón Inmaculado de los primeros sábados del mes. Practicarla era y es la premisa para el triunfo de su Corazón Inmaculado, la salvación de cada uno y la paz en el mundo.
Una devoción que Dios mismo quiso establecer a través de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima. Era el 13 de julio de 1917 cuando la Santísima Virgen, además de anunciar la petición de consagrar Rusia a su Inmaculado Corazón, comunicó por primera vez a los pastorcitos (Lucía dos Santos, Francisco y Jacinta Marto) la necesidad de difundir en el mundo la Comunión reparadora los primeros sábados, como medio para dos fines fundamentales, uno en el tiempo y otro en la eternidad: la paz en la tierra y la salvación de muchas almas.
Temprano la noche del jueves 10 de diciembre en Pontevedra, después de cenar, la joven postulanta Lucía, quien tenía apenas 18 años, regresó a su celda. Allí ella recibió la visita de Nuestra Señora y del Niño Jesús. Escuchemos su narración: (escrita en tercera persona).
“El 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen se le apareció a ella, y a su lado, elevado por una nube luminosa, estaba el Niño Jesús. La Santísima Virgen puso su mano en el hombro de Lucía, y mientras lo hacía, le mostró un corazón rodeado de espinas que Ella tenía en la otra mano. Al mismo tiempo, el Niño le dijo:
‘Ten pena del Corazón de tu Santísima Madre que está rodeado con las espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan sin que haya nadie que haga un acto de reparación para quitárselas’.
Luego la Santísima Virgen le dijo:
‘Mira, hija Mía, mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos en cada momento me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú al menos, haz por consolarme y di que a todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario y me acompañen 15 minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación’.
Lo más importante de Pontevedra es, por supuesto, la incomparable promesa de Nuestra Señora: “A todos aquéllos que el primer sábado de cinco meses consecutivos...” cumplan todas las condiciones pedidas, “Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”. Es un seguro, no de gastos médicos, ni de vida, sino un seguro para alcanzar la Vida Eterna con Dios, para siempre.
La desproporción entre “la pequeña devoción” pedida y la inmensa gracia que trae, nos revela, en primer lugar y especialmente, el poder casi infinito de intercesión otorgado a la Santísima Virgen María para la salvación de todas las almas.
Cien años transcurridos de ese pedido, dejemos en claro algo: si las peticiones de María —tanto para los primeros sábados como para la consagración de Rusia pedida en junio de 1929— hubieran sido atendidas en la manera y en el momento oportunos, Rusia se habría convertido, no habría esparcido sus errores por el mundo (con el comunismo) ni las persecuciones contra la Iglesia, y no habría estallado la Segunda Guerra Mundial. Todos ellos son acontecimientos que ya habían sido prefigurados en el mensaje del 13 de julio de 1917 (el secreto en tres partes) y cuya realización o no dependía precisamente de cómo los hombres hicieran uso de su libertad y de cuánto confiaran o no en lo que pedía la Virgen. Ella había ofrecido de antemano el remedio a la humanidad y, en particular, a la Iglesia. Pero no fue escuchada, salvo en una mínima parte y muy tarde.
A pesar de las circunstancias actuales, ese remedio sigue siendo actual, porque todos nosotros necesitamos convertirnos y el mundo sigue sin vivir en paz.
Los primeros sábados son el corazón de una misión profética, son un arma que nos ofrece el Cielo con la que cada bautizado puede contribuir a salvarse a sí mismo y al mundo. Conviene recordar que Lucía, el 15 de febrero de 1926, tuvo otra aparición del Niño Jesús en la que, dada la dificultad de algunos para confesarse el mismo sábado de la piadosa práctica, pidió al Señor que la confesión de ocho días fuera ser válida. Jesús le respondió: "Sí, pueden ser incluso más, siempre que, cuando Me reciban, sean en gracia y tengan la intención de reparar el Corazón Inmaculado de María".
En otra ocasión (la noche entre el 29 y el 30 de mayo de 1930), impulsada por su confesor, sor Lucía preguntó a Jesús por qué la devoción consistía en cinco sábados. El Señor le respondió que "se trata de reparar las cinco ofensas al Inmaculado Corazón de María", a saber:
- las blasfemias contra su Inmaculada Concepción;
- contra su Virginidad Perpetua;
- contra su Maternidad Divina y el rechazo a reconocerla como Madre de los hombres;
- las obras de aquellos que infunden públicamente en el corazón de los pequeños la indiferencia, el desprecio e incluso el odio contra esta Madre Inmaculada;
- las obras de aquellos que la ofenden directamente en sus imágenes sagradas.
Recapitulamos las condiciones generales:
1) Confesarse el primer sábado del mes o dentro de los ocho días (o más) anteriores o posteriores, siempre que se reciba la Eucaristía en estado de gracia;
2) comulgar cada primer sábado, durante cinco meses consecutivos;
3) rezar el Santo Rosario;
4) después de la oración, hacer compañía a la Santísima Virgen durante otro cuarto de hora, meditando sobre uno o varios misterios del Rosario (la hermana Lucía solía meditar uno cada vez).
Cada una de estas cuatro condiciones debe cumplirse con la intención de reparar el Corazón Inmaculado de María. Para los 15 minutos de meditación, uno puede ayudarse leyendo un pasaje de la Sagrada Escritura relacionado con el misterio en el que se quiere detener, o también reflexiones de santos y otros escritos espirituales de recta doctrina.
La salvación de las almas, de todas las almas, “especialmente de aquéllas que más lo necesitan”, arrebatándolos a todos del fuego del infierno que los amenaza, es pues, en el análisis final, la intención principal de la práctica de los primeros sábados del mes.
La Santísima Virgen María ha sido designada Mediadora universal y Madre de la gracia divina. No obstante, por un designio de la Providencia, que nos manda estar unidos a Ella, Nuestra Señora no puede actuar sola. Ella nos necesita, nuestro amor consolador y nuestras “pequeñas devociones” de reparación son necesarias para salvar a las almas del infierno. Porque a través de esta devoción, muchas almas en peligro inminente de perderse para siempre pueden obtener, al último momento y como si fuera a pesar de ellas mismas, la gracia de su conversión.
Para consolar al Corazón Inmaculado de María traspasado con espinas, para hacer reparación por los ultrajes que su Corazón recibe de los pecadores por medio de oración y sacrificio, es al final el requisito más preciso de esta primera parte del secreto que Nuestra Señora vino a recordarnos y clarificarnos en Pontevedra en 1925: “Tú al menos, haz por consolarme”. Ahora el sacrificio más perfecto, la oración más eficaz, es, por supuesto, el santo sacrificio de la Misa y la sagrada comunión ofrecidas a Dios con el espíritu de reparación.
Conclusión:
Al igual que por la desobediencia de los Reyes de Francia al pedido del Cielo en el siglo XVII para consagrar Francia al Sagrado Corazón de Jesús trajo, entre otras consecuencias, la caída de la Monarquía Católica y la explosión de la Revolución Francesa con todos sus efectos violentamente anti-católicos; la desobediencia al pedido de la Santísima Virgen de la devoción a Su Corazón Inmaculado con la práctica de los cinco sábados ha traído consecuencias dramáticas: la condenación de millones de almas al infierno eterno y la realidad de un mundo sin Dios, sin paz y envuelto en una vorágine de confusión en todos los niveles de la vida que, lastimosamente, atraerán el rigor de la Justicia Divina. Muchos habrán de comparecer y dar cuenta de tan gravísima omisión ante el Juicio de Dios.
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