Es un hecho innegable que en los últimos dos siglos las apariciones de la Virgen han impactado y condicionado la vida de la Iglesia. Y esto se ha hecho patente al constatar cómo en los últimos 70 años se han venido cumpliendo las profecías marianas no sólo para el mundo sino particularmente para la Iglesia.

 

Cuando en 1986 este servidor escribió el libro de Advertencias Marianas a la Humanidad, el tema, salvo algunos análisis de ciertos teólogos, prácticamente era desconocido. Las reflexiones sobre los últimos tiempos que analizaba en el libro resultaban ser del todo novedosas y probablemente por lo mismo muy impactantes por su contenido. Sin embargo, la oposición de parte de la jerarquía de la Iglesia en tratándose de revelaciones privadas hizo sumamente difícil poder difundir el mensaje mariano, pues la excusa era que ya todo está revelado en la Escritura; que no estamos obligados a creer en revelaciones privadas, y mucho menos si las mismas resultan fuertes o hablaban del Fin de los Tiempos, pues se justificaba diciendo que Dios no castiga a nadie, y que nadie sabe el día ni la hora, por lo que no había que perder el tiempo. Y asunto cerrado.

 

Pero la realidad es otra. Las apariciones, revelaciones y sueños son una constante a lo largo y a lo ancho de la Sagrada Escritura. Corroboramos que en el Antiguo Testamento el Señor se revela de muchas formas y envía a sus ángeles. En los evangelios se narran frecuentes apariciones de ángeles, como lo fue en la infancia de Jesús, en su vida pública; después de las tentaciones, en Gethsemaní, en el sepulcro después de la resurrección. También se narran en los hechos de los apóstoles reiteradas visiones y apariciones. 

Con ocasión de este 33° aniversario de que se publicó el libro de Advertencias Marianas a la Humanidad, el que esto escribe, por inspiración del Cielo, decidió retomar la difusión de las advertencias marianas mediante el nuevo libro intitulado MARÍA SANTÍSIMA A LA LUZ DEL FINAL DE LOS TIEMPOS, ya que vivimos momentos y tiempos extremadamente confusos y muy difíciles para hacer el bien. Y en mi actualizado estudio para poner al día los mensajes de la Virgen, quedé sorprendido de cómo ha sido una constante en la historia bimilenaria de la Iglesia las apariciones marianas. Incluso, durante la época de los Padres de la Iglesia existen narraciones de apariciones de la Virgen y que tuvieron amplia repercusión en la devoción mariana y en la vida espiritual de la Edad Media. 

Existen testimonios de apariciones de la Virgen, como, por ejemplo, a San Bernardo, al cartujo Enrique Egher; San Pedro Nolasco, San Raymundo de Peñafort, a San Francisco de Asís, a San Simón Stock fundador de los Carmelitas; a Santo Domingo de Guzmán; a los 7 fundadores de los Servitas o Siervos de María; a Santa Brígida; Santa Gertrudis; Santa Catalina de Siena, entre otros muchos. 

Las apariciones marianas bien documentadas son más de mil (1000). Solamente en el siglo XX son cerca de cuatrocientas (400). Hablando más en concreto, diremos que, hasta el año 1400, las apariciones documentadas son relativamente pocas: ciento sesenta y ocho (168) aproximadamente. Esto se debe, no a que no hayan existido en mayor cantidad, como en los siglos posteriores, sino a la falta de documentos que las acrediten. 

 Desde 1400 a 1600 hay 209 apariciones bien documentadas en veintiséis países, especialmente en Europa. Entre 1600 y 1800 hay 131 apariciones en veinticuatro países. Entre 1800 y 1900 las apariciones bien conocidas son 118 en diecinueve países. Pero el boom mariano decididamente se da en los siglos XIX y XX.

Sólo en el siglo XX hay información de 395 y, seguramente, hay muchas más. Lo cual significa que, aun considerando que algunas puedan no ser verdaderas, de hecho, María se ha aparecido más de mil veces en la historia de la Iglesia.

Ahora bien, de 300 supuestas apariciones ocurridas en el siglo XX hasta el año 1975, 255 no han sido aceptadas. Y la autoridad eclesiástica solo ha reconocido las de Quito (1906), Fátima (1917), Pontevedra (1925), Tuy (1929), Beauraing, Bélgica (1932-33), Banneaux, también en Bélgica (1933), Siracusa (1953), Zeitun, Egipto (1968, por parte de la Iglesia Copta Ortodoxa), Akita en Japón (1976-81), Betania en Venezuela (1976-84), Damasco en Siria (1977 y 1982), Kibeho en Ruanda (1981-89), San Nicolas de los Arroyo en Argentina (1983-87). Y como dato reciente en 2008, el obispo de la Diócesis de Gap, Francia, reconoció oficialmente el carácter sobrenatural de las apariciones de la Virgen en Laus, ocurridas en el siglo XVII. Y más recientemente, en 2010 el obispo de Green Bay aprobó las apariciones de Nuestra Señora en Wisconsin ocurridas en 1859. Eso es todo. No hay más. 

¿Para qué y por qué suceden las apariciones de la Virgen?  Los motivos han sido diversos según las circunstancias. Muchas veces, se ha aparecido para sostener a los cristianos durante las persecuciones y a los mártires para darles fortaleza ante el martirio. También se ha aparecido para defender a los fieles contra las herejías, incluso para defenderlos en las batallas. A veces, lo ha hecho para asegurarlos en la fe católica.                                        

En Lourdes, por ejemplo, ha querido confirmar el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado cuatro años antes por el Papa. 

En estos últimos tiempos, sus apariciones son más frecuentes, porque la humanidad, según dice Ella, está al borde de un cataclismo y urge un cambio de vida; ya que, de otro modo, vendrán graves desgracias para todo el mundo. Y Ella como Madre, nos avisa y nos pide conversión, oración y penitencia.  

En muchas apariciones, aparece con su rosario en la mano para animarnos a rezarlo todos los días y, si es posible, el rosario completo (las cuartas partes) e incluso meditado. Afirma, frecuentemente, que el rosario es, después de la misa, la mejor arma contra Satanás y que el ideal es rezarlo en familia. 

Pide la lectura de la Biblia, la confesión frecuente, la misa diaria, en cuanto sea posible, y el ayuno, a pan y agua, un día a la semana, o los viernes. Insiste en dar más importancia en nuestra vida a Jesús Eucaristía. Habla de la práctica de los cinco primeros sábados de mes para reparar los pecados contra su Inmaculado Corazón. Y pide insistentemente la consagración a su Inmaculado Corazón para estar protegidos contra el maligno. Afirma que el triunfo de Jesús vendrá a través del triunfo de su Inmaculado Corazón.

Ella da mucha importancia a los santuarios como lugares de culto. Por eso, en casi todas las apariciones, desea que se levante una capilla, desde donde pueda derramar en abundancia las bendiciones de Dios. Con frecuencia, estas bendiciones se pueden palpar a través de los perfumes intensos que deja o por medio de fenómenos extraordinarios en el sol, luces o relámpagos que todos pueden ver.

En diferentes lugares ha pedido que recen mucho por los sacerdotes, pues algunos de ellos van alejados de la verdadera fe católica y contaminan con sus ideas personales a los fieles. Nos pide a todos mucha pureza de cuerpo, alma y corazón para luchar contra la impureza que nos rodea. Que se eviten espectáculos televisivos que manchen nuestra alma. También ha dicho que sufre mucho por el gran pecado de los abortos, y por la lejanía de los jóvenes de Dios (drogas, violencia, vicios...). Le preocupa mucho la unidad y fidelidad de las familias en estos tiempos de tantos divorcios. 

Para luchar contra el mal y contra el maligno, además del rosario, nos recomienda el uso del agua bendita y de objetos benditos. Nos ha dado el escapulario del Carmen y la medalla milagrosa. Y nos ha pedido con lágrimas en los ojos que oremos por la salvación de los pecadores. En varios lugares, ha hablado mucho de la obediencia al Papa. También ha hablado de orar por la conversión de Rusia. En Fátima pidió que el Papa, en unión con todos los obispos del mundo, le consagrara Rusia a su Inmaculado Corazón, para que se convierta.

En otras apariciones, habla de que el comunismo será el azote que Dios usará para castigar al mundo por sus pecados, si los hombres no se arrepienten. Pero debemos entender que, todo lo que podría suceder, sería permitido por la misericordia de Dios, para purificar a la humanidad.  En algunos lugares se dice que la humanidad actual es peor que la del tiempo del diluvio. En algunas apariciones se habla de tres días de oscuridad y de convulsiones físicas de la tierra, algo que ha sido profetizado por varios santos a lo largo de los siglos. 

En el caso muy probable de que hubiera un castigo a la humanidad, primero habrá un aviso y, después, un gran milagro para dar a todos la oportunidad de convertirse. Sin embargo, en el peor de los casos, no será el fin del mundo, sino “el fin de los tiempos”, donde tendrá lugar la aparición del último y personal anticristo y la gran tribulación, que, en palabras de Jesucristo, no ha habido alguna igual en el pasado ni la habrá, y “si aquellos días no se acortaran nadie se salvaría” (Mc 13,19). Después del castigo, vendrá una resurrección gloriosa de la Iglesia y amanecerá un nuevo mundo de paz y amor. La Iglesia habrá sido renovada y Jesús triunfará en el mundo por medio del Corazón Inmaculado de María.

Y en virtud de que el mensaje, el llamado a la conversión y las advertencias marianas han sido desoídos total y absolutamente, salvo mínimas excepciones, por los pastores de la Iglesia, razón por la cual vivimos tiempos dramáticos, convulsos en lo social y en lo político, y profundamente confusos y muy difíciles en lo espiritual, moral y eclesial, es por lo que hemos querido en el libro MARÍA SANTÍSIMA A LA LUZ DEL FINAL DE LOS TIEMPOS- en los 33 años de Advertencias Marianas a la Humanidad, que se cumplen las profecías - enfatizar y realzar cómo María Santísima se yergue como el Signo Magno, el más importante y trascendental de nuestros tiempos, al desarrollar y cumplir a la perfección su cuádruple función:

1.- Como Madre de los hombres, recordándonos el camino del amor, sacrificio y salvación eterna, 

2.- Como Profeta y Ángel Mayor enviado de estos tiempos, 

3.-Como Formadora de los Apóstoles de los Tiempos, una Nueva Estirpe, hombres y mujeres restituidos, transformados; y,

4.- Como Precursora del triunfo del Reino de Cristo en la Tierra.

El camino del Amor que llevó a Jesús a la Cruz y que nosotros debemos imitar; los terribles y dolorosos sufrimientos de purificación que le esperan a la humanidad; el gran castigo al mundo como consecuencia de los pecados de toda una generación que se ha sublevado contra Dios y contra su Cristo; la fuerte, desgarradora y escandalosa prueba que está por sufrir la Iglesia con su persecución, derrota espiritual y muerte aparente, son parte de los violentos y angustiosos eventos que están por acontecer antes de la Parusía y triunfo del Señor y del Inmaculado Corazón de María, descritos en este libro intitulado MARÍA SANTÍSIMA  A LA LUZ DEL FINAL DE LOS TIEMPOS, con la claridad y urgencia que estos tiempos reclaman. 

Es necesario un corazón sencillo y una adecuada infancia espiritual para poder leer el libro sin rechazos y cuestionamientos sobre el contenido de ciertas revelaciones. Es probable que algunos lectores consideren que tal o cual aparición no son admisibles, que no son de Dios o simplemente que la Iglesia las ha rechazado. Sin embargo, no todo en la vida espiritual es blanco o negro, también hay tonos grises y por ello se invita al discernimiento y, como dice San Pablo, “quedarse con lo bueno”. Lamentablemente vivimos los tiempos en que manifestaciones donde Dios está presente son reprimidas y rechazadas por pastores y Jerarcas de la Iglesia.  

Advertimos al lector que el contenido del libro es fuerte, y sí, así es; pero los tiempos se han vuelto también muy fuertes. Vivimos momentos de desasosiego, confusión, vacío espiritual, extrema dificultad para ser buenos. Somos testigos del ataque que sufre el Papa, tanto de progresistas que ven sus cambios muy lentos, como de conservadores que lo tachan de hereje. Y al mismo tiempo, constatamos una humanidad envuelta en una profunda indiferencia a las cosas de Dios y que el destino de su alma eterna le importa muy poco o nada. 

Por eso, encomendamos al Espíritu Santo para que interceda y nos haga entender los tiempos dulce-amargos que vivimos y que nos ayude a prepararnos y a fortalecernos en cuerpo, alma y entendimiento para afrontar convenientemente los muy cercanos tiempos más difíciles para el mundo y para la Iglesia de los que se tengan memoria.

Pero estos tiempos serán recordados en el futuro no por su incredulidad y pecado, sino por ser los que precedieron al tiempo más maravilloso que los siglos hayan conocido: el Reino de Cristo en la Tierra.  

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